El silencio no es una palabra escrita sobre una pared, es una canción solitaria con el viento que no se detiene en el medio de un infierno. Silencio señores grandes, que despiertan las historias. León Gieco.
lunes, 5 de octubre de 2026
San Joaquín en Ica - Perú cumple 190 años, fue bautizado por Fray Ramón Rojas.
miércoles, 30 de septiembre de 2026
"Caciques y Templos de Ica".
INTRODUCCIÓN
Este trabajo fue preparado con ocasión del
Primer Congreso Interamericano de Historia y Arte Religioso que se celebró en
la Ciudad de Buenos Aires, del 22 al 27 de Octubre de 1952; y lo presentamos,
en nuestro carácter de Delegado por la Diócesis de Ica, a los organismos
técnicos de la Comisión Organizadora del referido Congreso. El autor ha
recibido antedaladamente las felicitaciones por la importancia y consideración
del dicho trabajo intitulado entonces "Datos Históricos de la Diócesis de
Ica".
Por insinuaciones de nuestros amigos,
amantes de la cultura e intelectuales de la legendaria Ciudad Iqueña, después
de haber expuesto en una charla que diera el autor en el local artístico de
"La Peña-Pacheco" sobre una parte del citado tema que correspondía
casualmente a los "Cacicazgos de Ica", nos vimos obligados, salvando
muchas dificultades de orden económico, dar publicidad al presente libro con el
nombre de: "Caciques y Templos de Ica".
La obra ante esta decision nuestra ha sido
revisada, aumentada y corregida y dividida en capítulos especiales en los que
nos ocuparemos preferencialmente de las dinastías que gobernaron los cuatro
Repartimientos del Corregiminto de Ica, como: Chincha, Pisco, Ica y Cajamarca.
Las fuentes de que nos hemos valido han sido las originales o primarias que
constituyen los documentos contemporáneos que tienen más valor que las
secundarias o de segunda mano. Esas fuentes primarias son los protocolos
notariales más antiguos de Ica, de Francisco de Vera (año 1546); de Alonso
Valencia (1556); de Pedro de Lizón (1547); de Tomás de Vallejos (1568); de
García de Córdova (1582); de Fernando de Carvajal (1589); de Juan de Velasco
(1605); de Tomás Ruiz (1611); de Mateo de Arce (1630); de José Antonio Silva
(1702); de Manuel Pérez (1796); cuyos documentos paleográficos, en su mayor
parte, están en el Archivo Nacional de Lima (Perú). Siguiendo el método de la
Heurística, al escribir este capítulo, para la historia de Ica, hemos hecho
poco caso de las fuentes orales que son producto imaginario del vulgo que trata
más bien de nublar los hechos o fuentes originales cubriendo de matices
irrisorios como aquel caso cuando llegó Bolívar a Ica. Se dice que un indígena
de San Juan Bautista, apellidado Espino, se presentó ante el Libertador cargados
sus pies de cadenas pidiendo un Colegio de Ciencias. ¡Oh, tremenda farsa! como
aquella idea extravagante del sueño que tuvo San Martín en Paracas da una
parvada de flamencos de plumajes rojo y blanco, para dar origen a nuestra
bandera nacional.
Como no puede haber Historia integral
peruana sin tratar de Historia Eclesiástica, ya que a la Iglesia Católica,
especialmente en América, le cupo desempeñar uno de los más importantes y
delicados problemas de la Catequización, que sin ella tal vez había fracasado
toda tentativa de conquista, y mucho más en el Perú, con un puñado de hombres o
soldados aventureros que cometieron muchas veces una serie de injusticias, las
que fueron condenadas casi siempre por los misioneros de Cristo. No somos
partidarios de los que afirman que la Fe en América se haya cimentado con la
espada mefistofélica o sanguinaria. La Iglesia verdadera fundada por Cristo,
jamás usará de las armas para conseguir adeptos de su causa redentora, que es
todo amor, caridad, sacrificio y ternura. En lo que se refiere al Departamento
de Ica, la cultura y la fe cristianas están plasmadas como un sello indeleble
en sus templos. De ahí, que no podemos hablar de la historia de Ica sin hacer
mención de su organización religiosa; fuente de progreso y civilización de los
pueblos. Las parroquias en la jurisdicción iqueña se erigieron en los primeros
núcleos de pueblos reducidos. Prescindir de ellas, sería olvidar parte esencial
de su historia. Las órdenes religiosas, con especialidad la de los
Franciscanos, fueron los pioneros en la vida parroquial iqueñense. Lamentamos no
precisar la fecha y año de erección de cada parroquia, por cuanto nos ha sido
imposible encontrar las fuentes primarias de los decretos expedidos por el
primer Arzobispo de Lima, Fr. Jerónimo de Loaiza, los cuales, posiblemente,
deben existir en la Biblioteca del Vaticano de Roma o en el Archivo
Eclesiástico Limense, en los que se guardan importantes documentos de la
Historia Eclesiástica del Perú. Por falta de partida económica especial, para
catalogar los documentos en orden cronológico separándolos por legajos y
títulos y cuadernos, están, en su mayor parte, algo descuidados. Sin embargo, a
penúltima hora, han llegado a nuestras manos, como fuente primaria de investigación,
las Constituciones del Primer Concilio Provincial Limense (año 1551), publicado
por el historiador R. P. Rubén Ugarte, que nos han servido para coordinar
algunos hechos relacionados con la erección de parroquias.
