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lunes, 5 de octubre de 2026

San Joaquín en Ica - Perú cumple 190 años, fue bautizado por Fray Ramón Rojas.

 



Actividades del Padre Rojas en los pueblos vecinos de Ica. — Los nuevos nombres de San Isidro, San Joaquín, Santa Rosa, Guadalupe. — Iglesias y camposantos que fabrica en esos pueblecitos y en Cachiche. — Labor de Fray Ramón en Pueblo Nuevo de Ica. — En San José de los Molinos. — En El Carmen de Ica. — Buena amistad del P. Rojas con los profesores y alumnos del Colegio de Ciencias fundado por Bolívar.
En cierta ocasión el Padre Guatemala salió de Ica para visitar los pueblecitos más vecinos.
“Salió por la calle de San Juan de Dios y se fué hacia la hacienda Saraja. Era seguido de sus devotos y devotas, a quienes acostumbraba, durante el camino, contar escenas del Evangelio”, y “dirigiendo su mirada sobre estas tierras de Dios, manifestó su deseo de ver la hacienda con un nombre cristiano, proponiendo el nombre de San Isidro en lugar de Saraja. Fué prometido el cambio pero no lo aceptó el uso.
“Mejor aceptación tuvo el bautismo de otros barrios” —léase pueblecitos— “que el santo Padre hizo aquel día en su procesión más al interior de la pampa. Encontró, pues, el barrio de Saraja Chiquitín y pronunció con autoridad: “Saraja Chiquitín, desde hoy te llamarás San Joaquín”. Y cuando entró en la ranchería vecina de Arataya, el Padre le impuso el nombre de Santa Rosa, diciendo estas palabras que mucho tiempo se repitieron: “Muera Arataya y viva Santa Rosa”.
“Pues bien, en Saraja Chiquitín, convertido en S. Joaquín, el santo misionero quiso levantar un templo al nuevo protector. Como siempre, llamó a la buena voluntad de todos y convocó a fajinas (109), dando él personalmente el ejemplo de trabajo y repartiendo el pan y el huajote (110), al fin de las tareas.
“A veces iban con el Padre las cantoras Cipriana y Juana Filiberto, que para animar a la gente entonaban los mejores cánticos de su repertorio...
“Dejando por concluir la iglesia de San Joaquín, el Padre Rojas se fué hasta Cachiche, a principiar allá una iglesia. Convenía, pues, exorcizar con un templo al Altísimo ese lugar, donde el vulgo decía que las brujas endemoniadas se daban citas bajo las palmeras.
“El pueblo de Guadalupe, al pié del Cerro Prieto, recibió también muchos beneficios del santo varón, y en primer lugar el hermoso nombre que lleva” (111) en homenaje a la veneración de México; y más tarde la iglesia y el campo santo.
Pueblo Nuevo se halla a diez kilómetros de Ica y hacia el oriente de las ruinas de Tacaraca. Según tradiciones, en 1836 llegó a dicho lugar el Padre Guatemala, y cantó la primera misa en la casa municipal, pues Pueblo Nuevo carecía de iglesia y no había más sitio de oración que el oratorio particular de la familia Chacaltana, existente en Pongo Grande. Los moradores de Pueblo Nuevo jáctanse de que éste fué el lugar predilecto de Fray Ramón para sus prédicas, y afirman que les legó la actual iglesia matriz. Agregan que en la construcción de ella fué infatigable el insigne misionero, quien por sí mismo cargaba la arcilla, los adobes, etc., dando ejemplo a cuantos participaban en la operosa faena (112).
La iglesia de San Antonio, iniciada por el “Apóstol de Ica”, fué complementada en 1895 con una torre, y en 1918 se le hicieron algunas reparaciones.
