El silencio no es una palabra escrita sobre una pared, es una canción solitaria con el viento que no se detiene en el medio de un infierno. Silencio señores grandes, que despiertan las historias. León Gieco.
lunes, 5 de octubre de 2026
San Joaquín en Ica - Perú cumple 190 años, fue bautizado por Fray Ramón Rojas.
miércoles, 30 de septiembre de 2026
"Caciques y Templos de Ica".
INTRODUCCIÓN
Este trabajo fue preparado con ocasión del
Primer Congreso Interamericano de Historia y Arte Religioso que se celebró en
la Ciudad de Buenos Aires, del 22 al 27 de Octubre de 1952; y lo presentamos,
en nuestro carácter de Delegado por la Diócesis de Ica, a los organismos
técnicos de la Comisión Organizadora del referido Congreso. El autor ha
recibido antedaladamente las felicitaciones por la importancia y consideración
del dicho trabajo intitulado entonces "Datos Históricos de la Diócesis de
Ica".
Por insinuaciones de nuestros amigos,
amantes de la cultura e intelectuales de la legendaria Ciudad Iqueña, después
de haber expuesto en una charla que diera el autor en el local artístico de
"La Peña-Pacheco" sobre una parte del citado tema que correspondía
casualmente a los "Cacicazgos de Ica", nos vimos obligados, salvando
muchas dificultades de orden económico, dar publicidad al presente libro con el
nombre de: "Caciques y Templos de Ica".
La obra ante esta decision nuestra ha sido
revisada, aumentada y corregida y dividida en capítulos especiales en los que
nos ocuparemos preferencialmente de las dinastías que gobernaron los cuatro
Repartimientos del Corregiminto de Ica, como: Chincha, Pisco, Ica y Cajamarca.
Las fuentes de que nos hemos valido han sido las originales o primarias que
constituyen los documentos contemporáneos que tienen más valor que las
secundarias o de segunda mano. Esas fuentes primarias son los protocolos
notariales más antiguos de Ica, de Francisco de Vera (año 1546); de Alonso
Valencia (1556); de Pedro de Lizón (1547); de Tomás de Vallejos (1568); de
García de Córdova (1582); de Fernando de Carvajal (1589); de Juan de Velasco
(1605); de Tomás Ruiz (1611); de Mateo de Arce (1630); de José Antonio Silva
(1702); de Manuel Pérez (1796); cuyos documentos paleográficos, en su mayor
parte, están en el Archivo Nacional de Lima (Perú). Siguiendo el método de la
Heurística, al escribir este capítulo, para la historia de Ica, hemos hecho
poco caso de las fuentes orales que son producto imaginario del vulgo que trata
más bien de nublar los hechos o fuentes originales cubriendo de matices
irrisorios como aquel caso cuando llegó Bolívar a Ica. Se dice que un indígena
de San Juan Bautista, apellidado Espino, se presentó ante el Libertador cargados
sus pies de cadenas pidiendo un Colegio de Ciencias. ¡Oh, tremenda farsa! como
aquella idea extravagante del sueño que tuvo San Martín en Paracas da una
parvada de flamencos de plumajes rojo y blanco, para dar origen a nuestra
bandera nacional.
