domingo, 25 de octubre de 2026

LA NIÑA DE LOS OJOS MÁS PODEROSOS DEL MUNDO

 

LA NIÑA DE LOS OJOS MÁS PODEROSOS DEL MUNDO

Por José Vásquez Peña




 

Ya lo había dicho Marcial Ramos.

-          La niña Romelia de sólo mirar revienta las cosas.

Esa tarde lo volvió a repetir, y además agregó:

-         Las plantas que soportan su mirada, se van secando lentamente  hasta volverse amarillas y morir.

Por increíbles, al principio, la gente de Huamanguilla no admitía los sucesos. Hasta el párroco de la Capilla de San Antonio, Anastasio Martínez, santiguándose, con bruscos ademanes, acunó la duda, esa vez que MaitoTubillas le preguntó:

-         Señor cura, ¿por qué será? La niña Romelia, está mañana ha mirao  mis piernas y mis pies, diciendo, qué bonitos zapatos de charol, qué bonito pantalón de chasqui, y ahora me siento chivato maniatao. No puedo caminar.

-         Ave maría purísima- contestó el sacerdote.

Y dale con la mano, desesperada, haciendo la cruz sobre el viento fresco que venía de la quebrada, apenas perceptible. Allá lejos, pasando la Achirana.

-         Son ocurrencias tuyas –continuó- llévate mi bendición y anda con Dios.

Y se alejó por el camino a Orongo, donde tenía que asistir a Bonifacio Anicama que estaba atragantado, otra vez, con un hueso de mango seco y pedía con desesperados gestos los santos oleos, pues de tanto ocurrirle lo mismo, aburrido, decidió dejarse el hueso en la garganta y morir de una vez.

MaitoTubillas pensó que la bendición iba a surtir efecto. Pero no fue así, siguió caminando como si llevara un quintal de algodón sobre los hombros, con las piernas abiertas, rengo, rengo, arrastrando sus zapatos de charol relumbrando sobre el terroso camino, igual que luciérnagas a pleno sol.

Y así camino durante varios días, hasta que un miércoles encontró con el gringo Navea, que al verle caminar de ese modo raro, desde su camioncito Ford, sin bajarse, porque si no después tenía que darle manizuela, le recomendó:

-         Cholo, te han ojeado. Anda donde Juan Cuco para que te  rece.

Queriendo y no queriendo, Maito, llegó a la casa del curandero y adivino del caserío. Excelente rezador, también dicen que era.

Y salió sano, de la casa rojovivo, como atleta preparado para competir en carrera de resistencia. Juan Cuco, entre bostezos y lágrimas, le había dicho:

-         La niña Romelia, cuando mira con atención y concentra  su mirada en alguna parte del cuerpo, o en cierta cosa, lo trastorna todo. Otros, han venido con fuerte dolor de cabeza y hasta cuy he tenido que pasarles para que se les quite el ojo.

Fue entonces que Maito recordó una conversación casual de su padre con su madrina:

-         Cuentan que cuando Romelia Flores, allá en Ica, abrió los ojos por primera vez, después de nueve meses de oscuridad, estallaron los focos de la sala de partos, y los pedacitos se fueron volando por toda la ciudad. La gente los veía circular sin explicarse que había sucedido. Los pedacitos de las bombas de luz llegaron desde el antiguo Hospital hasta el confín sur, a tres cuadras de la Iglesia del Luren, y se alojaron en una zona baldía, entre puquiales. Recuerdo que la partera Huapaya, que le ha jalao las patas a muchos iqueños para que lleguen a este mundo, me refirió que ese día tuvo que terminar de atender el parto, encendiendo cahirulos, para decirle finalmente a Doña Natalia, que aún sentía espinas en el vientre: ha sido una robusta niña, blanca, con ojos traviesos que no le paran de bailar. Ella misma, la Huapaya, me lo dijo.

De esto ya hace algunos años.

Y en otra ocasión, Maito, oyó decir que la niña Romelia había sido castigada en el colegio, por traviesa. Una Mañana fue llevada a la Dirección y arrodillada en garbanzo seco. Como si nada de lo que ocurría a su alrededor le concerniese, ella miraba, muy seria, el cuarto y los enseres que allí habían. Detrás de la aparente seriedad se ocultaba, retozona, una sonrisa. Vaciló un instante y depositó su mirada en un hermoso florero de porcelana china, de varios colores, con rosas y otros adornos; estaba sobre el escritorio. La Directora, Margarita Santana, diligente, revisaba papeles. La niña Romelia siguió  mirando y el florero  ¡Bandangán!  que vuela en mil pedazos, inundando lo que allí había amontonado, desde el acta de fundación del colegio hasta la partida de nacimiento del último niño matriculado. Romelia ven rápido. Ayúdame a secar, le dijo la Directora, amable, asustada, desesperada. Pero ya los papeles eran un amasijo completo. Y Romelia que ya iba conociendo que sus ojos lo podían todo, se dijo: ¡Uf, la reventé! Y con el alboroto y los gritos. Llamando a todos los profesores para que ayuden, terminó el castigo.

De ahí para acá, los hechos se sucedieron.

Y  la fama de la niña Romelia iba creciendo. En Huamanguilla. Todos los pequeños y la gente mayor que supusieron serían afectados; así como las cosas que pudieron ser objeto de la curiosidad de Romelia, lucían un enorme listón rojo. Para que no me ojeen, decían.

Naturalmente, había gente que no creía en el poder de la niña Romelia, Como Raymundo de la Sota, hacendado, ricachón, incrédulo, que cierta mañana despertó a todo Huamanguilla con sus gritos:

-Mi chancha ha parido trece chanchitos, hermosos. Vengan a mi hacienda a verlos. Invitaré pisco para celebrar.

Y la noticia se esparció.

Durante varios días los campesinos desfilaron a conocer los chanchitos.

Le recomendaron a Don Raymundo:

-          Póngale un listón rojo a cada uno, Don Ray.