Además de la familia Chacaltana que, en su residencia de Pongo Grande, agasajaba siempre al Padre Rojas, Pueblo Nuevo contaba con muchas otras familias indígenas de alguna posición económica, que brindáronle recursos para el mejor logro de sus propósitos. Tales eran las Pasache y Uculmana, Torrealva y Luque; Cabezudo, Moquillasa, Ibarra, Tipacti, etcétera. Mientras hacíase la edificación de la iglesia de Pueblo Nuevo, el Padre moró en la casa que es hoy municipal, y afírmase que por su iniciativa se perforó un pozo al lado sur del templo, el mismo que hasta la fecha suministra agua (113).
En los primeros días de Setiembre del mismo año 36, seguido de entusiastas devotos, se dirigió el ilustre guatemalteco al pueblo de San José de los Molinos, distante de Ica unos veintidós kilómetros, con el fin de dar misiones. Llevó consigo la imagen de la Virgen de Guadalupe, que extrajo de la capilla provisional que había levantado en la fábrica de Jesús María, y la condujo en andas, haciendo procesión. Detúvose ésta en el caserío de la Tinguiña para practicar algunos actos litúrgicos en la iglesia del lugar, y siguió el desfile el día siguiente, hasta Los Molinos. En tal población realizáronse las misiones y Fray Ramón se aplicó a mejorar el culto.
“Según la tradición, varias copias de la Virgen de Guadalupe que se veneran en nuestras iglesias del valle, son debidas a su pincel” (114), y una de ellas es la existente en Los Molinos, la misma que pintó el Padre después de encerrarse un día entero en la sacristía y que tuvimos oportunidad de contemplar en 1933.
En aquel entonces no había en ese pueblo, de suyo importante, un cementerio. El Padre Rojas escogió un sitio para edificarlo, dió principio a las faenas y por sí mismo empuñaba la pala a fin de preparar los trabajos preliminares. Refiere Cric (115) que D. Alonso González del Valle, de la familia de los antiguos marqueses de Campo Ameno y rico hacendado, sorprendió a Fray Ramón en tan fatigosas labores, y exclamó: “¿Cómo su paternidad se mete en estos trabajos? Deje, Padre, que yo le voy a mandar mis negros”. Y se los mandó. Pero el Padre Rojas recibía constantes llamados de Ica, y hubo de retirarse de Los Molinos sin terminar el cementerio. Tal obra prosiguióla el P. Manuel Clivillé, de la misma religión franciscana.
De entre las gentes que en San José de Los Molinos fueron distinguidas con la estimación del Padre Guatemala, es digna de mención la familia del honrado labriego Francisco Pinto, cuyo vástago, Tomasito, es señalado como modelo de virtudes y acerca de cuya vida, cortísima, se relatan hechos sorprendentes (116).
De Los Molinos se dirigió el Padre a El Carmen, pueblo poco distante de Guadalupe. Fray Ramón y sus compañeros de convento hicieron proficuas misiones allí, y acometieron la edificación de un cementerio y de una rústica iglesita con sólo muros de adobes con alma de huarango y techo de paja y caña de Guayaquil. Esta iglesita es hoy la sacristía del templo nuevo; y relatos tradicionales dan a saber que al observar el Padre que la antigua efigie de la Virgen del Carmen suscitaba rivalidades en el lugar, dijo a los moradores: “Hijos míos, yo os traeré una bellísima Patrona, que sea la madre y protectora de todos vosotros”, promesa que, poco más tarde, quedó cumplida, pues hizo venir la escultura de tamaño natural que obra en el altar mayor de la actual iglesia (117).
