viernes, 18 de septiembre de 2026

Un vaticinio del Padre Rojas al General Salaverry, que la tradición oral iqueña conserva.

 CAPITULO XII



A qué obedeció la presencia en Ica del Dictador Salaverry. — Anécdotas pintorescas, referentes a tal episodio de nuestra vida republicana. — Cordiales relaciones de amistad que mantienen el General Salaverry y el notable franciscano. — Un vaticinio del Padre Rojas al General, que la tradición conserva. — Salaverry se propone hacer Obispo de Maynas a Fray Ramón. — Comunicaciones oficiales que con tal hecho se relacionan. — El fusilamiento del vencido en Socabaya impidió que el esclarecido guatemalteco se ciñera la mitra vacante.
En párrafos anteriores hemos aludido a la presencia, en Ica, del Jefe Supremo General Salaverry.
Esa salida de Lima, del joven caudillo que desde el 23 de Febrero de 1835 se rebeló contra el Presidente provisional Orbegoso, obedeció al plan que, en consonancia con su decreto de guerra a muerte al invasor, se había trazado. Deseaba salir al encuentro del Presidente de Bolivia, General don Andrés de Santa Cruz, que, estimulado por Orbegoso, había entrado en territorio del Perú desde el 16 de Junio del propio año 35, a la cabeza de cinco mil soldados, y ocupado, sin más resistencia que la opuesta por el General Gamarra —casi ya de acuerdo con Salaverry este último— en la batalla de Yanacocha, realizada el 13 de Agosto, y por los departamentos de Cusco y Ayacucho.
Salaverry organizó en Bellavista, operosamente, un pequeño ejército, constante "de seis batallones de infantería, dos escuadrones de caballería y unas cuantas piezas de artillería" que sumaban "en todo como tres mil quinientos hombres" (94), y embarcó a casi toda la gente en la escuadra comandada por el Contralmirante D. Carlos García del Postigo.
En Lima había quedado gobernando un Consejo, presidido por el amigo de Fray Ramón, General Juan José Salas, e integrado con los señores Manuel Bartolomé Ferreiros y José Braulio del Camporredondo. El Jefe Supremo, el Secretario General Dr. Andrés Martínez y la caballería marcharon por tierra (95).
La llegada a Pisco fué el 6 de Octubre (96), y algo después —el 15— el Dictador estableció su campamento en Ica, para estudiar desde allí los movimientos de Santa Cruz y del segundo de éste, General Trinidad Morán, que operaba en Huancavelica. El 20 se emprendió la travesía "por sobre uno de los más difíciles pasos de la cordillera, por entre Ica y Ayacucho, y después de una asombrosa y peligrosa marcha en la época de las lluvias, la peor para ellos, llegó a Ayacucho, dos horas después que Morán lo había abandonado en precipitada fuga" (97).
Al advertir Salaverry que Santa Cruz se apartaba del Cusco, cambió su plan de campaña y dispuso que el ejército se dividiera en tres cuerpos, los que deberían reunirse en Arequipa, "Fernandini y Vivanco tomaron el camino, por sobre los cerros de Parinacochas, a Vítor; Salaverry, por la costa, a Pisco, para reforzarse con las tropas de Medina, mientras que una pequeña división, a órdenes del Coronel Porras, quedó en la sierra, observando los movimientos de Santa Cruz, y después debía unirse con el resto del ejército" (98).
Dos veces, pues, por lo menos, estuvo Salaverry en Ica el año 35, y se alojó en una de las mejores casas de la ciudad, la del comerciante iqueño don Francisco Oliva, situada en la calle hoy llamada de Ayacucho. Pero la familia Zorrilla puso a su disposición, también, su lujosa residencia, inmediata a la plaza principal, antigua propiedad de los marqueses de Torre Hermosa. Y fue allí en dónde la alta sociedad de Ica ofreció un gran sarao al Jefe Supremo y "según una crónica de Julio Senisse, el General, vestido con uniforme de gala, lucía (en la fiesta) un delicado ramillete de claveles en el costado izquierdo, prendido de la casaca gloriosa y dorada. Y a la madrugada remitió los claveles a Doña. Pepita Zorrilla, diciéndole: "Han estado sobre mi corazón; guárdelos" (99).