Como no puede haber Historia integral
peruana sin tratar de Historia Eclesiástica, ya que a la Iglesia Católica,
especialmente en América, le cupo desempeñar uno de los más importantes y
delicados problemas de la Catequización, que sin ella tal vez había fracasado
toda tentativa de conquista, y mucho más en el Perú, con un puñado de hombres o
soldados aventureros que cometieron muchas veces una serie de injusticias, las
que fueron condenadas casi siempre por los misioneros de Cristo. No somos
partidarios de los que afirman que la Fe en América se haya cimentado con la
espada mefistofélica o sanguinaria. La Iglesia verdadera fundada por Cristo,
jamás usará de las armas para conseguir adeptos de su causa redentora, que es
todo amor, caridad, sacrificio y ternura. En lo que se refiere al Departamento
de Ica, la cultura y la fe cristianas están plasmadas como un sello indeleble
en sus templos. De ahí, que no podemos hablar de la historia de Ica sin hacer
mención de su organización religiosa; fuente de progreso y civilización de los
pueblos. Las parroquias en la jurisdicción iqueña se erigieron en los primeros
núcleos de pueblos reducidos. Prescindir de ellas, sería olvidar parte esencial
de su historia. Las órdenes religiosas, con especialidad la de los
Franciscanos, fueron los pioneros en la vida parroquial iqueñense. Lamentamos no
precisar la fecha y año de erección de cada parroquia, por cuanto nos ha sido
imposible encontrar las fuentes primarias de los decretos expedidos por el
primer Arzobispo de Lima, Fr. Jerónimo de Loaiza, los cuales, posiblemente,
deben existir en la Biblioteca del Vaticano de Roma o en el Archivo
Eclesiástico Limense, en los que se guardan importantes documentos de la
Historia Eclesiástica del Perú. Por falta de partida económica especial, para
catalogar los documentos en orden cronológico separándolos por legajos y
títulos y cuadernos, están, en su mayor parte, algo descuidados. Sin embargo, a
penúltima hora, han llegado a nuestras manos, como fuente primaria de investigación,
las Constituciones del Primer Concilio Provincial Limense (año 1551), publicado
por el historiador R. P. Rubén Ugarte, que nos han servido para coordinar
algunos hechos relacionados con la erección de parroquias.
Asimismo, hablamos de la erección política
de Ica, remontándonos a la formación de los primeros pueblos coloniales; de la
fundación de la Villa de Valverde y la erección en Ciudad de Ica, respaldados
con nuevos documentos que vienen a rectificar ciertos errores.
La publicación modesta en sí, pero sincera
de este libro tiende a incrementar la historia bibliográfica de la benemérita
ciudad iqueña como fuente de orientación para posteriores estudios, o para
celebrar, el año de 1963, el cuarto centenario de la Erección de la Villa de
Valverde del Valle de Ica. No tenemos la pretensión de haber tratado todos sus
problemas de orden histórico. Sabemos que en esta obra existen lagunas, porque
no es tarea hacedera a la capacidad de un hombre, lo que sería fácil el trabajo
por equipos. Nuestro afán con todo ha sido de privaciones y sacrificios y
desvelos. A esto se suma, que a más de haber trabajado buscando datos dispersos
en diferentes archivos notariales, en bibliotecas particulares y nacionales,
tenemos que afrontar todavia el problema económico para su impresión. Sentimos
mucho que en nuestro país no existen oficinas de divulgación histórica o se
encarguen de editar libros nacionales, de toda índole del saber humano. Si así
sucediera serviría para contrarrestar la enorme afluencia de libros extranjeros
que invaden los escaparates de las bibliotecas del país con meñoscabo de
nuestra cultura; libros que en su mayoría no estudian ni entienden los
problemas que estén a tono con nuestras necesidades espirituales o sociales. No
ignoramos que existe un departamento de Extensión Cultural del Ministerio de
Educación que provoca concursos de historia, litratura y arte, y ciencias
afines, cada año, premiando con la irrisoria suma de cinco mil soles al mejor
trabajo. Esta dependencia del Estado, que debe reformarse, en la mayoría de los
casos, está supeditada a recomendaciones que dan orígen, necesariamente, a
melegar trabajos de importancia después de haber dormido éstos en poder de la
Comisión censora un año, con grave perjuicio de sus autores.
En consecuencia, los escritores nacionales
que trabajan sin apoyo del Estado, cuando menos, deben tener una ayuda para la
publicación de sus obras. En este estado de cosas, sin esperanzas de ser
recompensados los sacrificios empleados en conseguir materiales, sale a luz
este libro con el único propósito de divulgar uno de los acervos históricos de
nuestro patrimonio nacional.
miércoles, 5 de agosto de 2026
EL ORIGEN DE LOS COLORES DE NUESTRA BANDERA
EL ORIGEN DE LOS COLORES DE NUESTRA BANDERA
Algunos escritores contemporáneos mal
informados, hacen imaginar que el móvil que inspiró al Generalísimo San Martín,
en su cuartel General de Pisco, para dar al Perú las insignias de su libertad,
fue una barbada de flamencos que apareció en el cielo de las playas de Pisco, y
que al despegar éstos sus alas dejando ver el plumaje blanco del pecho y el
rojo de sus alas. Esta apreciación es una de las tantas y falsas tradiciones
que no caben en la Historia. Es producto de la fantasía y de la ignorancia.