En Diciembre de 1836 retornó Fray Ramón a Ica, a fin de concurrir, como lo tenía prometido, a los certámenes de fin de curso del Colegio de Ciencias, de cuyos profesores y alumnos —el Director era el presbítero Cora— fué amigo sincero y afectuoso (118).
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109).—El Léxico registra la voz fajina como sinónima de faena. Pero en determinadas comarcas del Perú, la fajina es trabajo colectivo y gratuito que hace el pueblo en beneficio de determinada obra de interés público. Malaret, en su "Diccionario de Americanismos", nos hace saber que en Cuba la fajina es la "faena o trabajo que se hace en horas extraordinarias".
110).—Huajote, o más propiamente guajote, es voz que hemos definido así en nuestro libro "Hacia el gran Diccionario de la lengua española" (Buenos Aires, 1942): "mezcla de maní tostado y sin cáscara, nueces, trozos de coco, confites de anís, almendras y pasas, y se le suele agregar maíz y frejolitos tostados. Se dice que el guajote fué introducido en Ica, hace más de un siglo, por el franciscano guatemalteco Fray José Ramón Rojas, más conocido como el Padre Guatemala".
111).—Enrique Perruquet: "Fray Ramón levanta iglesias", art. cit. El pueblo de Guadalupe, antes del Padre Guatemala denominado Cerro Prieto, es capital del distrito de Salas, por ley de 4 de Febrero de 1925, y es paradero de la línea férrea que une a Ica con Pisco. El distrito se llama Salas, en recuerdo del General Juan José Salas, amigo de Fray Ramón.
112).—Véanse, en "La Voz de San Jerónimo" de Ica, números 204, 218 y 243, las correspondencias de Pueblo Nuevo, subscriptas por "Hyup", pseudónimo del preceptor de Los Aquijes, D. Pedro Uchuya y H.
113).—Véase en "La Voz de San Jerónimo" Nº 243, el artículo indicado en la nota anterior.
114).—E. Perruquet: "Del terruño: Fray Ramón en Molinos", artículo publicado en los números 39 y 40 de la revista iqueña "La Voz de San Jerónimo".
115).—Perruquet: el artículo de la nota 114.
116).—Ya se verá ello en nuestro volumen "Recuerdos del Padre Guatemala". Consúltese, en el Nº 41 de "La Voz de San Jerónimo", el artículo del Padre Perruquet: "Un discípulo aprovechado de Fray Ramón".
117).—Véase una correspondencia de los distritos al Director de "La Voz de San Jerónimo", en el Nº 131 de dicha revista.
118).—El Colegio Nacional de San Luis Gonzaga de Ica lo fundó Bolívar por decreto supremo de 1º de Junio de 1826; se le denominó Colegio de Ciencias, y fué interinamente su primer Rector don Isidro Caravedo. El Dr. José Valerio Cora fué también Rector del Colegio hasta 1832, en que, el 6 de Septiembre, lo reemplazó el Dr. José Lira. Parece que con posterioridad ejerció el Rectorado del Colegio el señor Cora, pues así lo dice la falsa carátula de la afamada oración fúnebre de 5 de Septiembre de 1839, en las exequias del R. P. Rojas: "Cura de Luren y Rector del Colegio de Ciencias". En el Colegio de Ciencias, llamado también "Colegio de Ciencias de Institución Bolivariana", se enseñaba Filosofía, Jurisprudencia y Matemáticas, afirma el Dr. Leoncio Maldonado en su artículo "Nuestro Colegio Nacional" ("La Voz de San Jerónimo", Nº 86). Desde la dación del decreto supremo de 25 de Mayo de 1862, se concita a la enseñanza secundaria.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