Pero lo que nos interesa es acoger la tradición en cuanto atañe al Padre Rojas. Según versiones, el Jefe Supremo, atraído por la reputación de santidad que ya auroleaba al insigne hijo de Guatemala, fué a visitar la fábrica que éste dirigía para el establecimiento de la Casa de Ejercicios. Según otras, Fray Ramón constituyóse en casa de las Zorrillas para saludar a Salaverry. Creemos que esta última versión es más admisible, ya que en Octubre de 1835 la obra de Jesús María estaba, posiblemente, en sólo cimientos. Pero fuera en un lugar o en el otro, lo que parece efectivo es que una vez más fraternizaron la espada y el incensario, y que entrambos —Dictador y Misionero— sostuvieron muy cordiales coloquios. Salaverry ofreció al Padre Rojas su apoyo, como testifícalo el decreto, ya reproducido en estas páginas, sobre edificación del cementerio (100), y sintióse poderosamente subyugado por las raras prendas del sabio y humilde descalzo.
Cuéntase —y ello es tradición por todos referida— que Fray Ramón le dijo a Salaverry cuando éste expúsole sus propósitos de atacar a Santa Cruz: "Vea, General. Un consejo voy a darle aunque Usted no lo pida. Espere Usted al enemigo... Deje Usted, que ya vendrán a atacarle por aquí... La victoria será fácil... Pero si Usted se obstina en mearchar al sur, saldrá perdido. Y yo, amigo suyo, lamentaré lo que con Usted vá a ocurrir. Aunque... sí, aún podré ver todo lo que se piensa hacer... y tal vez tenga tiempo, para antes de morir, contemplar el derrumbamiento de estas anomalías..." (101).
Por desdicha, el General Salaverry había pensado de distinto modo, y no era hombre que echaba pié atrás en sus resoluciones. Ya se sabe lo que sucedió después de la acción de Socabaya. Cumplióse al pié de la letra, el vaticinio de Fray Ramón.
Empero —ya lo dijimos—, Salaverry quedó prendadísimo de su grande amigo, y poco tiempo más tarde recibió el sapiente hijo del Seráfico de Asís estas dos comunicaciones, suscrita la primera en el Callao por el doctor Martínez, Secretario General de Salaverry, y la segunda en Pisco por el propio infortunado Dictador vencido en Socabaya:
"Secretaría General. — República Peruana. — Callao, Diciembre 1o. de 1835. — Al Reverendo Padre Fray Ramón Rojas. El Excelentísimo señor Jefe Supremo de la República, ha dirigido por mi órgano, en esta fecha, orden al Consejo de Gobierno para que V. P. sea presentado a S. S. para Obispo de Maynas, y para que se le haga pasar desde luego a encargarse de la Dirección y Gobierno de la Diócesis... Espero que V. P. mirará en la elección, no la voluntad del Gobierno, sino el mandato del Salvador que llama a V. P. a trabajar con celo en una parte de la Iglesia, tanto tiempo y con tanto daño abandonada. Soy de V. P. atento servidor. — Andrés Martínez".
"Reverendo Padre Fray Ramón Rojas. — Pisco, y Diciembre 5 de 1835. — Mi buen amigo: He nombrado a Ud. Obispo de Maynas, porque me intereso mucho en la reducción de aquellos infieles que viven y mueren sin haber gozado de los beneficios de nuestra Santa Religión... Dios mismo lo llama por mi boca... y en esta inteligencia excuse Ud. toda renuncia... En Lima facilitará a Ud. el Gobierno cuanto necesite... Deseo a Ud. todo acierto en su Episcopado, y que cuente en todas distancias con la estimación de su afecto. Salaverry" (102).
Dice Cora: "¡Qué contraste tan terrible para su profunda humildad! Pero hábil e ingenioso en hallar expedientes que eviten su exaltación, logrará echar de sí el peso que el Jefe Supremo de la República se prometía poner sus hombros, resuelto a llevar adelante los grandes proyectos que meditaba para bien de esta provincia, y que tenía puestas en las manos de Dios". (103).
Pero la verdad es que el despiadado fusilamiento de Salaverry, ocurrido el 18 de Febrero de 1836, libró al Padre Rojas de la pesada carga de la diócesis de Maynas, hoy de Chachapoyas (104), pues conocido el carácter imperioso del Dictador, no es aventurado admitir que el ilustre agonista franciscano había visto la precisión de aceptar la mitra, si Salaverry hubiese salido victorioso en la grave contienda.
