miércoles, 15 de julio de 2026

LLEGADA DE LA VID AL PERÚ

 

LLEGADA DE LA VID AL PERÚ



Sin asomo de duda, el padre Bernabé Cobo afirmaba: “La planta más provechosa y necesaria que los españoles han traído y plantado en este Nuevo Mundo es la vid”;¹ y a renglón seguido referirá del Perú: “donde primero se plantaron parras en él y se dieron uvas fue en esta ciudad de Lima, a la cual el primero que trajo y plantó la vid fue uno de sus primeros pobladores, llamado Hernando de Montenegro; y el primer año que cogió abundancia de uvas para vender fue el de 1551, y se las puso al licenciado Rodrigo Niño, que a la sazón era fiel ejecutor, a medio peso de oro la libra, que montaba entonces doscientos y veinticinco maravedices. El cual precio pareció tan bajo al dicho Montenegro para la estimación que se tenía en aquel tiempo de fruta tan nueva y regalada, que, como de agravio manifiesto que se le hacía, apeló a la Real Audiencia”.²

Esta referencia del padre Cobo contrasta con la que hace Garcilaso de la Vega, quien afirma que la vid llegó al Perú traída por el toledano Francisco de Caravantes, “antiguo conquistador de los primeros del Perú”. Las cepas, según refiere, fueron de uva prieta, recogidas en las Islas Canarias. Por otra parte informa que el primer vino producido en el Perú fue elaborado en el Cusco, en el año de 1560, en la hacienda Marcahuasi, propiedad de Pedro López de Cazalla. La uva fue pisada en artesa, a falta de lagar. Al decir de Garcilaso, Cazalla fue movido a elaborar el primer vino, más por “la honra y fama de haber sido el primero que en el Cuzco hubiese hecho vino de sus viñas” que por “la codicia de los dineros de la joya” (dos barras de plata de trescientos ducados cada una), “que los Reyes Católicos y el Emperador Carlos Quinto habían mandado se diese de su real hacienda al primero que en cualquier pueblo de españoles sacase fruto nuevo de España, como trigo, cebada, vino y aceite en cierta cantidad”.³ Antes de Cazalla se elaboraba un vino “no del todo tinto”, según el decir de Garcilaso, de muy baja calidad y al que se dio el nombre de aloque o aloquillo.

Tal traslado de la viticultura a tierras del Nuevo Mundo, tuvo sus razones. Fue expresión, por un lado, del alto aprecio de los españoles por la vid y sus productos, y, por otro, de la necesidad de vinos ligada a la liturgia católica. O, también, según refiere Garcilaso, “porque las ansias que los españoles tuvieron por ver cosas de su tierra en las Indias han sido tan boscosas y eficaces, que ningún trabajo se les ha hecho grande para dejar de intentar el efecto de su deseo”. Así, durante las etapas iniciales de su expansión por tierras del nuevo continente, España estimuló la siembra de la vid en sus colonias, tal como lo indica una ordenanza del año 1522, promulgada por la Casa de Contratación de Sevilla, y en la cual se manda “que todos los barcos que salgan hacia el Nuevo Mundo, deberán llevar cepas”.

La vid como que germinó en tierra propicia, y fue tan exitosa su suerte que muy pronto su cultivo se extendió por casi toda la superficie del virreinato del Perú. Especialmente en Ica y Moquegua, donde se la cultivó en gran escala, convirtiéndose tales zonas en los más importantes centros de producción vitivinícola del país.

En la Crónica del Perú,⁴ publicada en 1553 y que puede ser considerada como la más antigua fuente que informa acerca de la producción de vid en el país, su autor, el soldado Pedro de Cieza de León refiere que vio viñas en San Miguel de Piura, Pacasmayo, Santa, Chincha y León de Huánuco; las parras, según dice, se aclimataron tan bien que por todo lugar propicio se las encontraba y que por todo poblado donde hubiera españoles existían cultivos de vid.

Según testimonios de época, a mediados del siglo XVII la viticultura no sólo estaba muy difundida, sino que ya se cosechaba gran variedad de uvas: mollar, albilla, moscatel, blanca, negra y, como informa Cobo, “otras dos o tres diferencias de ellas”.

Cobo da cuenta también del éxito y extensión de la vid en el Nuevo Mundo: “Ha cundido ya esta planta por todas las Indias, y principalmente por este reino [del Perú], de manera que en muchas partes hay grandes pagos de viñas, y algunas tan cuantiosas que dan de quince a veinte mil arrobas de mosto; y de sólo el vino que se cosecha (vendimia) en el corregimiento de Ica.

Notas / Referencias bibliográficas

1. Bernabé Cobo. Historia del Nuevo Mundo [1653]. Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1964, tomo I, p. 391. Libro X, cap. XIII. “De la vid”.

2. Bernabé Cobo. Op. cit., pp. 391-392.

3. Garcilaso de la Vega. Comentarios reales [1617]. Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1976, tomo 2. Libro 9, Cap. XXV, pp. 255-258.

4. Pedro de Cieza de León. Crónica del Perú [1551]; Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1853. Cap. LXXI.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Entrada destacada

LUGARES PROPICIOS A LA VID

  LUGARES PROPICIOS A LA VID La Costa1, que se inicia en el litoral, a orillas del mar Pacífico, está conformada por la faja que termina en ...