El hecho de haber decretado San Martín el día 21 de Octubre de 1820, la
creación de la bandera y el escudo nacionales, símbolos de la Independencia,
está cimentado en la primera acción de armas del ejército libertador. El general Alvarez de Arenales, con fecha
20 de Octubre, confirma a San Martín antes de marchar a la Sierra, la primera
victoria obtenida en la batalla de Nazca con saldo de varios muertos y heridos
entre soldados chilenos y argentinos (112). Esta noticia, que llenaría de
alborozo y entusiasmo las fibras del corazón patriótico de San Martín, no tuvo
otro medio, para honrar la sangre vertida de sus mártires en el suelo
legendario de Nasca, que establece la
primera bandera bicolor uniendo el símbolo rojo de la bandera chilena con el
blanco de la de Argentina y con íntima fruición, con el laurel verdoso de
la victoria, bajo un sol naciente por las cumbres andinas que se elevan sobre
las tranquilas aguas del Mar Pacífico (113). De igual forma, San Martín, desde
su cuartel general de Huaura, el 13 de diciembre de 1820, al saber el triunfo
de la División de Alvarez de Arenales en la batalla del 6 de diciembre, en el
cerro mineral de YAURICOCHA, (Cerro de Pasco) en la que fue derrotado el
brigadier realista O'Reilly, decretó, mandando crear una medalla que decía: “A
los vencedores de Pasco”.
P. ALBERTO ROSSEL CASTRO
(112) Manuel de Odriozola — Colección de
Documentos Históricos del Perú, T. IV. (1820). Escribe Arenales a San Martín:
“Ica, 20 de Octubre de 1820. La estimable de U. fechada de “ayer en
contestación de la mía referente al suceso victorioso de Nasca, honra demasiado
a la “tropa aquien se debe aquel resultado, pero mucho más a mí que no me rezco
cuanto se me “favorece...”
(113) M. Felipe Paz Soldán — Historia
del Perú Independiente, 1er Período 1819 - 1822, pág. 75. (Lima, 1848) Léase el
Decreto..
viernes, 21 de noviembre de 2025
Ensayo "El silencio protege al agresor, no a la víctima
El silencio protege al agresor, no a la
víctima.
Hoy en día escuchamos muchas veces la frase “No a la
violencia contra la mujer”, pero decirlo no es suficiente si no hacemos
algo para que realmente cambie nuestra sociedad, es el momento de actuar, de
hacerle frente a la violencia abrazados todos los que amamos la paz. La
violencia de género no es solo un problema del Perú, sino del mundo entero,
pero nuestro país sigue siendo uno de los más afectados. Muchas mujeres todavía
viven con miedo dentro de sus propios hogares, cuando deberían vivir en paz,
libremente y con respeto.Como estudiantes, también tenemos un papel importante
en esta lucha.
Cuando hablamos de violencia contra la mujer, muchas
personas piensan solo en golpes, pero no es así. La violencia puede ser
psicológica, física, sexual, económica, verbal y digital (como el acoso por
redes sociales). A veces un insulto, un grito o una humillación dañan más
que un golpe. También existe la violencia que busca controlar: cuando alguien
decide con quién puede hablar una mujer, cómo debe vestir o qué hacer con su
dinero. Eso también es violencia, solo que más silenciosa.