Notas al pie de página:
(94).—Clements R. Markham: "Historia del Perú" (Lima, 1895), p. 209. Para mayores detalles: Manuel Bilbao: "Historia del General Salaverry, edición de Evaristo San Cristóval (Lima, 1936), cap. XI.
(95).—Bilbao: op. y cap. cits.
(96).—Bilbao: op. y cap. cits.
(97).—Markham: op. cit. p. 210.
(98).—Markham: la nota anterior.
(99).—"Salaverry en Ica", ya citada. Don Julio Senisse nos obsequió, en la ciudad de Ica, con el relato de la pintoresca anécdota.
(100).—Y, posiblemente también, el expedido en Ica el 16 de Octubre de 1835, que prohibió el reclutamiento en la provincia, documento que insertó Evaristo San Cristóval en el apéndice de su edición de la "Historia de Salaverry" por Bilbao, p. 381.
(101).—Véase "Una intuición del Padre Guatemala", en nuestro libro "Ropa Ligera". Lima (Editorial Rosay) 1927.
(102).—Véase la página V del apéndice que trae el folleto "Relación de las Solemnes Exequias con que la ciudad de Ica honró la memoria del M. R. P. Fray José Ramón Rojas de Jesús María / Misionero Apostólico / del Colegio de Propaganda Fide de Cristo / en la ciudad de Guatemala / Fundador y Director de la Santa Casa de Ejercicios de la misma ciudad de Ica, en el año de 1839" (Lima, 1898). — Esta edición la hizo el presbítero D. Narciso Román Batanero. En el apéndice, que contiene las notas de la oración fúnebre de Cora, figuran los dos documentos que damos en el texto de este capítulo, aun cuando, al parecer, no completo, como lo hacen suponer los puntos suspensivos.
(103).—Cora: op. cit.
(104).—Fué creada la Diócesis de misiones, u Obispado de Maynas, por la Real Cédula de 15 de Julio de 1802, y la Santa Sede aceptó su creación mediante decreto de erección de 28 de Mayo de 1803. Su primer Pastor fué el Dr. Fray Hipólito Sánchez Rangel, franciscano observante, quien posesionó de la mitra en virtud de otra Real Cédula, 7 de Octubre de 1805. Cuando iniciáronse en el Virreinato de Lima las vigorosas sacudidas que determinarían nuestra independencia, el Obispo Rangel, realista intransigente, se apartó de sus misiones, por el Amazonas, después de escribir una terrible pastoral contra "la escandalosa independencia" y las "gavillas de bandidos y bribones" que la propugnaban, y se dirigió a Europa. Acéfala quedó la diócesis, y en tiempos de Bolívar fueron designados nuevos prelados: para el Arzobispado de Lima, el Dr. Carlos Pedemonte; para el Obispado de Trujillo, el Dr. Francisco Javier de Echagüe; para el Obispado de Huamanga, el Dr. Manuel Fernández de Córdova y para el Obispado de Maynas, el Dr. Mariano del Parral. Una ley del Congreso Constituyente declaró sin efecto tales designaciones, y en 1831 el Presidente Orbegoso se limitó a presentar a Su Santidad a los Drs. Jorge Benavente y Tomás Diéguez, para las sedes, respectivamente, de Lima y de Trujillo, dejando vacantes las otras (V.: Pedro José Rada y Gamio: "El Arzobispo Goyeneche y Apuntes para la Historia del Perú", Roma 1917, cap. XX). En 1831 el Congreso agregó al Obispado de Maynas las provincias de Chachapoyas y Patás, y dispuso que en adelante el Obispado denominárase de Chachapoyas, modificaciones que aceptó el Papa Gregorio XVI. El transcurso de los años evidenció la conveniencia de dotar de prelado a la diócesis de misiones, y Salaverry se fijó en Fray José Ramón Rojas. No aceptada esa mitra por el ilustre religioso, la ocupó posteriormente el Dr. José María de Arriaga, "presbítero de la diócesis de Trujillo". (Vid.: "Reconstitution del Obispado de Maynas. Documentos oficiales, publicados por el Ministerio de Relaciones Exteriores", Lima 1913; la colección de documentos referentes a Loreto, publicada por Carlos Larrabure y Correa; "El Episcopado en los tiempos de la Emancipación sudamericana (1809-1830)" por Rubén Vargas Ugarte, S. J., Buenos Aires 1932; "La Emancipación Hispanoamericana en los informes episcopales a Pío VII" por Pedro Leturia, S. J., Buenos Aires 1935).