"Caciques y Templos de Ica".

                                                          


INTRODUCCIÓN

Este trabajo fue preparado con ocasión del Primer Congreso Interamericano de Historia y Arte Religioso que se celebró en la Ciudad de Buenos Aires, del 22 al 27 de Octubre de 1952; y lo presentamos, en nuestro carácter de Delegado por la Diócesis de Ica, a los organismos técnicos de la Comisión Organizadora del referido Congreso. El autor ha recibido antedaladamente las felicitaciones por la importancia y consideración del dicho trabajo intitulado entonces "Datos Históricos de la Diócesis de Ica".

Por insinuaciones de nuestros amigos, amantes de la cultura e intelectuales de la legendaria Ciudad Iqueña, después de haber expuesto en una charla que diera el autor en el local artístico de "La Peña-Pacheco" sobre una parte del citado tema que correspondía casualmente a los "Cacicazgos de Ica", nos vimos obligados, salvando muchas dificultades de orden económico, dar publicidad al presente libro con el nombre de: "Caciques y Templos de Ica".

La obra ante esta decision nuestra ha sido revisada, aumentada y corregida y dividida en capítulos especiales en los que nos ocuparemos preferencialmente de las dinastías que gobernaron los cuatro Repartimientos del Corregiminto de Ica, como: Chincha, Pisco, Ica y Cajamarca. Las fuentes de que nos hemos valido han sido las originales o primarias que constituyen los documentos contemporáneos que tienen más valor que las secundarias o de segunda mano. Esas fuentes primarias son los protocolos notariales más antiguos de Ica, de Francisco de Vera (año 1546); de Alonso Valencia (1556); de Pedro de Lizón (1547); de Tomás de Vallejos (1568); de García de Córdova (1582); de Fernando de Carvajal (1589); de Juan de Velasco (1605); de Tomás Ruiz (1611); de Mateo de Arce (1630); de José Antonio Silva (1702); de Manuel Pérez (1796); cuyos documentos paleográficos, en su mayor parte, están en el Archivo Nacional de Lima (Perú). Siguiendo el método de la Heurística, al escribir este capítulo, para la historia de Ica, hemos hecho poco caso de las fuentes orales que son producto imaginario del vulgo que trata más bien de nublar los hechos o fuentes originales cubriendo de matices irrisorios como aquel caso cuando llegó Bolívar a Ica. Se dice que un indígena de San Juan Bautista, apellidado Espino, se presentó ante el Libertador cargados sus pies de cadenas pidiendo un Colegio de Ciencias. ¡Oh, tremenda farsa! como aquella idea extravagante del sueño que tuvo San Martín en Paracas da una parvada de flamencos de plumajes rojo y blanco, para dar origen a nuestra bandera nacional.

Como no puede haber Historia integral peruana sin tratar de Historia Eclesiástica, ya que a la Iglesia Católica, especialmente en América, le cupo desempeñar uno de los más importantes y delicados problemas de la Catequización, que sin ella tal vez había fracasado toda tentativa de conquista, y mucho más en el Perú, con un puñado de hombres o soldados aventureros que cometieron muchas veces una serie de injusticias, las que fueron condenadas casi siempre por los misioneros de Cristo. No somos partidarios de los que afirman que la Fe en América se haya cimentado con la espada mefistofélica o sanguinaria. La Iglesia verdadera fundada por Cristo, jamás usará de las armas para conseguir adeptos de su causa redentora, que es todo amor, caridad, sacrificio y ternura. En lo que se refiere al Departamento de Ica, la cultura y la fe cristianas están plasmadas como un sello indeleble en sus templos. De ahí, que no podemos hablar de la historia de Ica sin hacer mención de su organización religiosa; fuente de progreso y civilización de los pueblos. Las parroquias en la jurisdicción iqueña se erigieron en los primeros núcleos de pueblos reducidos. Prescindir de ellas, sería olvidar parte esencial de su historia. Las órdenes religiosas, con especialidad la de los Franciscanos, fueron los pioneros en la vida parroquial iqueñense. Lamentamos no precisar la fecha y año de erección de cada parroquia, por cuanto nos ha sido imposible encontrar las fuentes primarias de los decretos expedidos por el primer Arzobispo de Lima, Fr. Jerónimo de Loaiza, los cuales, posiblemente, deben existir en la Biblioteca del Vaticano de Roma o en el Archivo Eclesiástico Limense, en los que se guardan importantes documentos de la Historia Eclesiástica del Perú. Por falta de partida económica especial, para catalogar los documentos en orden cronológico separándolos por legajos y títulos y cuadernos, están, en su mayor parte, algo descuidados. Sin embargo, a penúltima hora, han llegado a nuestras manos, como fuente primaria de investigación, las Constituciones del Primer Concilio Provincial Limense (año 1551), publicado por el historiador R. P. Rubén Ugarte, que nos han servido para coordinar algunos hechos relacionados con la erección de parroquias.

Asimismo, hablamos de la erección política de Ica, remontándonos a la formación de los primeros pueblos coloniales; de la fundación de la Villa de Valverde y la erección en Ciudad de Ica, respaldados con nuevos documentos que vienen a rectificar ciertos errores.