En el Perú, las cifras son alarmantes. Cada día, muchas
mujeres denuncian agresiones, y otras ni siquiera pueden denunciar por miedo,
vergüenza o falta de apoyo. Lo más triste es que, en la mayoría de casos, el
agresor es alguien cercano: esposos, enamorados, padres, tíos o conocidos,
sobretodo el padrastro, ya que la familia se quiebra tempranamente, iniciando
la madre otra relación. Eso demuestra que la violencia no es un problema de
desconocidos, sino un problema social y familiar. Esta realidad nos obliga a
pensar: ¿qué estamos haciendo como país para detenerla? ¿Y qué estamos
haciendo nosotros como jóvenes?
Para acabar con la violencia, no basta con castigar a los
agresores, tenemos que educar desde edades tempranas en valores como el
respeto, la igualdad y la empatía. No nacemos violentos; la violencia se
aprende, se normaliza y se repite. Si un niño crece viendo que maltratar
está “permitido”, puede convertirse en un agresor en el futuro. Pero si
crecemos aprendiendo que hombres y mujeres valemos lo mismo, entonces
construiremos una sociedad sin miedo.
La lucha contra la violencia hacia la mujer también
implica cuestionar nuestras costumbres, nuestro lenguaje y la forma en que
convivimos. Una frase machista, una burla “de broma”, un comentario que
minimiza a una mujer o una actitud que la hace sentir inferior, son también formas
de violencia que hemos normalizado sin darnos cuenta. Erradicar esta realidad
no significa solo castigar al agresor, sino transformar la cultura que lo
permite. Necesitamos aprender a relacionarnos con respeto, dejando atrás la
idea de que alguien tiene derecho a controlar, ordenar o decidir sobre otra
persona. Cuando una mujer es escuchada, apoyada y valorada, puede crecer,
estudiar, soñar y transformar su entorno. Proteger a las mujeres no es un favor
ni un acto de compasión: es una obligación moral que nos convierte en
ciudadanos responsables y en seres humanos verdaderamente justos. Solo así
podremos construir un país donde la libertad no sea un privilegio, sino un
derecho garantizado para todas.
En Santa Cruz de Flores, aunque no tengamos tantos casos
visibles como en ciudades grandes, eso no significa que debamos quedarnos
tranquilos. Al contrario, debemos actuar antes de que la violencia ocurra.
Nuestro colegio puede ser un lugar de cambio. Como estudiantes de 5to de
secundaria, podemos proponer campañas de respeto, charlas, actividades
artísticas, murales o marchas locales. Podemos usar redes sociales para
mensajes positivos. Podemos escuchar y acompañar a quien sufre.
También las autoridades locales podrían ayudar. La
municipalidad puede organizar talleres para familias, charlas sobre manejo de
emociones, asesorías psicológicas gratuitas o campañas en fiestas y eventos
públicos. La violencia no se combate solo con leyes, también con prevención y
educación emocional.
Como joven y estudiante, yo también tengo una
responsabilidad. No puedo cambiar el Perú entero, pero sí puedo cambiar algo
en mi entorno. Debemos respetar a todas las mujeres que nos rodean: a mis
compañeras, a mis profesoras, a las madres de mi comunidad. Puedo hablar si veo
algo injusto, puedo apoyar a quien necesite ayuda, puedo escuchar sin juzgar.
La seguridad y libertad de las mujeres empieza con nuestro comportamiento de
todos los días. Sabemos que estamos viviendo una etapa complicada de nuestras
vidas, desde ese instante en que aparece el enamoramiento debemos vivir con
respeto, sin machismo, sin utilizar a la mujer como objeto, como una propiedad,
de lo contrario aumentaría la estadística de agresiones y muertes. Aquí quiero
contarle el testimonio de una estudiante del cuarto año, su confesión la hizo a
un maestro conocido: Ella contó de la siguiente manera “Mi enamorado del primer
año me dio una cachetada, revisó mi celular, no contento con ello me golpeo con
su rodilla mi muslo izquierdo”. El consejo del maestro fue que debe cortar con
esa relación, ya que, si siguen caminando juntos estableciendo un lazo más
durable en el tiempo, se podrá llegar hasta situaciones que lamentar.