miércoles, 16 de septiembre de 2026

No existe ninguna región del Perú tan rica en documentos sobre el pasado del hombre peruano como Ica.

 

ICA Y EL PERÚ PRECOLOMBINO

I C A

“Por la cultura de Ica para el Perú”.

Las excavaciones, el ingenio del arqueólogo y la lámpara maravillosa del Carbono-14, han permitido descender por la escalera del tiempo conquistando un pasado regional de noventa siglos.

No existe ninguna región del Perú tan rica en documentos sobre el pasado del hombre peruano como el Departamento de Ica. Los arqueólogos encuentran aquí un verdadero paraíso de investigación y cada día se recogen nuevas muestras de la capacidad creadora de esas razas privilegiadas. Si algún mérito particular dentro de la Historia Universal tendría que señalar al hombre antiguo de Ica, bastaría con establecer un último hallazgo de una flauta decorada con nueve mil años, hecho fascinante que establece que un hombre de esta región fue el primero de la humanidad que construyó un instrumento musical, con una inspiración y una capacidad creadora que explica como los descendientes de esa raza se convirtieran siglos más tarde en artista de tan elevada capacidad que no permiten comparación con ninguna otra raza del mundo. No hubieron tejedores como hombres de Paracas, ni ceramistas como los Nascas o sucesores de la etapa Tiahuanaco Costeño.

Durante mucho siglos los vestigios de esas culturas quedaron ignorados hasta que en el presente siglo, el sabio alemán Max Uhle investigando en los estratos de la región, descubrió los fabulosos restos de civilizaciones, entre los que sobresalían caracteres de excepción, los trabajos de cerámica polícroma, textilería de textura inigualada y piezas de orfebrería confeccionadas por artistas exímios. Estudios posteriores han permitido señalar no solamente la cronología de la existencia de grupos humanos en la región sino las características de cada una de las culturas superpuestas en el tiempo: Chavín, Paracas, Nasca, Tiahuanaco, Ica e Inca.

Así como la civilización es el progreso del hombre en lo material, la cultura constituye su conquista en el campo del espíritu. Por eso, la denominación de “Cultura” con que se designa a los adelantos alcanzados en el Perú por los pobladores antes de la Conquista Inca, lograron progreso valorable en la diferentes ramas de la actividad humana, porque dispusieron de libertad, de tiempo y se inspiraron en el paisaje dentro del que vivieron. Eso explica su capacidad para expresar la belleza, consigna un merecido título a los hombres especialmente de Paracas o Nasca que en el campo del arte demostraron una aptitud creadora de particularísima perfección. Pero cuando perdieron la libertad y el tiempo despues de la Conquista y la Administración Incaica se apagaron los hornos y se abandonaron los telares.



El valle iqueño a finales de la década del 60

 

VALLE IQUEÑO



El Valle de Ica se encuentra ubicado entre los 13° 30' y 15° de Latitud Sur, entre los 75° y 76° de Longitud Oeste, teniendo sus orígenes en la vertiente occidental de la Cordillera de los Andes en la Provincia de Castrovirreyna del Departamento de Huancavelica, extendiéndose a través de la Provincia de Ica del Departamento del mismo nombre, para terminar en las tranquilas playas del Océano Pacífico. La Carretera Panamericana lo cruza en un tramo comprendido entre los kilómetros 295 y 340, atravesando la Ciudad de Ica Capital del Departamento en el kilómetro 308 con una población de 60,000 habitantes aproximadamente.

La extensión del Valle se encuentra formada por 48,894 hectáreas que se descompone en la siguiente forma:

Clasificación

Detalle

Extensión (H.)

Subtotal (H.)

Cultivada:

Margen Derecha

11,582 H.

Margen Izquierda

15,262 H.

Pampa de los Castillos

6,093 H.

32,957 H.

Eriszas:

Margen Derecha

200 H.

Margen Izquierda (Ocucaje y Callango)

1,500 H.

Pampa de los Castillos

14,247 H.

15,947 H.

Área total de las tierras del Valle:

48,884 H.

Los terrenos de las zonas cultivadas son de origen aluvial sobre una base de sustentación de origen marino. Antiguamente se cultivó el panllevar, en la Colonia la vid y los frutales, en la actualidad se destina en mayor porcentaje al cultivo del algodón, que representa el 16.6% de la producción nacional. Los cultivos principales del Valle de Ica conforma el siguiente cuadro:

  • Industriales:
    • Algodón: 25,913 H.
    • Vid: 1,434 H.
  • Alimenticias:
    • Maíz, papa, frijoles, camote, pallar, hortalizas: 4,224 H.
    • Frutales: 841 H.
    • Pastos: 535 H.