Asimismo, hablamos de la erección política
de Ica, remontándonos a la formación de los primeros pueblos coloniales; de la
fundación de la Villa de Valverde y la erección en Ciudad de Ica, respaldados
con nuevos documentos que vienen a rectificar ciertos errores.
La publicación modesta en sí, pero sincera
de este libro tiende a incrementar la historia bibliográfica de la benemérita
ciudad iqueña como fuente de orientación para posteriores estudios, o para
celebrar, el año de 1963, el cuarto centenario de la Erección de la Villa de
Valverde del Valle de Ica. No tenemos la pretensión de haber tratado todos sus
problemas de orden histórico. Sabemos que en esta obra existen lagunas, porque
no es tarea hacedera a la capacidad de un hombre, lo que sería fácil el trabajo
por equipos. Nuestro afán con todo ha sido de privaciones y sacrificios y
desvelos. A esto se suma, que a más de haber trabajado buscando datos dispersos
en diferentes archivos notariales, en bibliotecas particulares y nacionales,
tenemos que afrontar todavia el problema económico para su impresión. Sentimos
mucho que en nuestro país no existen oficinas de divulgación histórica o se
encarguen de editar libros nacionales, de toda índole del saber humano. Si así
sucediera serviría para contrarrestar la enorme afluencia de libros extranjeros
que invaden los escaparates de las bibliotecas del país con meñoscabo de
nuestra cultura; libros que en su mayoría no estudian ni entienden los
problemas que estén a tono con nuestras necesidades espirituales o sociales. No
ignoramos que existe un departamento de Extensión Cultural del Ministerio de
Educación que provoca concursos de historia, litratura y arte, y ciencias
afines, cada año, premiando con la irrisoria suma de cinco mil soles al mejor
trabajo. Esta dependencia del Estado, que debe reformarse, en la mayoría de los
casos, está supeditada a recomendaciones que dan orígen, necesariamente, a
melegar trabajos de importancia después de haber dormido éstos en poder de la
Comisión censora un año, con grave perjuicio de sus autores.
En consecuencia, los escritores nacionales
que trabajan sin apoyo del Estado, cuando menos, deben tener una ayuda para la
publicación de sus obras. En este estado de cosas, sin esperanzas de ser
recompensados los sacrificios empleados en conseguir materiales, sale a luz
este libro con el único propósito de divulgar uno de los acervos históricos de
nuestro patrimonio nacional.
miércoles, 15 de julio de 2026
LUGARES PROPICIOS A LA VID
LUGARES PROPICIOS A LA VID
LLEGADA DE LA VID AL PERÚ
LLEGADA DE LA VID AL
PERÚ
Sin asomo de duda, el padre Bernabé Cobo afirmaba: “La planta más
provechosa y necesaria que los españoles han traído y plantado en este Nuevo
Mundo es la vid”;¹ y a renglón seguido referirá del Perú: “donde primero se
plantaron parras en él y se dieron uvas fue en esta ciudad de Lima, a la cual
el primero que trajo y plantó la vid fue uno de sus primeros pobladores,
llamado Hernando de Montenegro; y el primer año que cogió abundancia de uvas
para vender fue el de 1551, y se las puso al licenciado Rodrigo Niño, que a la
sazón era fiel ejecutor, a medio peso de oro la libra, que montaba entonces
doscientos y veinticinco maravedices. El cual precio pareció tan bajo al dicho
Montenegro para la estimación que se tenía en aquel tiempo de fruta tan nueva y
regalada, que, como de agravio manifiesto que se le hacía, apeló a la Real
Audiencia”.²
Esta referencia del padre Cobo contrasta con la que hace Garcilaso
de la Vega, quien afirma que la vid llegó al Perú traída por el toledano
Francisco de Caravantes, “antiguo conquistador de los primeros del Perú”. Las
cepas, según refiere, fueron de uva prieta, recogidas en las Islas Canarias.