La publicación modesta en sí, pero sincera de este libro tiende a incrementar la historia bibliográfica de la benemérita ciudad iqueña como fuente de orientación para posteriores estudios, o para celebrar, el año de 1963, el cuarto centenario de la Erección de la Villa de Valverde del Valle de Ica. No tenemos la pretensión de haber tratado todos sus problemas de orden histórico. Sabemos que en esta obra existen lagunas, porque no es tarea hacedera a la capacidad de un hombre, lo que sería fácil el trabajo por equipos. Nuestro afán con todo ha sido de privaciones y sacrificios y desvelos. A esto se suma, que a más de haber trabajado buscando datos dispersos en diferentes archivos notariales, en bibliotecas particulares y nacionales, tenemos que afrontar todavia el problema económico para su impresión. Sentimos mucho que en nuestro país no existen oficinas de divulgación histórica o se encarguen de editar libros nacionales, de toda índole del saber humano. Si así sucediera serviría para contrarrestar la enorme afluencia de libros extranjeros que invaden los escaparates de las bibliotecas del país con meñoscabo de nuestra cultura; libros que en su mayoría no estudian ni entienden los problemas que estén a tono con nuestras necesidades espirituales o sociales. No ignoramos que existe un departamento de Extensión Cultural del Ministerio de Educación que provoca concursos de historia, litratura y arte, y ciencias afines, cada año, premiando con la irrisoria suma de cinco mil soles al mejor trabajo. Esta dependencia del Estado, que debe reformarse, en la mayoría de los casos, está supeditada a recomendaciones que dan orígen, necesariamente, a melegar trabajos de importancia después de haber dormido éstos en poder de la Comisión censora un año, con grave perjuicio de sus autores.

En consecuencia, los escritores nacionales que trabajan sin apoyo del Estado, cuando menos, deben tener una ayuda para la publicación de sus obras. En este estado de cosas, sin esperanzas de ser recompensados los sacrificios empleados en conseguir materiales, sale a luz este libro con el único propósito de divulgar uno de los acervos históricos de nuestro patrimonio nacional.