La tenencia de las tierras en el Valle, se caracteriza por su asombroso minifundismo único en el Perú. Solamente en las 9,545 hectáreas del Valle pertenecen a 6,727 propietarios, llegando algunas a una extensión mínima que no excede de 350 metros cuadrados, o sea un cuarto de kollo.

El clima es seco, por estar rodeados de desiertos y a 50 kilómetros del mar y ausente de lluvias es igualmente característicos del Valle.

El Río de Ica es el más pobre de los ríos del litoral peruano, de avenidas muy irregulares, que en los buenos años comienzan en diciembre y termina en marzo; en ciertas épocas con grandes ciclos de sequía que a veces duran hasta cinco años produciendo grandes estragos en la economía iqueña. La agricultura del Valle, necesita 450 millones de metros cúbicos de agua para satisfacer todas las necesidades hidrológicas, pero las avenidas solamente aportan entre 50 a 100 millones como promedio y la irrigación de Choclococha arroja un aumento de 20 a 30 millones y los 1,000 pozos tubulares, proporcionan cerca de 250 millones que en tal sentido las actividades agrícolas logran un promedio anual regular para sus necesidades, de cultivo. La cuenca colectora del Río es muy estrecha originando la pobreza de su caudal. El cauce se desplaza entre colinas y quebradas de variable y fuerte gradiente, tomando a la entrada en la Hda. Huamaní la dirección este-oeste que abarca aproximadamente la quinta parte, a la altura del desierto de los Molinos el curso toma la dirección norte-sur con pequeña desviación hacia el oeste, hacia la Hda. Ocucaje y finalmente el cauce se dirige hacia el oeste atravesando la Hda. Callango, pasando cerca de Montegrande para desembocar en las playas tranquilas del Océano Pacífico.

El Valle de Ica comienza en Huamaní y termina en Callango, de forma alargada y de contorno irregular, logrando su mayor anchura a la altura de la Ciudad de Ica. La longitud del Valle es aproximadamente de 100 kilómetros, ha sido dividido para los estudios arqueológicos, en Valle Alto, Medio y Bajo, habiéndose registrado hasta la actualidad 210 yacimientos en los que se han registrados los testimonios de todas las culturas que nacieron, florecieron y murieron en el pasado regional, constituyéndose los focos culturales más importantes del Valle, las cuencas de Callango y Ocucaje por la calidad y variedad de los vestigios que poseen.

Sus tierras de gran fertilidad se encuentran divididas en latifundios, haciendas, fundos, chacras, viñas y huertas donde se cultivan en especial el algodón y la vid. Además con la producción de jugosos y exquisitos frutos que son singulares y apreciables, entre ellos los duraznos de los Molinos, los mangos de los Aquijes, las cerezas de Pueblo Nuevo, las sandías y melones de Tate, los pallares, garbanzos y las uvas de Ocucaje, los dátiles de Cachiche y muchos otros productos que siempre le han dado una fama respetable. El Valle es atravesado en todas las direcciones por hermosos caminos, marginados por alamedas de sauces, molles, ficus, eucaliptos, casuarinas, fresnos y en las desérticas se encuentran salpicadas de toñuces, espinos y el fogoso y siempre alegre huarango que es para estas tierras el himno de su tradición milenaria. Y a lo largo de su exuberante paisaje, en sus amaneceres prende una sinfonía otorgada por la rica fauna ornitológica formada de gorriones, cochucas, jilgueros, picaflores, chaucatos, tórtolas, loritos que cruzan en vaivenes con sus plumajes multicolores los caminos siempre verdes y floridos, para en los atardeceres volver sus trinos, las últimas hilachas de luz vespertina, expiran en el horizonte iqueño agradable y soñador.

 

viernes, 11 de septiembre de 2026

HISTORIA COLONIAL DEL VALLE DE CHINCHA

 

Historia Regional de Ica | P. Alberto Rossel Castro

HISTORIA COLONIAL DEL VALLE DE CHINCHA

Capítulo IX


Alberto Rossel Castro


Sumario: 1. Repartimiento o Pachacas de Chincha. 2. Caciques de Chincha y el primer nosocomio. 3. Pueblo de Santiago Almagro de Chincha Baja y el Tambo de Mora.