-          ¡Bah! Esas son creencias de cholos.

En uno de los días de visita, Romelia fue llevada por Amador Flores, su padre, a la feria porcina. Así terminó Don Raymundo llamando a su exposición, que promocionó incluso en el Diario  La  Opinión de Ica.

Llegó Romelia en el momento que los cerditos eran amamantados y la chancha había desaparecido bajo los hambrientos vástagos.

Con la candidez propia de los niños, se ilusionó con el tierno cuadro y dijo:

-          ¡Papá, mira que lindos son los chanchitos coloraos!

Marcial Ramos que los había acompañado, intervino con solemnidad de investigador:

-         Digo -dijo- que mientras la niña Romelia mira, salen de sus ojos finísimos rayos de candela que se meten en el cuerpo de los chanchitos

Don Amador, que era a quien se dirigía, le dijo

-          Tú, y tus raras explicaciones. Vamos.

Y se fueron.

No sólo de la hacienda, sino también de Huamanguilla porque Don Raymundo andaba buscando, horas después, quién había “ojeado” a sus chanchitos que fueron enterrando el hocico, uno por uno, en el lodazal del chiquero, y allí quedaron para siempre, pese a los esfuerzos del rezador que fue llamado de urgencia.

La huída finalizó en un naciente barrio de Ica, a tres cuadras de la Iglesia del Señor de Luren.

La tarde siguiente con la nostalgia a flor de piel, Don Amador Flores, le repetía a la niña Romelia la usual advertencia:

-         No quiero problemas, hija. No prestes atención ni a la gente ni a las cosas, sino tendré que ponerte anteojos negros, muy negros, para que no salgan rayos de candela de tus ojos.

La niña Romelia obedecería sólo hasta cuando su curiosidad y su rebeldía así lo permitieran.

Pero al principio fue así.

Se dedicó a escrutar la nada.

Sus miradas iban dirigidas al espacio, sobre todo al viento de la tarde que le traía recuerdos del verdor de los paltos de Huamanguilla. Concentró sin saberlo su energía síquica por mucho tiempo.

Una mañana, acostumbrada como estaba al poco ruido del gentío del barrio, donde ya se habían levantado muchas casas modestas, se extrañó por el bullicio de tropel y salió, escuchando:

-         Ha nacido un muro. Ayer no estaba allí. Ahora, como una muralla divide nuestro barrio pobre de la lujosa urbanización Luren.

-         Debemos derribarlo.

Seguía gritando la gente.

La niña Romelia salió a reunirse con ellos.

Sus ojos se posaron fijamente en el muro.

 

·          *La niña de los ojos más poderosos del mundo, es un cuento publicado en el Libro La soledad del Viejo Huarango.

·          José Vásquez Peña.  La Soledad del Viejo Huarango.  Duna Encantada  Ediciones.  Lima, 1988.

lunes, 12 de octubre de 2026

Llamado a algunos doctores José María Arguedas (Marzo, 1966)

 

Llamado a algunos doctores

José María Arguedas (Marzo, 1966)


A Carlos Cueto Fernandini y John V. Murra

 

Dicen que ya no sabemos nada, que somos el atraso, que nos han de cambiar la cabeza por otra mejor.

Dicen que nuestro corazón tampoco conviene a los tiempos, que está lleno de temores, de lágrimas, como el de la calandria, como el de un toro grande al que se degüella; que por eso es impertinente;

Dicen que algunos doctores afirman eso de nosotros; doctores que se reproducen en nuestra misma tierra, que aquí engordan o que se vuelven amarillos.

Que estén hablando, pues; que estén cotorreando si eso les gusta.

¿De qué están hechos mis sesos? ¿De qué está hecha la carne de mi corazón?

 

Los ríos corren bramando en la profundidad. El oro y la noche, la plata y la noche temible forman las rocas, las paredes de los abismos en que el río suena; de esa roca están hechos mi mente, mi corazón, mis dedos.

¿Qué hay a la orilla de esos ríos que tú no conoces, doctor?

Saca tu largavista, tus mejores anteojos. Mira, si puedes.

Quinientas flores de papas distintas crecen en los balcones de los abismos que tus ojos no alcanzan, sobre la tierra en que la noche y el oro, la plata y el día se meezclan. Esas quinientas flores son mis sesos, mi carne.

¿Por qué se ha detenido un instante el sol, por qué ha desaparecido la sombra en todas partes, doctor?

Pon en marcha tu helicóptero y sube aquí, si puedes. Las plumas de los cóndores, de los pequeños pájaros se han convertido en arco iris y alumbran.

Las cien flores de la quinua que sembré en las cumbres hierven al sol en colores; en flor se han convertido la negra ala del cóndor y de las aves pequeñas.

Es el mediodía; estoy junto a las montañas sagradas; la gran nieve con lampos amarillos, con manchas rojizas, lanza su luz a los cielos.

En esta fría tierra siembro quinua de cien colores, de cien clases, de semilla poderosa. Los cien colores son también mi alma, mis infatigables ojos.

Yo, aleteando amor, sacaré de tus sesos las piedras idiotas que te han hundido.

El sonido de los precipicios que nadie alcanza, la luz de la nieve rojiza que, espantando, brilla en las cumbres;

el jugo feliz de millares de yerbas, de millares de raíces que piensan y saben, derramaré en tu sangre, en la niña de tus ojos.

El latido de míriadas de gusanos que guardan tierra y luz; el vocerío de los insectos voladores, te los enseñaré, hermano, haré que los entiendas;

Las lágrimas de las aves que cantan, su pecho que acaricia igual que la aurora, haré que las sientas y oigas.

Ninguna máquina difícil hizo lo que sé, lo que sufro, lo que del gozar del mundo gozo.

Sobre la tierra, desde la nieve que rompe los huesos hasta el fuego de las quebradas, delante del cielo, con su voluntad y con mis fuerzas hicimos todo esto.