P. A. R. C
Año 1954

miércoles, 15 de julio de 2026

LUGARES PROPICIOS A LA VID

 LUGARES PROPICIOS A LA VID





La Costa1, que se inicia en el litoral, a orillas del mar Pacífico, está conformada por la faja que termina en las estribaciones occidentales de la Cordillera de los Andes. Esta extensa planicie, de ancho variable, es recorrida por pequeños ríos que bajan por la pendiente andina y van a dar a la mar. Tales ríos, de aguas presurosas y periódicas, interrumpen la aridez de la Costa y generan fértiles valles, donde están ubicadas las principales ciudades costeras del Perú.
A partir de la segunda mitad del siglo XX, el creciente proceso de urbanización ha mermado ostensiblemente las áreas tradicionalmente dedicadas a la agricultura. Sin embargo, en la Costa se han preservado importantes áreas agrícolas, especialmente en los casos en que sus productos han estado asociados a procesos industriales. Así ha ocurrido con el cultivo de la vid en los departamentos de Lima, Ica, Arequipa, Moquegua y Tacna, donde se encuentran las áreas vitivinícolas más amplias del país, tales como: Supe, Pativilca, Barranca, Sayán, Chancay, Huaral, La Esperanza, Carabayllo, Ate, Lurín, Puente Piedra, Pachacamac, Mala, Cañete, Lunahuaná, Pacarán, Zúñiga, Chincha, Pisco, Palpa, Ica, Ingenio, Nazca, Caraveli, Cháparra, Majes, Sihuas, Vítor, Tiabaya, Omate, Moquegua, Cinto, Locumba y Tacna. Si bien estos lugares son los mayores productores de vid, cabe señalar que ésta se cultiva también en algunos valles de la Costa norte, así como en ciertos valles templados de la región andina.
En efecto, las mejores condiciones climáticas para el desarrollo de la actividad vitícola se presentan a partir de Pativilca hasta Tacna. Es en esta faja donde se hallan los viñedos más importantes del país, tanto por su extensión, volumen de producción y calidad de sus productos, como por el desarrollo de las actividades industriales conexas. De toda esta zona, son los valles de Pisco e Ica los que presentan características ecológicas más apropiadas para el desarrollo de la actividad vitícola. Su clima es semicálido y las precipitaciones pluviales son escasas, oscilando entre los 2 mm. anuales en el desierto costanero, y más de 80 mm. en la zona de pie de monte andino. Las temperaturas medias son saludablemente uniformes: sobrepasan los 20°C durante los meses de enero a abril, y no bajan de los 10°C en los meses de mayo a setiembre. La humedad atmosférica en el valle de Ica, presenta promedios inferiores a otros valles de la Costa central, lo cual es altamente favorable para el cultivo de la vid. La insolación promedio anual es superior a las existentes en otros oasis de la Costa, lo que resulta ventajoso para asegurar un alto índice glucométrico de los frutos.
Estos factores climáticos, favorables a la actividad vitícola, se suman a las características topográficas de la región. Las tierras que ocupa el cultivo de la vid en Ica y otros oasis de la Costa central y sur, son uniformes, con pendientes suaves. La composición de los suelos es de la más alta calidad: muy homogénea, de textura media, muy porosa y de buena permeabilidad, permitiendo una adecuada velocidad de infiltración al agua. Su alto contenido de arena hace que los suelos irradien intenso calor por refracción de los rayos solares, especialmente durante el verano, lo que redunda en un mayor contenido de glucosa en las uvas, propiedad favorable para la elaboración de vinos y piscos de óptima calidad.
En los sectores altos de los valles cañetanos de Lunahuaná, Pacarán, Zúñiga, también de Pisco, Chincha y Nazca se presentan inmejorables condiciones para la viticultura, debido a que su clima es similar al descrito para el valle de Ica: la temperatura media anual es de 20.5°C, con un bajo porcentaje de humedad relativa, mínima nubosidad y, en consecuencia, mayor promedio diario de horas de sol. Todos estos factores permiten obtener frutos de un alto índice glucométrico, que puede llegar a ser de 16 grados, óptimo para la elaboración de piscos y vinos generosos.
En la extensión costera que va desde Pativilca hasta Tacna, se cultiva las siguientes variedades de uva: Quebranta, Negra Corriente, Italia, Albilla, Borgoña (Isabella), Malbeck, Alicante Bouchet, Moscatel, Cabernet, Sauvignon, Grenache, Barbera y Chenin (Pinot de la Loire). En menor cuantía, también existen sembríos de Moscato de Hamburgo, Palomino, Semillón Riesling, Cabernet Franc, Carignane, Emperatriz Cardinal, Ruby Cabernet, Pinot Blanc, Alfonso Lavalle (Alphonse Lavalier), Thompson Seedless (Sultanina), Pinot y Rosa del Perú.
De lo dicho se desprende que en la Costa central y sur del Perú, la naturaleza presenta condiciones altamente propicias para el desarrollo de la viticultura. Pero ello es solamente un aspecto que no explica completamente el sostenido impulso de la industria vitivinícola peruana y la calidad de sus productos. El historiador Lorenzo Huertas señala que “la calidad peculiar del vino y del aguardiente se debe no sólo al español que trajo y sembró la vid, sino también al indígena y a su milenaria experiencia en la cerámica y en la preparación de diversos tipos de bebidas espirituosas, y al forastero africano que rápidamente aprendió las técnicas del cultivo de la vid, de la elaboración del vino y que no se quedó atrás en cuanto a la fabricación de piscos y botijas peruleras. El otro factor matriz fue la tierra que acondicionada por climas específicos y requiebros sísmicos, reproducía sus frutos”.2
___________________
1 En este punto se glosa la descripción de la Costa peruana que ofrece el doctor Carlos Peñaherrera del Águila en la obra Geografía General del Perú. Tomo I. Aspectos Físicos. Lima, 1986.
2 Lorenzo Huertas. Op. cit., p. 15.