Decir “Ni una menos” no es una moda, es una promesa. Una
promesa de lucha, respeto y justicia. El Perú necesita jóvenes que no repitan
los errores del pasado, sino que construyan un futuro sin miedo, con decisión y
valentía. Como estudiantes somos parte de ese cambio. No importa nuestra edad:
podemos enseñar con el ejemplo, hay un dicho que dice: “Educa con lo que haces,
no con lo que dices”, defender con la voz y apoyar con el corazón. Si algo me
ha enseñado la vida es que las mujeres deben ser autónomas y para ello tienen
que depender de ellas mismas, no de algún hombre, para lograrlo debemos
estudiar y ser profesionales, entonces seremos libres de hacer con nuestro
dinero lo que deseamos. Aquí en Santa Cruz de Flores muchas vecinas aceptan las
agresiones de sus parejas porque dependen de ellos económicamente, temen ser
abandonadas.
La violencia contra la mujer no se combate solo con
protestas, sino con acciones reales, desde casa, desde el colegio y desde
nuestra comunidad. Solo así lograremos un país donde las mujeres vivan libres,
seguras y felices. Ese es el Perú que queremos. Ese es el Perú que podemos
construir.
AUTOR: Luz
Thatiana Chuquillanqui López
miércoles, 16 de octubre de 2024
EL BRUJO MAYOR DE COAYLLO
Coayllo es un pueblo misterioso por donde se le mire.
Debido a su fama de brujos y demonios los occidentales construyeron una capilla
en la cima de un cerro, no fue tal fácil reemplazarla por una cruz, según la
adivina Lourdes la pequeña iglesia está allí para espantar los malos espíritus.
Aún no está registrado el año, el día ni la hora de un cónclave de curanderos,
algunos dicen que la sede fue en Santa Cruz de Flores, otros aseguran que fue
en el valle de Calango.
Pastor Chávez,
un mestizo lector del libro de San Cipriano, fue el representante de la tierra
de los nísperos, apareció por las calles seguido de una culebra, la presencia
de dicho animal elevó la temperatura, haciendo que se quitaran la ropa los
habitantes de ambos lugares. Los pueblos mantienen en su memoria aquél
encuentro. Hasta hoy es comentado oralmente estos episodios tenebrosos. Al término, uno de los acuerdos
fue la construcción de la ermita.
Era necesario porque el calor que producía la presencia del reptil, venia secando
ríos y lagunas por Ukira, pronto
convertiría en infierno el pueblo de Pastor Chávez, dicho animal lo seguía como
sigue un perro a su amo, despedía una baba como marcando el camino.
Pastor, era el
único hombre en dicha reunión, los demás representantes de cada pueblo eran
todas mujeres, ellas tenían como mascotas gallos de plumaje negro, sapos gordos
y bocones, lechuzas de ojos saltados infernales de color rojo. Las brujas siempre
cuidaban de sus acompañantes, dejarlos sueltos era un peligro, ya que entre
ellos se miraban con desprecio. El canto del gallo helaba a la serpiente, el
ronquido del sapo le quitaba la voz al gallo, los ojos de la lechuza impedía
que la lengua de la culebra se estirara. A ella nadie la quería, por eso salió
a visitar los cerros, aquél día de su desaparición su amo durmió veintisiete
horas seguidas. Bajar al río no le permitieron, trepó hacia las alturas… la
maldita víbora no regresó hasta la actualidad.
Al tercer día, los niños contaron de la aparición de
columpios en lugares desolados. En ese espacio existen hoy iglesias o cruces de
madera. Pasado el tiempo la entonces niña Camila Arias, nos habla de los diálogos
que tuvo con su abuelo Federico. Es tiempo de rezar hija le dijo acariciando su
frente.
-
Es cierto papito que donde está la iglesia había un columpio empujado
por el viento.
-
No era el viento Cami, mi padre que fue mecido muchas veces, me contó
que el de su espalda le hacía preguntas ¿Cómo está tu mamá Lupe? La buscaban por
Azpitia y por todo el río, ella recitaba poemas montada en su burrito. Más que
poemas eran oraciones contra ese maldecido viento que sopla en las tardes por
toda la plaza.