____________________________________________________

1.— Repartimiento o Pachacas de Chincha.— Antes de la Conquista, Chincha fue un valle poderoso habitado por una numerosa raza eminentemente agrícola, en el que dominaba los régulos preincaicos; éstos hicieron grandes resistencias a la conquista de los emperadores incaicos del Cuzco. En la relación que hace el Corregidor don Diego de Ortega Morejón, el 22 de febrero de 1558, se menciona que el Valle de Chincha fue conquistado primero por el Inca Capac Yupanqui, cuando aún gobernaba el Curaca "Guavaracuna", asistido de mujeres y yanaconas. Muerto el inca en Quito, asumió, en el mando, su hijo Tupac Yupanqui; a éste se debe (según la Relación) la división del valle en dos parcialidades: Anan-Chincha (Chincha Alta) y Urin-Chincha (Chincha Baja). En cada parcialidad de mil indígenas, puso un curaca o cacique principal el que, a su vez, mandaba una "Pachaca", compuesto de nueve señores; estos últimos, cada uno, tenían a su mando sólo diez indígenas, a cuyo grupo se denominaba "Chocas". El mismo Emperador incaico mandó hacer caminos, tambos reales, "agras" o casas de mujeres escogidas, y dividió a los habitantes por edades, en la forma siguiente¹⁰⁹:

 

1)        De 70 años para arriba, denominó:   : "PUNALOKO"

2)        " 50 " " "            : "CHAUPILOKO"

3)        " 25 hasta 40 años "    : "AUKAPORA"

4)        " 12 " " "            : "PUAYLLAWAMARA"

5)        " 4 " " " : "TATARIQUIA"

6)        " 10 " " "            : "WAYNA"

7)        " 8 " " " : "TATARIQEA"

8)        " 4 " " " : "MACHAPORA"

9)        " 1 hasta 2 años "          : "LLOKA"

10)      " 8 meses 1 año "          : "TRAWAMARA"

11)      " 4 " 8 meses " : "SONPOWAMARA"

12)      " 1 " 3 " : "ANTAWARA"

2.—Caciques de Chincha y el primer Nosocomio.— El cronista Garcilaso de la Vega, en sus Comentarios Reales, menciona que el cacique Capak Chincha, con motivo del rescate de Atahualpa, contribuyó con un inmenso botín de oro y plata; él mismo fue llevado en literas hasta Cajamarca, donde murió asesinado por los soldados de Pizarro. El nombre de este cacique, parece que dio origen al Valle.

En la época de la Colonia, los sacerdotes católicos, que catequizaron a los indígenas del Valle de Chincha, fueron los padres del Convento de Santo Domingo (orden de Predicadores), que fundaron, en el sitio de Anan-Chincha, su convento. Y, en el documento de 17 de setiembre de 1557, ya se menciona la existencia del referido convento de los padres de Santo Domingo, y la orden que se dio para edificar el primer nosocomio de Chincha, donde se podían atender a los indígenas pobres y enfermos del Valle, con el producto de la venta de harto oro, plata y otros bienes dejados por muerte del Cacique Principal don Hernando Atunka. Intervinieron en este legado don Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, y el señor Arzobispo de Lima. El acta de provisión que se levantó, en la fecha arriba indicada, es como sigue:

"Don Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, guardián mayor de la ciudad de Cuenca Visorrey y Capitán general destos reinos e provincias del Pirú por su magd. e por cuanto en días pasados por mi horden se truxo a esta corte arto oro e plata e rropa y otros bienes que quedaron por fin y muerte de don Hernando Atunca cacique que fue del Valle de Chincha repartimientos que está de la Corona real, los cuales se vendieron en almoneda y de la pocesión dellos se mandaron hacer con acuerdo y parecer del señor Arzobispo desta cibdad de los reyes cierta desión y obras pias, para descargo de su conciencia entre las cuales se proveyó y mandó, que para ayuda, edificar una casa como ospital del Valle de Chincha, junto al Monasterio del Señor Santo Domingo, se gastasen un mil setecientos cincuenta ps. para socorro de los yndios pobres y enfermos del dicho Valle, fuesen curados e socorridos así de rropa como de medicinas y de lo demás necesario para su salud y para comprar alguna rrenta para el dho. efecto como parece por la provisión que dello se dió despachada en primero de Junio deste presente año de quinientos e cincuenta e siete, porque después de aparecido ser cosa muy conveniente e necesaria que los dhos. un mil setecientos cincuenta ps. se emplen en censos seguros que sean rraizes para que den la rrenta que alcançare para el beneficio del dho. ospital e pobres mandó que sin embargo de lo contenido en la susodicha primera provisión que los dhos. un mill y setecientos cinquenta ps. corrientes se compren censos por orden del dho. señor arzobispo en esta cibdad de los reyes sobre bienes rraizes e que se haga escritura dello para que cura y beneficio de los pobres del que haciéndolos dhos. censos los hay por bien empleados haciendola dha. escritura como suyo de la qual se entregará el dho. ser. arzobispo para que tenga e sobre quien su señoría ordenare con la qual o su traslado autorizado y con esta mi provisión sea bastante rrocaudo para la persona su alto poder están los dhos. ps. de oro, fecho de los reyes a diez y siete días del mes de setiembre de mil quientos e cinquenta y siete años.— Ído. Jerónimo. Por mandato del Virrey de Avedaño"¹¹⁰.