¡No huyas de mí, doctor, acércate! Mírame bien, reconoceme. ¿Hasta cuándo he de esperarte?

 

Acércate a mí; levántame hasta la cabina de tu helicóptero. Yo te invitaré el licor de mil savias diferentes;

la vida de mil plantas que cultivé en siglos, desde el pie de las nieves hasta los bosques donde tienen sus guaridas los osos salvajes.

Curaré tu fatiga que a veces te nubla como bala de plomo; te recrearé con la luz de las cien flores de quinua, con la imagen de su danza al soplo de los vientos; con el pequeño corazón de la calandria en que se retrata el mundo; te refrescaré con el agua limpia que canta y que yo arranco de la pared de los abismos que tiemplan con su sombra a nuestras criaturas.

¿Trabajaré siglos de años y meses para que alguien que no me conoce y a quien no conozco me corte la cabeza con una máquina pequeña?

 

No, hermanito mío. No ayudes a afilas esa máquina contra mí; acércate, deja que te conozca; mira detenidamente mi rostro, mis venas; el viento que va de mi tierra a la tuya es el mismo; el mismo viento respiramos; la tierra en que tus máquinas, tus libros y tus flores cuentas, baja de la mía, mejorada, amansada.

Que afilen cuchillos, que hagan tronar zurriagos; que [a]masen barro para desfigurar nuestros rostros; que todo eso hagan.

No tememos a la muerte; durante siglos hemos ahogado a la muerte con nuestra sangre, la hemos hecho danzar en caminos conocidos y no conocidos.

Sabemos que pretenden desfigurar nuestros rostros con barro; mostrarnos así, desfigurados, ante nuestros hijos para que ellos nos maten.

No sabemos bien qué ha de suceder. Que camine la muerte hacia nosotros; que vengan esos hombres a quienes no conocemos. Los esperaremos en guardia; somos hijos del padre de todos los ríos, del padre de todas las montañas. ¿Es que ya no vale nada el mundo, hermanito doctor?

No contestes que no vale. Más grande que mi fuerza en miles de años aprendida; que los músculos de mi cuello en miles de meses, en miles de años fortalecidos, es la vida, la eterna vida mía, el mundo que no descansa, que crea sin fatiga; que pare y forma como el tiempo, sin fin y sin principio.

 

Marzo, 1966.

domingo, 11 de octubre de 2026

Carta enviada por Abraham Valdelomar a José Torres Vidaurre en 1919.

 


A JOSÉ TORRES VIDAURRE

[Ica, 1° de agosto de 1919]

 

Yo quise ser el Diógenes de nuestro tiempo, y entre la trailla de cholos piojosos y de zambos grajientos que nos quitan la vereda a título de intelectuales llegó hasta a apagárseme el farol. Encendí, entonces, con heroica pertinacia, una vela de sebo y seguí buscando, buscando... Encontré por todo encontrar Manumisos y Libertos haciendo de señores, frente a Nos sus amos naturales antes de la Constitución de Castilla. Por no desmayar en mi empeño, encendí los faros de mi intuición y los hice agujerear con sus conos de luz los horizontes y, cuando había descubierto y obsequiado a mi pueblo dos o tres poetas y uno o dos prosadores más allá de los muros capitalinos, éstos que creía hombres, a quienes nutrí con la leche de mi arte, cuyo espíritu formé con mi prosa magnífica, con mi verso concreto y hondo, con mi lápiz armonioso y sugerente, con mi verbo estupendo y múltiple, resultaron, apenas, menguados Judas y medrosos San Pedros; vendieron y me negaron a su Maestro... Aún no me curo de esta misión providencial de Colónida; y por ello vengo a apadrinar a esta alma vehemente y juvenil que tiene una ansia infinita de triunfo y una suprema embriaguez de gloria. El pobre niño que estos versos produce cree todavía —¡oh bienaventurado!— en la gloria y en el triunfo. No busquéis en estos temperamentos precoces una técnica perfecta, ni una forma apolínea, ni una armonía orfeica. Buscad en estas almas jóvenes tiernas, más que el carbón, la llama; más que la forma, el fluido; más que el verso, el íntimo ritmo; más que la gramática el instinto de la Belleza. ¡Insensatos! Agradeced a estos luchadores nuevos. Si en todos los pueblos el poeta es un héroe, según Carlyle, en el Perú es casi un Dios. Grecia ofrecía belleza y sus poetas le daban versos; Francia ofrece amor y libertad y sus hombres le dan arte; España ofrece color, valor, sangre y sus artistas le dan toreo y pintura; nuestro país nos da politiqueros, Picasso nos da “Pezuña”, nos da cholos con poncho, nos da pisco, y nosotros le damos versos. ¿Qué pueden exigir de los artistas estos pueblos de “papas a la huancaína”, de calzoncillos con tiritas, de plátanos de la isla y de prendedores de huairuro?

Un coronel de revolución, a quien Satanás esté sancochando en las ardientes calderas de los profundísimos infiernos —salvo que Dios, mi Señor, lo haya perdonado, que lo dudo— fue profesor de Metafísica entre nosotros; y un profesor de Literatura francesa decía haiga, se hurgaba las quechuas narices con el índice y pronunciaba Baudelaire tal como se escribe. Aquí los artistas debíamos usar coches halados por cuadrigas formadas por un político, un catedrático, un “gran bohemio” iqueño y un subprefecto cualquiera. Entre tanto, los optimistas, estos espíritus que hacen vibrar el arpa homérica, estos espíritus selectos que se consumen en la pira violenta de la belleza, estos sacerdotes de armonía, sigan cantando bajo el dombo purísimo del cielo. Siga usted, vehemente y apasionado Torres de Vidaurre, tañendo su dolor y sus ensueños. Días vendrán en que, como dice la Biblia, los esclavos hincarán la rodilla y los elegidos de Jehová se sentarán nuevamente en el trono. El arte tiene dos factores esenciales: la técnica y el espíritu. La técnica se adquiere con el trabajo como el músculo con la gimnasia; pero esa chispa divina que caracteriza al artista no la dan las universidades en los cartones de fin de año. Más que una chispa, es un fanal y en sus versos iniciales ya se anuncian los rayos. Tiene usted veinte años y cuarenta enemigos, ¿puede pedirse más a su edad?