Hoy con 60 años de existencia la niña Camila y su
amiga Lourdes, caminan con la foto de su abuela Guadalupe, exponen el porqué nuestro
Distrito se ubica en la otra orilla del pensamiento, volviendo a creer en su
flores bellas, sus delicadas frutas, todas ellas bajo el amparo del Cerro
Patrón, Apu que tomó el camino correcto de enfrentar al mal, él desde su cima
nos cubre con su bendición.
Es viernes, Don Victor me invita una copa de vino, el anciano chapa su bastón de cinco patas y me dice:
-
No crea en esas cosas Auxiliar, que si nos vamos al otro mundo, aquí en Flores
seguirán peleando el día con la noche, el wayra aparecerá y desaparecerá llevándose
una copa de Pisco, para brindar en el más allá.
domingo, 28 de enero de 2024
¿Por qué se le llama Pisco?
jueves, 6 de octubre de 2022
Un cuento de Abigail López
MI HERMANA
El sol empezaba asomarse por los cerros, los gallos cantaban, el agua
recorría su rutina y la mañana amenazaba, abrazaba y extendía su mano por
todo el campo de eucaliptos, retamas, sunchus y miles de flores aromáticas que
cubrían las laderas de los guardianes del pueblo. Mayo Hurin tenía pocas casas,
era una hilera, una sola calle que llegaba hasta la Paccha, lugar donde la
gente humilde recibía el agua del nevado Carhuarazu.
Concepción, una niña de la Provincia de Lucanas, con 12 años sobre su espaldita,
era conocida como “Conce”. Ella alistaba sus dulces y cuadernos en su mochila
junto a su caputo (habas tostadas) para su lonchera, también vendía dulces, ya
que el desayuno que le servían era muy poco y tenía que repartirse entre 10
hermanos. Esta triste situación económica, esta necesidad la llevó a soñar,
conocer otros lugares, la niña había escuchado hablar de Ica, ciudad ubicada en
la costa peruana, era su sueño estar en Ica, tendría mejores oportunidades y
una buena calidad de vida para su futuro.
En el trayecto a la escuela el frio rozaba su cabello y su rostro se
enrojecía, todo el tiempo no dejaba de pensar en Ica, en lo genial que sería
estar ahí caminando bajo la sombra, porque si era “La ciudad del sol eterno”,
habrá mucho calor. Se deleitaba pensando en sus lugares: Huacachina, El cañón
de los perdidos, Orovilca, La plaza de armas, seguro también el desierto, ahí
todo el fuego abrazará mí inocencia. Cuando llegaba a pensar en la comida,
aparecían abundantes imágenes en su cabecita llegando a suspirar…
- ¡ay cielos! Tan solo de pensar en comida, se me derrite la lengua y mi
barriguita grita de hambre, decía.
Pobre niña, juguetona y tierna, teniendo que ayudar en la chacra de sus
padres para hacer parir a la tierra, obtener papa y poder sobrevivir. A su edad
jugaba con la yunta, cuando los toros descansaban trataba de abrazarlos y con
sus pequeñas manos les palmeaba la nariz.
A los 13 años, Concepción García Taquiri, emprendió su viaje a Ica, con la
intención de tener un futuro mejor, estaba ansiosa y triste a la vez, ya que
dejaría atrás a sus padres y hermanos(as), su amado pueblo de abundante flora y fauna.
Era una mañana de diciembre, la
lluvia logró mojar sus mejillas y limpiarle sus lágrimas, se despidió de mamá
cerca al riachuelo, a la salida de Chipao, lugar de los adioses. Los camiones
ya no podían avanzar hasta el pueblo, aquí los ríos son profundos y muy
caudalosos, escuchó decir a sus abuelos la última noche.
- Hijita de mi corazón, le dijo en quechua su madre.
- Mamay, me voy, sé que algún día volveré por ti, respondió
Conce.