Por otra parte informa que el primer vino producido en el Perú fue elaborado en
el Cusco, en el año de 1560, en la hacienda Marcahuasi, propiedad de Pedro
López de Cazalla. La uva fue pisada en artesa, a falta de lagar. Al decir de
Garcilaso, Cazalla fue movido a elaborar el primer vino, más por “la honra y
fama de haber sido el primero que en el Cuzco hubiese hecho vino de sus viñas”
que por “la codicia de los dineros de la joya” (dos barras de plata de
trescientos ducados cada una), “que los Reyes Católicos y el Emperador Carlos
Quinto habían mandado se diese de su real hacienda al primero que en cualquier
pueblo de españoles sacase fruto nuevo de España, como trigo, cebada, vino y
aceite en cierta cantidad”.³ Antes de Cazalla se elaboraba un vino “no del todo
tinto”, según el decir de Garcilaso, de muy baja calidad y al que se dio el
nombre de aloque o aloquillo.
Tal traslado de la viticultura a tierras del Nuevo Mundo, tuvo sus
razones. Fue expresión, por un lado, del alto aprecio de los españoles por la
vid y sus productos, y, por otro, de la necesidad de vinos ligada a la liturgia
católica. O, también, según refiere Garcilaso, “porque las ansias que los
españoles tuvieron por ver cosas de su tierra en las Indias han sido tan
boscosas y eficaces, que ningún trabajo se les ha hecho grande para dejar de
intentar el efecto de su deseo”. Así, durante las etapas iniciales de su
expansión por tierras del nuevo continente, España estimuló la siembra de la
vid en sus colonias, tal como lo indica una ordenanza del año 1522, promulgada
por la Casa de Contratación de Sevilla, y en la cual se manda “que todos los
barcos que salgan hacia el Nuevo Mundo, deberán llevar cepas”.
La vid como que germinó en tierra propicia, y fue tan exitosa su
suerte que muy pronto su cultivo se extendió por casi toda la superficie del
virreinato del Perú. Especialmente en Ica y Moquegua, donde se la cultivó en
gran escala, convirtiéndose tales zonas en los más importantes centros de
producción vitivinícola del país.
En la Crónica del Perú,⁴ publicada en 1553 y que puede ser considerada
como la más antigua fuente que informa acerca de la producción de vid en el
país, su autor, el soldado Pedro de Cieza de León refiere que vio viñas en San
Miguel de Piura, Pacasmayo, Santa, Chincha y León de Huánuco; las parras, según
dice, se aclimataron tan bien que por todo lugar propicio se las encontraba y
que por todo poblado donde hubiera españoles existían cultivos de vid.
Según testimonios de época, a mediados del siglo XVII la viticultura
no sólo estaba muy difundida, sino que ya se cosechaba gran variedad de uvas:
mollar, albilla, moscatel, blanca, negra y, como informa Cobo, “otras dos o
tres diferencias de ellas”.
Cobo da cuenta también del éxito y extensión
de la vid en el Nuevo Mundo: “Ha cundido ya esta planta por todas las Indias, y
principalmente por este reino [del Perú], de manera que en muchas partes hay
grandes pagos de viñas, y algunas tan cuantiosas que dan de quince a veinte mil
arrobas de mosto; y de sólo el vino que se cosecha (vendimia) en el
corregimiento de Ica.
Notas / Referencias bibliográficas
1.
Bernabé Cobo. Historia del Nuevo Mundo [1653]. Madrid, Biblioteca de Autores
Españoles, 1964, tomo I, p. 391. Libro X, cap. XIII. “De la vid”.
2.
Bernabé Cobo. Op. cit., pp. 391-392.
3.
Garcilaso de la Vega. Comentarios reales [1617]. Caracas, Biblioteca Ayacucho,
1976, tomo 2. Libro 9, Cap. XXV, pp. 255-258.
4.
Pedro de Cieza de León. Crónica del Perú [1551]; Madrid, Biblioteca de Autores
Españoles, 1853. Cap. LXXI.
martes, 13 de febrero de 2024
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domingo, 28 de enero de 2024
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