Cuente usted con mi simpatía espiritual y que no se amengüe su admiración entusiasta, justiciera y vehemente por el Conde de Lemos.

Abraham Valdelomar

viernes, 9 de octubre de 2026

Ica, antes de la llegada de los Incas y de los Españoles.

 

CACIQUES Y TEMPLOS DE ICA

ICA PREHISPANICA
CAPITULO I

1.— Panorama.— 2.— Culturas Chinchay-Suyo, Tiawanaco y Nazca.—
3.— Epocas y los periodos culturales.



1.—En la región de la Costa Sur del Perú, a 305 kilómetros por el camino panamericano todo asfaltado, se sitúa la ciudad de Ica, capital del Departamento de su nombre; ella cuenta con varios valles atrayentes por su clima siempre primaveral, lleno de Sol, de ambiente seco y rodeados muchos de ellos de médanos acariciados por los vientos de Sur a Norte, de cerros cisandinos que descienden y se pierden en los desiertos arenosos. Por el poniente se levantan, también, otros cerros como cordilleras marinas que se extienden y nacen desde la Península de Parakas, formando una argolla semicircular a orillas de los zócalos de Mar Pacífico, hasta tocar el cerro de Tunga por la quebrada de Río Grande y prosigue para unirse con las montañas cisandinas de Santa Lucía. Esta configuración, única en la Costa peruana, es lo que ha originado la formación de grandes cuencas, como la de Río Grande, que encierra los valles de Ingenio, Palpa, Nazca y Kapará; la del Valle de Ica se forma de varias cuencas menores en bolsonadas, las cuales, miradas de lo alto de un avión, se parecen a los nudos de un rosario extendido de Oriente a Occidente. La quebrada de Pisco y Chincha, es amplia y se desplaya al Mar sin contrafuertes marinos. Todos los valles que hemos citado están irrigados por ríos que bajan de la sierra, especialmente en las épocas de lluvia.

2.— Dentro de este escenario geográfico se estacionaron varias culturas prehistóricas que han venido sucediéndose unas tras de otras, dejando sus huellas de palacios, ciudades, cementerios, caminos, acueductos, artes e industrias, todo lo cual se denomina técnicamente elementos culturales. Por tanto todo aquel acervo arqueológico, es producto del ingenio y de la mano del hombre. La ciencia que estudia la vida del hombre, con antelación a todo documento histórico, durante el extenso y lejano período del que no llegaron hasta nosotros tradiciones orales ni escritas, se llama PREHISTORIA. Esta ciencia es nueva, del siglo XIX. Por eso los historiadores de antaño intentaron poner historia donde no hay historia; confundieron la Historia con la Prehistoria. A la llegada de los conquistadores españoles a los Valles de Chincha, de Pisco, de Ica, de Nazca y de Acarí, encabezados por don Nicolás de Rivera, el Viejo, el año de 1534, con el propósito de buscar un sitio apropiado para la nueva metrópoli de los españoles, la que intentaron fundar en “Sangallán” de Pisco, es cuando principia la historia de Ica; entonces una organización admirable, tanto en el orden religioso como en el social, agrario y político. La cultura periférica que tuvo contacto con la cultura ibérica fué la “Chinchay-suyo”, confederada por los Inkas, que comprendía toda la Costa hasta Atacama, subdividida en zonas agrarias de arriba y abajo, como: “Urin-Chincha” y “Anan-Chincha” y Urin-Pisko y “Anan-Pisko”; Urin-Ika y Anan-Ika; Kajamarca, Kollao y Palpa.

La división de “Urin” (abajo) y “Anan” (arriba) fue una organización netamente agraria cuyo sistema ya existía en pleno desarrollo mucho antes a la época inkaica. Cada población se componía de familias, (Aillu) que vivían repartidas aisladamente en parcelas agrarias, las mismas que comprendían una “Marka” o territorio agrario, situado, unas veces, en la parte alta, aguas arriba, y otras, aguas abajo, hasta el Mar. Este sistema social agrario no se refiere a la tierra pobre (arriba) ni a la rica (abajo), como algunos historiadores lo explican, tergiversando los hechos, como un sistema engendrado por los legisladores inkaicos. Estos no tuvieron más que aprovechar los adelantos anteriores, los cuales surgieron a fuerza de una serie de casos experimentales.

Los arqueólogos norteamericanos, como Kroeber y Strong, al estudiar los estilos de la cerámica Chincha o Ika, los clasifican así: Early, Late y Middle; o sea, PRIMITIVO, MEDIO y ULTIMO, respectivamente. En cuanto a los orígenes del estilo primitivo no es de desarrollo local sino de la invasión de una cultura netamente Andina, venida del Norte. La expedición arqueológica dirigida por el Dr. Julio Tello, el año de 1937, encontró, en el Departamento de Cajamarca, zona de “Ontuhsa”, fragmentos de cerámica igual a los encontrados en Ica y Chincha en su primera etapa.. Por la quebrada de Huacho, Supe y Paramonga, comprobamos también otros fragmentos de cerámica de su segunda etapa y tercera etapa. Lo que quiere decir que esta cultura, en su radio de expansión, es mucho más extenso al conjeturado por Max Uhle.