LLEGADA DE LA VID AL PERÚ

 

LLEGADA DE LA VID AL PERÚ



Sin asomo de duda, el padre Bernabé Cobo afirmaba: “La planta más provechosa y necesaria que los españoles han traído y plantado en este Nuevo Mundo es la vid”;¹ y a renglón seguido referirá del Perú: “donde primero se plantaron parras en él y se dieron uvas fue en esta ciudad de Lima, a la cual el primero que trajo y plantó la vid fue uno de sus primeros pobladores, llamado Hernando de Montenegro; y el primer año que cogió abundancia de uvas para vender fue el de 1551, y se las puso al licenciado Rodrigo Niño, que a la sazón era fiel ejecutor, a medio peso de oro la libra, que montaba entonces doscientos y veinticinco maravedices. El cual precio pareció tan bajo al dicho Montenegro para la estimación que se tenía en aquel tiempo de fruta tan nueva y regalada, que, como de agravio manifiesto que se le hacía, apeló a la Real Audiencia”.²

Esta referencia del padre Cobo contrasta con la que hace Garcilaso de la Vega, quien afirma que la vid llegó al Perú traída por el toledano Francisco de Caravantes, “antiguo conquistador de los primeros del Perú”. Las cepas, según refiere, fueron de uva prieta, recogidas en las Islas Canarias. Por otra parte informa que el primer vino producido en el Perú fue elaborado en el Cusco, en el año de 1560, en la hacienda Marcahuasi, propiedad de Pedro López de Cazalla. La uva fue pisada en artesa, a falta de lagar. Al decir de Garcilaso, Cazalla fue movido a elaborar el primer vino, más por “la honra y fama de haber sido el primero que en el Cuzco hubiese hecho vino de sus viñas” que por “la codicia de los dineros de la joya” (dos barras de plata de trescientos ducados cada una), “que los Reyes Católicos y el Emperador Carlos Quinto habían mandado se diese de su real hacienda al primero que en cualquier pueblo de españoles sacase fruto nuevo de España, como trigo, cebada, vino y aceite en cierta cantidad”.³ Antes de Cazalla se elaboraba un vino “no del todo tinto”, según el decir de Garcilaso, de muy baja calidad y al que se dio el nombre de aloque o aloquillo.

Tal traslado de la viticultura a tierras del Nuevo Mundo, tuvo sus razones. Fue expresión, por un lado, del alto aprecio de los españoles por la vid y sus productos, y, por otro, de la necesidad de vinos ligada a la liturgia católica. O, también, según refiere Garcilaso, “porque las ansias que los españoles tuvieron por ver cosas de su tierra en las Indias han sido tan boscosas y eficaces, que ningún trabajo se les ha hecho grande para dejar de intentar el efecto de su deseo”. Así, durante las etapas iniciales de su expansión por tierras del nuevo continente, España estimuló la siembra de la vid en sus colonias, tal como lo indica una ordenanza del año 1522, promulgada por la Casa de Contratación de Sevilla, y en la cual se manda “que todos los barcos que salgan hacia el Nuevo Mundo, deberán llevar cepas”.

La vid como que germinó en tierra propicia, y fue tan exitosa su suerte que muy pronto su cultivo se extendió por casi toda la superficie del virreinato del Perú. Especialmente en Ica y Moquegua, donde se la cultivó en gran escala, convirtiéndose tales zonas en los más importantes centros de producción vitivinícola del país.

En la Crónica del Perú,⁴ publicada en 1553 y que puede ser considerada como la más antigua fuente que informa acerca de la producción de vid en el país, su autor, el soldado Pedro de Cieza de León refiere que vio viñas en San Miguel de Piura, Pacasmayo, Santa, Chincha y León de Huánuco; las parras, según dice, se aclimataron tan bien que por todo lugar propicio se las encontraba y que por todo poblado donde hubiera españoles existían cultivos de vid.