En Ica, su vida cambió radicalmente, ya que trabajaba de día y estudiaba de
noche, lavaba ropa para unos señores de Santo Domingo, no pudo estar mucho
tiempo donde sus familiares, ellos necesitan más que yo, pensaba como adulta,
los domingos buscaba el río y casi siempre lo encontraba seco y lleno de
basura.
Cavilaba,
- Tengo que salir adelante, sí o sí, lo tengo que hacer por encima de los
ofrecimientos de los varones, que al verme desprotegida tratan de asustarme con
sus pretensiones. Me vine de mi pueblo y tengo que salir adelante. Además, allá
no había secundaria, aunque mis patrones se aprovechen de mi trabajo, aunque me
paguen poco debo continuar dando lucha a la vida, la consigna es trabajar para
vivir. Nunca me rendiré, siempre soñé con una casa, traer a mamá conmigo…
A los 15 años su corazón palpitó enamorado, rápidamente voló la ilusión al
recordar la promesa hecha a sus padres, tenía bien claro su objetivo, encontrando
apoyo en un primo pudo adquirir una pequeña carreta, comenzó a vender
emoliente, le pedía a papá por carta, que le envíen eucalipto blanco. Así avanzó
la muchacha de las trenzas negras, terminando de estudiar la secundaria.
Con el pasar de los años logró conseguir un terreno en San Martin de Porras
y logró darle vivienda, vestido y comida a sus hermanos, ahora cocina en un
restaurant de su propiedad, ya está por terminar la Universidad, dice que tiene
su enamorado pero yo no lo conozco, ojalá comparta el sueño de ella, si es
iqueño debe prepararse para conocer Mayo Hurin, mejor sería un paisano nuestro,
la quiero tanto. Hoy me mira mientras escribo, no sabe que estoy contando su
vida, soy su hermana número 10 me dice cada vez que me encuentra leyendo.
Logró cumplir su sueño mi inocente hermana, una inocente niña, que según
dice ha encontrado nuevos retos en esta acogedora ciudad, que crece y crece, borrando
los arenales para ser más ancha, matando lo verde y secándose de agua.
López Gómez
Abigail Isabella
1 “B”
jueves, 18 de agosto de 2022
CONFESIÓN, un cuento de Daniela Belén
CONFESIÓN
Ella lo abrazó, sus lágrimas
llegaron a caer al suelo, él no supo que hacer. Tenía 10 años trabajando en
medio de un arenal, nunca había escuchado la voz retenida de una niña, la
palabra encarcelada por parte de la familia y vecinos del Centro Poblado.
-
Llora, te hará bien hijita, le dijo
tembloroso
Luego vino un largo
silencio, los niños jugaban, era la hora del recreo, ellos estaban enfrascados
en un tema que no era ficción, hablaban de algo que no pudo ser portada de periódico. Llegando a casa pensó
que lo confesado por la niña era mentira y que el verdadero culpable de su
desdicha era su propio padre.
Después del Dengue y la
pandemia, habían empeorado las relaciones entre el padre y la madre, los
diálogos eran cada vez más tensos, la niña estaba habitando un infierno entre
los llanos candentes, territorio yunga. Ella vivió la etapa más hermosa de su
niñez en Qosqo, mantenía en su memoria las nubes blancas, la lluvia y su mejor
compañía era el río al cual iba con sus animalitos día a día. Ahora abrazada a
su perro Sultán cargaba una cruz, sostenía un excesivo peso, difícil de soltar,
el crucifico estaba atado sobre ella como las imágenes que colgaban como hilos
y no se separaban de su cabeza, las secuelas quedaron atrapadas en silencio
sobre su frágil mente.