Más allá de esta cultura encontramos a otra, la más inmediata: LA CULTURA TIAWANAKO O KOLLA. La difusión de esta cultura corre por toda la meseta de este nombre hasta Pasto, por la región cisandina, aproximándose hasta el litoral del Pacífico; pero a medida que se aleja hacia el Norte va debilitándose. Los restos encontrados en la Hoya del Río Grande de Nazca es una variante del clásico Kolla que se mezcla con el estilo decadente o Híbrido de Nazca. El centro originario de estilo Kolla (¿Kollawa?) se localiza en Kollao y también en Pucará, Sillustani, Juli, Akora y otros lugares del Departamento de Puno. Al infiltrarse esta cultura en el Departamento de Ica, los artistas aprovecharon de los materiales existentes en el medio ambiente, como la arcilla, la pintura y hasta la forma y tamaño de los objetos, sin olvidarse de su estilo dominante, que consistía en representar la clásica cabeza de cóndor, los discos estelares, las líneas en ángulo que se gravan en el monumento lítico de “Kalasasaya”.

Antes de estas y otras culturas en los estratos más profundos, en el mismo escenario geográfico de Ica, encontramos a una de las primeras y más asombrosas culturas prehistóricas que el mundo científico admira como la CIVILIZACION NAZCA, que irradió de Río Grande con caracteres de verdadero Imperio por el Norte hasta Chavín; por el Este hacia la Hoya del Pampas, en el Apurímac; y por el Sur, hasta Majes y Chuquibamba. Esta misma cultura engendró a la de PARAKAS, distinguiéndose ésta de aquélla por el arte textil. Por su evolución progresiva, de lo simple a lo compuesto, los objetos y seres del medio ambiente de la cerámica Nazca decoradas a pincel, pasa a las telas de Parakas. Estas bordadas en colores policromados más vivos, sólo conservan la cerámica en su forma antigua.

3.—A fin de que se vulgarice el papel científico que debe ocupar la CIVILIZACION NAZCA dentro del cuadro general de las demás civilizaciones prehistóricas peruanas, en este capítulo procuraremos sintetizar nuestras opiniones deducidas de nueve años de investigación en el propio terreno de la Hoya de Río Grande, las que ya están ampliamente en nuestro libro inédito “Arqueología e Historia de Nazca”. Sin embargo, no es demás que hablemos en términos generales, siguiendo la clásica división aceptada en tres Etapas culturales peruanas del profesor Tello, La Primera Etapa hemos tenido, para mayor precisión, que subdividirla en dos: LA ARCAICA O MEGALITICA ANDINA, que comprende GAVIN, WANUCO VIEJO, WARI, PUCARA, PRE-TIAWANAKO; Y LA ARCAICA COSTEÑA, que corresponde: NAZCA, PARAKAS, CAVERNAS, Y PRE-MOCHICA. Las dos secciones se diferencian en el material empleado en las construcciones, según el medio Geográfico en que se desarrollan. Así, en la Arcaica Andina el arte lítico de las piedras grandes es vestigio de un arte avanzado, cuyos antecedentes están esparcidos a lo largo de la región Andina. En la ARCAICA COSTEÑA, para apreciar su arquitectura, hay que conocer las tumbas; pues en ellas los adobes, en esta etapa, son odontiformes; los entierros unipersonales, la cerámica incisa, netamente naturalista y policromada.

En la SEGUNDA ETAPA se sitúa el clásico TIAWANACO, MOCHICA, NECROPOLIS DE PARAKAS. Los entierros de cadáveres humanos son en comunidad. No es de admirar que haya puesto en esta etapa a la cultura NECROPOLIS-PARAKAS, por cuanto ésta tiene su antecesor más antiguo: Nazca Arcaico, donde coge el arte de la cerámica clásica del cuarto período de desarrollo y pasa con mayor perfección a las telas de Parakas; entonces, es fácil apreciar la evolución del arte.

En la TERCERA ETAPA están las confederaciones tribales de la cultura RUKANA, de origen netamente Andino; las tumbas de esta cultura en los cementerios de Río Grande son cilíndricas, edificadas con piedras pequeñas y con techos de huarango. La Cultura Chincha o Ika, que aparece después de la de Tiawanaco, su radio de expansión es más extenso y el más periférico y que tuvo contacto con la cultura ibérica en la Conquista. A la cultura Chincha corresponden todas las PIRAMIDES o -'Wakas'-, así denominadas impropiamente por el vulgo. Así, tenemos en Chincha varias pirámides en el fundo algodonero de “Hoja Redonda”, “Tambo de Mora”: “El Centinela” En el valle de Ica todavía quedan algunas de estas interesantes construcciones por las haciendas de “Makakona”, “Los Pobres”, “San Juan Bautista”, “Takaraka”. Empero, éstas, por estar dentro de terrenos de cultivo, tienden a desaparecer año tras año por falta de cuidado por parte del Estado y por el poco interés o escasez de cultura con que miran generalmente los dueños de los fundos o latifundios, prefiriendo derribar pirámides de esta naturaleza o cualquier resto arqueológico, con ansias de extender sus dominios materiales y con miras de sembrar algodón. El oro blanco (como dicen) tiene mayor importancia que conservar un pasado histórico mudo. Téngase presente que todo resto mudo es un nexo elocuente de nuestra vida nacional.

En el año de 1951, en el valle de Ica, en los sectores de Takaraka, Collazos y Makakona, han desaparecido intencionadamente más de diez pirámides y quizás las más importantes en la arquitectura de tipo Chincha. ¿Cuál es el diagnóstico de estas pirámides? El día que se derribó una de estas pirámides, a pocos kilómetros al Norte de Ica en la zona de Collazos, la que tenía doce metros de altura, de forma cónica, ocupando su base un diámetro de cincuenta metros, tuvimos que presenciar el corte horizontal que se hacía de arriba hacia abajo utilizándose para este fin maquinarias especiales, contamos cinco secciones independientes superpuestas unas con otras, las que se componían de cuarteles, a modo de habitaciones, sin puertas de entrada, de forma cuadrangular, y rectangular, y orientadas indistintamente; los muros son de adobes y adobones, estucados por ambas caras de color ocre; cada cuartel mide de cuatro a cinco metros de largo por dos de ancho; y en algunas construcciones llegamos a medir hasta diez metros de largo. El grueso de la pared, generalmente, mide 93 centímetros, teniendo por altura no más de dos metros. Lo curioso es que todos los cuarteles están rellenados unos de arena de río y otros de cenizas. Por ejemplo, en la segunda etapa de la parte superior, encontramos un cuartel de un metro de altura rellenado de cenizas con un espesor de 63 centímetros y más al fondo, de arena de río, con un espesor de 37 centímetros. Descendiendo, en la tercera sección, los muros están construídos de adobones. En uno de ellos, descubrimos un cuarto lleno de cenizas y en otro de arena de río, con mezclas de fragmentos de cerámica, siempre de estilo Chincha. La primera base de este montículo que vamos describiendo, no fué aplanada; era presumible encontrar en el centro de este montículo, el entierro de una o dos momias con todos sus artefactos, tal como se hallaron en las otras pirámides adjuntas, restos humanos en el mismo centro piramidal.