Según testimonios de época, a mediados del siglo XVII la viticultura no sólo estaba muy difundida, sino que ya se cosechaba gran variedad de uvas: mollar, albilla, moscatel, blanca, negra y, como informa Cobo, “otras dos o tres diferencias de ellas”.

Cobo da cuenta también del éxito y extensión de la vid en el Nuevo Mundo: “Ha cundido ya esta planta por todas las Indias, y principalmente por este reino [del Perú], de manera que en muchas partes hay grandes pagos de viñas, y algunas tan cuantiosas que dan de quince a veinte mil arrobas de mosto; y de sólo el vino que se cosecha (vendimia) en el corregimiento de Ica.

Notas / Referencias bibliográficas

1. Bernabé Cobo. Historia del Nuevo Mundo [1653]. Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1964, tomo I, p. 391. Libro X, cap. XIII. “De la vid”.

2. Bernabé Cobo. Op. cit., pp. 391-392.

3. Garcilaso de la Vega. Comentarios reales [1617]. Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1976, tomo 2. Libro 9, Cap. XXV, pp. 255-258.

4. Pedro de Cieza de León. Crónica del Perú [1551]; Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1853. Cap. LXXI.

martes, 13 de febrero de 2024

La leyenda de Cerro Prieto

 La leyenda de Cerro Prieto

Cerro Prieto visto desde el bus, ahora rodeado de casas


Se dice que en una montaña de Cerro Prieto, cerca de Guadalupe habita un malvado monstruo con forma de piedra. El motivo de que este ser viviese ahí era por ciertos rituales prehispánicos, porque los cerros eran dioses de los Yungas, los españoles ahora relacionan al cerro con el diablo, de esta forma evitan que se siga adorando al Wamani, por eso se piensa que los pobladores de los llanos calientes animaron al demonio a asentarse en aquella montaña, unas de las pocas de piedra con dirección al mar, el resto son dunas de arena.
Con la llegada de los españoles, comenzó la evangelización en la costa y a todo cerro le ponían cruces en la cima, fue por eso que los nativos pidieron a los sacerdotes que ahuyentasen a aquel ser maligno que algún día haría estallar la montaña y los mataría a todos.
En Ica, hay relatos que indican que Fray Ramón Rojas, un santo de origen guatemalteco famoso por sus milagros, salía muy menudo a la campiña iqueña llevando la imagen de la Virgen de Guadalupe, este santo varón incluso quiso cambiarle de nombre al cerro Saraja, un día llegó por Cerro Prieto para bendecirlo y liberarlo de todo mal.

domingo, 28 de enero de 2024

¿Por qué se le llama Pisco?

Pisco es un palabra QUECHUA
Su significado es ave... "páxaro, generalmente. Si nos vamos a la parte histórica el nombre o topónimo es prehispánico. Los Incas al conquistar los llanos o zona costera, cerca al mar o hurin, lo hicieron siguiendo la ruta del cóndor. Empezaron por Vilcashuamán, luego Huaytará, en ese entonces entraron por Ticrapo, siguieron bajando y encontraron el inmenso valle que denominaron cóndor. El cóndor fue el primer pájaro gigante que dio el apelativo al valle. Linguísticamente se identificaba al cóndor con el pájaro andino, los naturales del lugar, los yungas, ya bastantes quechualizados, lo llamaron pisco, haciendo el vocablo extensivo a las muchas aves terrestres y marinas de la región iqueña. El valle del cóndor se convirtió en el valle del pájaro gigante o el valle de los pájaros menores, que abundan en la playa y el mar.
Entre 1824 y 1827, recorre el país Hugh S. Salvín, en 1829 el inglés publica sus vivencias. En el "Diario del Perú", texto considerado como primer documento escrito en el que se consigna al aguardiente de uva con el nombre del puerto que le daba salida. "La ciudad de Pisco, casi a una milla de la playa, está construida como todas las ciudades del Perú: una gran plaza en el centro, con calles que emergen en ángulos rectos. Este distrito es conocido por la fabricación de un licor fuerte que lleva el nombre de la ciudad; se le destila de la uva en el campo, hacia la sierra, a unos cinco a seis leguas de distancia"....



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