El Maestro desde hace mucho
tiempo se relacionaba con la soledad, su última compañía fue la perrita Luna,
que murió de vejez. Fue enterrada bajo una planta de warango cuya producción se
asemeja al pelaje que tuvo en vida el animalito ; pero al igual que la planta
seguía siendo eterna por estos lugares, ya que caminaba por la ciudad detrás
del dueño dando pequeños saltos entre la vereda y la pista, encogiendo sus
orejas ante tanto ruido de las bocinas. El perrito también advertía en su
mirada los gritos de la gente, ellos peleaban por pequeñas cosas, la sociedad
estaba muy sensible, hombres y mujeres caminaban con el cuerpo separado del
alma, ante un pequeño ademán el otro escupía al suelo o la cara del prójimo. Él
se conoció con ella comentando un libro cuyo título era “Agua”, la eterna
conversación de las personas que aman a la Villa de Valverde, alguien dijo que
era un pueblo que buscaba agua sobre el arenal.
-
¿Crees
que el chaucato es el agua subterránea de Ica?
-
Pienso que sí, su canto sale del corazón, no
lo vemos pero lo sentimos, es el idioma de las profundidades, es poesía que
refresca al viento.
Ahora ambos sentían su
canto, se contagiaban del celeste cielo del mediodía, Ica ardía y esa rabia ante
tal afrenta crecía como la duna Saraja. Aunque el Maestro quiso denunciar el
hecho ante la autoridad educativa, fue impedido por sus propios colegas para
evitar el qué dirán. Le recordaron la frase: “Pueblo chico infierno grande”,
siendo amenazado por desconocidos cuando iba a sacar agua del pozo. La tierra
prometida aún no contaba con agua potable, siendo la única forma para
abastecerse del líquido elemento jalar un balde, que sostenían tres palos del
cual colgaba una rondana que chirriaba en el subir y bajar.
Ella, la inocente urpicha
venida de los andes contaba con trece años de edad, cuando tenía ocho reaccionó
ante la violenta arremetida de su tío con una mirada fija, sin cerrar los ojos.
En tono íntimo rezaba el padre nuestro, de esta forma se rompía el afecto
guardado, volaba en medio de una paraca y el dolor le golpeaba la cara. Pasado
unas horas llegó mamá a casa, la señora sospechaba lo que había ocurrido con su
hija y su hermano. De inmediato quiso ocultarlo todo para proteger en secreto
los hechos ocurridos en la sala, según la confesión de la niña fue mirando la
televisión, los relojes marcaban las cinco de la tarde, de un día que no podrá
olvidar en toda su vida.
El tiempo pasaba como las
nubes pasan al este, la amistad entre el Profesor y la niña no pasaba, al
contrario crecía a través de los libros, ella leía para evitar que las imágenes
de la violación aparecieran encima de sus ojos, ambos habían encontrado en los
libros la forma de evadirse de la realidad, cuando cerraba el libro se envolvía
en una melancolía, por eso evitaba leer en las noches, se despedía del libro a
la hora en que el sol se ocultaba entre las dunas, entonces, en ese momento, el
canto de los grillos tomaba por asalto el inmenso arenal camino a Comatrana.
Una tarde después de sus
labores decide llevar la confesión al padre de la púber, el padre sorprendido
por la presencia del Profesor en su casa decide escucharlo.
-
Algo de lo que me dice, lo siento en el
corazón al ver la truncada felicidad de Urpi.
-
Lo siento amigo, no debieron ocultarle nada y
oportunamente recibir ayuda todos en el hogar.
-
Me siento culpable al no proteger a mi niña,
nunca debí abandonarlos.
La madre ausente y la niña
sumergida en sus lecturas, no pudieron enterarse ni contener la ira del señor
Darío Pomasoncco, quién creyendo en la versión del Maestro salió en busca del
cuñado con el machete en mano. La tarde enrojecida por la muerte buscaba
descanso en el desierto, muy cerca de la playa se desataba una tormenta para
seguir ocultando los hechos, el machete fue dejado al lado de la cabeza del
difunto en un hoyo más profundo. Mientras que el cuerpo, gracias al viento, se
desenterraba para ayudar en la putrefacción, pudiendo ser visto desde la
carretera.
Ella lo abrazó, sus lágrimas
llegaron a caer al suelo, él no supo qué hacer. Tenía 15 años trabajando en
medio de un arenal.
-
Llora, te hará bien hijita, le dijo
tembloroso.
Seudónimo:
Ave de abril
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