Por los hechos recogidos en el corte estratigráfico de la Pirámide de Collazos y comparada ésta con las otras de este tipo, estamos en condiciones de sentar nuestras opiniones en este sentido: Que las pirámides de Chincha, Pisco, Ica, no han sido viviendas propiamente dichas ni “Wakas” o cementerios; que por la superposición de las construcciones rellenadas de arena de río y cenizas, nos prueban la sucesión de culturas o familias que ofrecían, tal vez, sacrificios cruentos en honras al jefe del ayllu o tronco genealógico enterrado en un sarcófago; que por el hecho de estar cada Pirámide de Chincha edificada sobre un sarcófago principal y la que en su parte superior a flor de tierra, en una construcción de adobes de una sola puerta, sin contener basurales, nos inclina a pensar haya sido templo o adoratorio.

Estas construcciones en el departamento de Ica y en Trujillo, principalmente en el sector de Moche, sin inclinarnos a indicar su procedencia, se asemejan a las pirámides de mayor perfección por el material empleado, de los Mayas de Centro América, como las de Chinchiniza, Oaxaca y Palenque. Conveniente es que el Estado levante un inventario de las pirámides de Ica, para su conservación, y se reforme la antigua e ineficaz administración de los Patronatos arqueológicos en toda la República.

Veamos ahora cuáles son las fases culturales de la Civilización Nazca. Toda cultura tiene que pasar por la fase de nacer, crecer y morir. Los hombres son los que dan orígen a toda cultura. La vida humana no puede concebirse sin cultura. Este desenvolvimiento o desenlace ¿será posible aplicarlo a la Civilización Nazca? Nuestra afirmación, que ha de discrepar con los principales autores que han escrito sobre la cultura Nazca no es aventurada ni carece de fundamento científico. Ella está cimentada en los siguientes períodos culturales:

Primer Período— “Los Concheros o “Conchales”, que son depósitos de moluscos, de conchas y peces que servían de alimento a los primitivos pescadores del litoral y que se hallan a orillas del Mar o de la desembocadura de los ríos guardan restos humanos de mecherías, arcones, redes y morteros. Los concheros de Ica, situados a orillas del mar, son montículos de color ceniciento, tal como los de Parakas, en la desembocadura del río Ica, los de Santa Ana (río Grande); los de San Nicolás y San Juan, los de Lomas.

Segundo período.— La AGRICULTURA y la ASTRONOMIA; corresponde a este período la planificación agraria por el sistema de pozos o parcelas que hemos descubierto en las pampas de SOKOS, la misma que aparece descrita sobre el suelo en líneas geométricas; las GALERIAS FILTRANTES del Valle de Nazca, Kopara y Taruga y que actualmente utilizan los agricultores del Valle; los OBSERVATORIOS ASTRONOMICOS de Kawachi, Achako, Llipata y Sokos, son escrituras que nos han dado la pauta para descifrar la cronología de la civilización Nazca.

Tercer período.— La NAVEGACION, que pertenece el estudio de las balsas de totora y de cuero inflado como lo acreditan los diferentes ceramios escultóricos de tipo Nazca.

Cuarto período.— LA CERAMICA Y LA MUSICA. Lo que se refiere a la cerámica, ésta ha pasado por las fases de cerámica tosca y utilitaria; de cerámica incisa sin decoración; de cerámica naturalista policromada; es decir, las estilizaciones de todos los seres del medio ambiente, teniendo como divinidad central el dios Nutria; de cerámica Antropo-zoomorfo policromada; o los seres del medio ambiente se unen en el hombre; de ahí que el dios Nutria se antropomorfiza utilizando como atributos la fauna y la flora de la Costa. En seguida, aparece en las tumbas la cerámica híbrida o decadente, cuyo estilo se mezcla con el arte de otras culturas invasoras, principalmente, con el estilo Tiawanakoide. En cuanto a su morfología, los ceramios son geométricos; los tipos de cántaros globulares con picos y asa-puente; las tazas campanuladas; vasos cilíndricos; ollas esféricas. Los colores empleados son: el blanco, el negro, el amarillo ocre, el rojo, el violáceo, el gris. A esta fase también pertenecen las Antaras o “Sikus” de terracota; en cada antara está escrita una escala diatónica musical, la que se complementa con otras, formando una escala cromática que sobrepasa a las medidas modernas. Se descubren acordes perfectos e imperfectos, en la escala de una misma antara. Cuando ésta tiene un acorde fundamental y otro complementario suministra el acorde de tercera o de quinta alta. Existen antaras de serie que se tocaban al mismo tiempo por distintos sujetos (cual una banda de músicos) y que producían a veces notas unísonas y otras de quinta y octava, Esta música frente a la Incaica (o pentafono) es la más perfecta y la más antigua.

La música Nazca no tiene conexión con la cultura Chanka, de la zona central interandina peruana. En el supuesto de haber bajado la cultura Nazca de la región del Ande hacia la Hoya de Río Grande en estado adulto, ¿Cómo es que no dejó en el lugar de origen los rezagos de su antigua inquietud espiritual? ¿Tan pronto se olvidaron para captar sólo las emociones de un nuevo ambiente costeño?. Esta es una de las razones en que se basa nuestra tesis dividida en fases culturales que se entrelazan entre sí como producto del medio ambiente.