El Repartimiento o Cacicazgo de Chincha perteneció al Corregidor de Cañete. Los caciques del Valle de Chincha se sucedían por línea recta de varón; sin embargo, Don Marcos Pasache, casado con una hija del cacique don Francisco Romero Wachatún, solicitó para sí el Cacicazgo de Chincha, consiguiendo ser nombrado cacique; poco después, los interesados del Cacicazgo pidieron la nulidad de este hecho, cuyo juicio ruidoso se llevó a cabo en las justicias del Corregimiento de Cañete. Este incidente está inserto en un expediente que siguió, en Ica, el año de 1759, don Juan Esteban Aquije sobre el derecho que éste tenía del Cacicazgo de San Juan de Urin-Ika. La copia del referido expediente, mantiene, en su poder, el autor.

Asimismo, se nombra a doña Magdalena Chimaco, como cacica principal de Chincha, el 20 de junio de 1614; mujer que fue, de Bernabé de Morales, español, cuya régula inicia, en sus escritos: "Santo Domingo el Real de Chincha".

3. Pueblo de Santiago Almagro de Chincha Baja y el Tambo de Mora.— La población de Chincha Baja fue fundada por el Conquistador Diego de Almagro a su regreso de Chile, dentro del área de la hacienda de San Pablo. Hace poco, en este lugar, existía vestigios de casas habitaciones de la primitiva población colonial; empero, por causas continuas del desborde del río Chico, sus moradores se trasladaron al sitio donde actualmente se desarrolla la floreciente población de Santiago Almagro de Chincha Baja. Iniciáronse las construcciones del Convento y del Templo en 1744, y se terminaron de edificar en 1761, tal como reza una inscripción existente en el templo de Santo Domingo.

El nombre del puerto de Tambo de Mora se origina por el hecho de que en ese lugar, existía una casa o "tambo" donde se alojaban los pasajeros y pescadores, y se proveían de menesteres de comer y beber; cuya finca pertenecía a un tal "Mora".

 

 

¹⁰⁹ La Relación y descripción de Diego Ortega Morejón, Corregidor del Valle de Chincha y de Fr. Cristóbal de Castro, Vicario del Monasterio de Santo Domingo de Chincha. Biblioteca Nacional de Madrid; versión por William Petersen; Colec. de Doc. inéditos, tomo 50.

¹¹⁰ Biblioteca Nacional del Perú — Library of Congress Harkness Collection Perú: Ns. 954-967; Documentos del Virrey, los Reyes, año 1557-1648 (Interpretado por el autor).

 

Actividades del Padre Rojas en los pueblos vecinos de Ica. — Los nuevos nombres de San Isidro, San Joaquín, Santa Rosa, Guadalupe. — Iglesias y camposantos que fabrica en esos pueblecitos y en Cachiche. — Labor de Fray Ramón en Pueblo Nuevo de Ica. — En San José de los Molinos. — En El Carmen de Ica. — Buena amistad del P. Rojas con los profesores y alumnos del Colegio de Ciencias fundado por Bolívar.

 

C A P I T U L O   X I V

Actividades del Padre Rojas en los pueblos vecinos de Ica. — Los nuevos nombres de San Isidro, San Joaquín, Santa Rosa, Guadalupe. — Iglesias y camposantos que fabrica en esos pueblecitos y en Cachiche. — Labor de Fray Ramón en Pueblo Nuevo de Ica. — En San José de los Molinos. — En El Carmen de Ica. — Buena amistad del P. Rojas con los profesores y alumnos del Colegio de Ciencias fundado por Bolívar.



En cierta ocasión el Padre Guatemala salió de Ica para visitar los pueblecitos más vecinos.