Quinto Período.— La TEXTELERIA; se encajan en este período todos los tejidos de gasa de algodón; tejidos finos ceremoniales de lana y algodón.

Es una rareza encontrar telas en buenas condiciones ni cadáveres en las tumbas que llevan ceramios de estilo naturalista o de antropo-zomorfo. Únicamente en algunos casos solo se encuentran los ceramios y los dientes de los cadáveres humanos.

Sexto período.— La METALURGIA; es otro de los aspectos de suma importancia para la ciencia dentro del marco de la evolución del arte metalúrgico en la civilización Nazca; pues ésta primero elabora los objetos de oro antes que la plata y el cobre; ejecutó las principales aleaciones del oro con la plata y el cobre.

P. ALBERTO ROSSEL CASTRO

lunes, 5 de octubre de 2026

San Joaquín en Ica - Perú cumple 190 años, fue bautizado por Fray Ramón Rojas.

 



Actividades del Padre Rojas en los pueblos vecinos de Ica. — Los nuevos nombres de San Isidro, San Joaquín, Santa Rosa, Guadalupe. — Iglesias y camposantos que fabrica en esos pueblecitos y en Cachiche. — Labor de Fray Ramón en Pueblo Nuevo de Ica. — En San José de los Molinos. — En El Carmen de Ica. — Buena amistad del P. Rojas con los profesores y alumnos del Colegio de Ciencias fundado por Bolívar.
En cierta ocasión el Padre Guatemala salió de Ica para visitar los pueblecitos más vecinos.
“Salió por la calle de San Juan de Dios y se fué hacia la hacienda Saraja. Era seguido de sus devotos y devotas, a quienes acostumbraba, durante el camino, contar escenas del Evangelio”, y “dirigiendo su mirada sobre estas tierras de Dios, manifestó su deseo de ver la hacienda con un nombre cristiano, proponiendo el nombre de San Isidro en lugar de Saraja. Fué prometido el cambio pero no lo aceptó el uso.
“Mejor aceptación tuvo el bautismo de otros barrios” —léase pueblecitos— “que el santo Padre hizo aquel día en su procesión más al interior de la pampa. Encontró, pues, el barrio de Saraja Chiquitín y pronunció con autoridad: “Saraja Chiquitín, desde hoy te llamarás San Joaquín”. Y cuando entró en la ranchería vecina de Arataya, el Padre le impuso el nombre de Santa Rosa, diciendo estas palabras que mucho tiempo se repitieron: “Muera Arataya y viva Santa Rosa”.
“Pues bien, en Saraja Chiquitín, convertido en S. Joaquín, el santo misionero quiso levantar un templo al nuevo protector. Como siempre, llamó a la buena voluntad de todos y convocó a fajinas (109), dando él personalmente el ejemplo de trabajo y repartiendo el pan y el huajote (110), al fin de las tareas.
“A veces iban con el Padre las cantoras Cipriana y Juana Filiberto, que para animar a la gente entonaban los mejores cánticos de su repertorio...
“Dejando por concluir la iglesia de San Joaquín, el Padre Rojas se fué hasta Cachiche, a principiar allá una iglesia. Convenía, pues, exorcizar con un templo al Altísimo ese lugar, donde el vulgo decía que las brujas endemoniadas se daban citas bajo las palmeras.
“El pueblo de Guadalupe, al pié del Cerro Prieto, recibió también muchos beneficios del santo varón, y en primer lugar el hermoso nombre que lleva” (111) en homenaje a la veneración de México; y más tarde la iglesia y el campo santo.
Pueblo Nuevo se halla a diez kilómetros de Ica y hacia el oriente de las ruinas de Tacaraca. Según tradiciones, en 1836 llegó a dicho lugar el Padre Guatemala, y cantó la primera misa en la casa municipal, pues Pueblo Nuevo carecía de iglesia y no había más sitio de oración que el oratorio particular de la familia Chacaltana, existente en Pongo Grande. Los moradores de Pueblo Nuevo jáctanse de que éste fué el lugar predilecto de Fray Ramón para sus prédicas, y afirman que les legó la actual iglesia matriz. Agregan que en la construcción de ella fué infatigable el insigne misionero, quien por sí mismo cargaba la arcilla, los adobes, etc., dando ejemplo a cuantos participaban en la operosa faena (112).
La iglesia de San Antonio, iniciada por el “Apóstol de Ica”, fué complementada en 1895 con una torre, y en 1918 se le hicieron algunas reparaciones.
Además de la familia Chacaltana que, en su residencia de Pongo Grande, agasajaba siempre al Padre Rojas, Pueblo Nuevo contaba con muchas otras familias indígenas de alguna posición económica, que brindáronle recursos para el mejor logro de sus propósitos. Tales eran las Pasache y Uculmana, Torrealva y Luque; Cabezudo, Moquillasa, Ibarra, Tipacti, etcétera. Mientras hacíase la edificación de la iglesia de Pueblo Nuevo, el Padre moró en la casa que es hoy municipal, y afírmase que por su iniciativa se perforó un pozo al lado sur del templo, el mismo que hasta la fecha suministra agua (113).
En los primeros días de Setiembre del mismo año 36, seguido de entusiastas devotos, se dirigió el ilustre guatemalteco al pueblo de San José de los Molinos, distante de Ica unos veintidós kilómetros, con el fin de dar misiones. Llevó consigo la imagen de la Virgen de Guadalupe, que extrajo de la capilla provisional que había levantado en la fábrica de Jesús María, y la condujo en andas, haciendo procesión. Detúvose ésta en el caserío de la Tinguiña para practicar algunos actos litúrgicos en la iglesia del lugar, y siguió el desfile el día siguiente, hasta Los Molinos. En tal población realizáronse las misiones y Fray Ramón se aplicó a mejorar el culto.
“Según la tradición, varias copias de la Virgen de Guadalupe que se veneran en nuestras iglesias del valle, son debidas a su pincel” (114), y una de ellas es la existente en Los Molinos, la misma que pintó el Padre después de encerrarse un día entero en la sacristía y que tuvimos oportunidad de contemplar en 1933.
En aquel entonces no había en ese pueblo, de suyo importante, un cementerio. El Padre Rojas escogió un sitio para edificarlo, dió principio a las faenas y por sí mismo empuñaba la pala a fin de preparar los trabajos preliminares. Refiere Cric (115) que D. Alonso González del Valle, de la familia de los antiguos marqueses de Campo Ameno y rico hacendado, sorprendió a Fray Ramón en tan fatigosas labores, y exclamó: “¿Cómo su paternidad se mete en estos trabajos? Deje, Padre, que yo le voy a mandar mis negros”. Y se los mandó. Pero el Padre Rojas recibía constantes llamados de Ica, y hubo de retirarse de Los Molinos sin terminar el cementerio. Tal obra prosiguióla el P. Manuel Clivillé, de la misma religión franciscana.
De entre las gentes que en San José de Los Molinos fueron distinguidas con la estimación del Padre Guatemala, es digna de mención la familia del honrado labriego Francisco Pinto, cuyo vástago, Tomasito, es señalado como modelo de virtudes y acerca de cuya vida, cortísima, se relatan hechos sorprendentes (116).
De Los Molinos se dirigió el Padre a El Carmen, pueblo poco distante de Guadalupe. Fray Ramón y sus compañeros de convento hicieron proficuas misiones allí, y acometieron la edificación de un cementerio y de una rústica iglesita con sólo muros de adobes con alma de huarango y techo de paja y caña de Guayaquil. Esta iglesita es hoy la sacristía del templo nuevo; y relatos tradicionales dan a saber que al observar el Padre que la antigua efigie de la Virgen del Carmen suscitaba rivalidades en el lugar, dijo a los moradores: “Hijos míos, yo os traeré una bellísima Patrona, que sea la madre y protectora de todos vosotros”, promesa que, poco más tarde, quedó cumplida, pues hizo venir la escultura de tamaño natural que obra en el altar mayor de la actual iglesia (117).
En Diciembre de 1836 retornó Fray Ramón a Ica, a fin de concurrir, como lo tenía prometido, a los certámenes de fin de curso del Colegio de Ciencias, de cuyos profesores y alumnos —el Director era el presbítero Cora— fué amigo sincero y afectuoso (118).
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109).—El Léxico registra la voz fajina como sinónima de faena. Pero en determinadas comarcas del Perú, la fajina es trabajo colectivo y gratuito que hace el pueblo en beneficio de determinada obra de interés público. Malaret, en su "Diccionario de Americanismos", nos hace saber que en Cuba la fajina es la "faena o trabajo que se hace en horas extraordinarias".
110).—Huajote, o más propiamente guajote, es voz que hemos definido así en nuestro libro "Hacia el gran Diccionario de la lengua española" (Buenos Aires, 1942): "mezcla de maní tostado y sin cáscara, nueces, trozos de coco, confites de anís, almendras y pasas, y se le suele agregar maíz y frejolitos tostados. Se dice que el guajote fué introducido en Ica, hace más de un siglo, por el franciscano guatemalteco Fray José Ramón Rojas, más conocido como el Padre Guatemala".
111).—Enrique Perruquet: "Fray Ramón levanta iglesias", art. cit. El pueblo de Guadalupe, antes del Padre Guatemala denominado Cerro Prieto, es capital del distrito de Salas, por ley de 4 de Febrero de 1925, y es paradero de la línea férrea que une a Ica con Pisco. El distrito se llama Salas, en recuerdo del General Juan José Salas, amigo de Fray Ramón.
112).—Véanse, en "La Voz de San Jerónimo" de Ica, números 204, 218 y 243, las correspondencias de Pueblo Nuevo, subscriptas por "Hyup", pseudónimo del preceptor de Los Aquijes, D. Pedro Uchuya y H.
113).—Véase en "La Voz de San Jerónimo" Nº 243, el artículo indicado en la nota anterior.
114).—E. Perruquet: "Del terruño: Fray Ramón en Molinos", artículo publicado en los números 39 y 40 de la revista iqueña "La Voz de San Jerónimo".
115).—Perruquet: el artículo de la nota 114.
116).—Ya se verá ello en nuestro volumen "Recuerdos del Padre Guatemala". Consúltese, en el Nº 41 de "La Voz de San Jerónimo", el artículo del Padre Perruquet: "Un discípulo aprovechado de Fray Ramón".
117).—Véase una correspondencia de los distritos al Director de "La Voz de San Jerónimo", en el Nº 131 de dicha revista.
118).—El Colegio Nacional de San Luis Gonzaga de Ica lo fundó Bolívar por decreto supremo de 1º de Junio de 1826; se le denominó Colegio de Ciencias, y fué interinamente su primer Rector don Isidro Caravedo. El Dr. José Valerio Cora fué también Rector del Colegio hasta 1832, en que, el 6 de Septiembre, lo reemplazó el Dr. José Lira. Parece que con posterioridad ejerció el Rectorado del Colegio el señor Cora, pues así lo dice la falsa carátula de la afamada oración fúnebre de 5 de Septiembre de 1839, en las exequias del R. P. Rojas: "Cura de Luren y Rector del Colegio de Ciencias". En el Colegio de Ciencias, llamado también "Colegio de Ciencias de Institución Bolivariana", se enseñaba Filosofía, Jurisprudencia y Matemáticas, afirma el Dr. Leoncio Maldonado en su artículo "Nuestro Colegio Nacional" ("La Voz de San Jerónimo", Nº 86). Desde la dación del decreto supremo de 25 de Mayo de 1862, se concita a la enseñanza secundaria.

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