“Salió por la calle de San Juan de Dios y se fué hacia la hacienda Saraja. Era seguido de sus devotos y devotas, a quienes acostumbraba, durante el camino, contar escenas del Evangelio”, y “dirigiendo su mirada sobre estas tierras de Dios, manifestó su deseo de ver la hacienda con un nombre cristiano, proponiendo el nombre de San Isidro en lugar de Saraja. Fué prometido el cambio pero no lo aceptó el uso.

“Mejor aceptación tuvo el bautismo de otros barrios” —léase pueblecitos— “que el santo Padre hizo aquel día en su procesión más al interior de la pampa. Encontró, pues, el barrio de Saraja Chiquitín y pronunció con autoridad: “Saraja Chiquitín, desde hoy te llamarás San Joaquín”. Y cuando entró en la ranchería vecina de Arataya, el Padre le impuso el nombre de Santa Rosa, diciendo estas palabras que mucho tiempo se repitieron: “Muera Arataya y viva Santa Rosa”.

“Pues bien, en Saraja Chiquitín, convertido en S. Joaquín, el santo misionero quiso levantar un templo al nuevo protector. Como siempre, llamó a la buena voluntad de todos y convocó a fajinas (109), dando él personalmente el ejemplo de trabajo y repartiendo el pan y el huajote (110), al fin de las tareas.

“A veces iban con el Padre las cantoras Cipriana y Juana Filiberto, que para animar a la gente entonaban los mejores cánticos de su repertorio...

“Dejando por concluir la iglesia de San Joaquín, el Padre Rojas se fué hasta Cachiche, a principiar allá una iglesia. Convenía, pues, exorcizar con un templo al Altísimo ese lugar, donde el vulgo decía que las brujas endemoniadas se daban citas bajo las palmeras.

“El pueblo de Guadalupe, al pié del Cerro Prieto, recibió también muchos beneficios del santo varón, y en primer lugar el hermoso nombre que lleva” (111) en homenaje a la veneración de México; y más tarde la iglesia y el campo santo.

Pueblo Nuevo se halla a diez kilómetros de Ica y hacia el oriente de las ruinas de Tacaraca. Según tradiciones, en 1836 llegó a dicho lugar el Padre Guatemala, y cantó la primera misa en la casa municipal, pues Pueblo Nuevo carecía de iglesia y no había más sitio de oración que el oratorio particular de la familia Chacaltana, existente en Pongo Grande. Los moradores de Pueblo Nuevo jáctanse de que éste fué el lugar predilecto de Fray Ramón para sus prédicas, y afirman que les legó la actual iglesia matriz. Agregan que en la construcción de ella fué infatigable el insigne misionero, quien por sí mismo cargaba la arcilla, los adobes, etc., dando ejemplo a cuantos participaban en la operosa faena (112).

La iglesia de San Antonio, iniciada por el “Apóstol de Ica”, fué complementada en 1895 con una torre, y en 1918 se le hicieron algunas reparaciones.

Además de la familia Chacaltana que, en su residencia de Pongo Grande, agasajaba siempre al Padre Rojas, Pueblo Nuevo contaba con muchas otras familias indígenas de alguna posición económica, que brindáronle recursos para el mejor logro de sus propósitos. Tales eran las Pasache y Uculmana, Torrealva y Luque; Cabezudo, Moquillasa, Ibarra, Tipacti, etcétera. Mientras hacíase la edificación de la iglesia de Pueblo Nuevo, el Padre moró en la casa que es hoy municipal, y afírmase que por su iniciativa se perforó un pozo al lado sur del templo, el mismo que hasta la fecha suministra agua (113).

En los primeros días de Setiembre del mismo año 36, seguido de entusiastas devotos, se dirigió el ilustre guatemalteco al pueblo de San José de los Molinos, distante de Ica unos veintidós kilómetros, con el fin de dar misiones. Llevó consigo la imagen de la Virgen de Guadalupe, que extrajo de la capilla provisional que había levantado en la fábrica de Jesús María, y la condujo en andas, haciendo procesión. Detúvose ésta en el caserío de la Tinguiña para practicar algunos actos litúrgicos en la iglesia del lugar, y siguió el desfile el día siguiente, hasta Los Molinos. En tal población realizáronse las misiones y Fray Ramón se aplicó a mejorar el culto.

“Según la tradición, varias copias de la Virgen de Guadalupe que se veneran en nuestras iglesias del valle, son debidas a su pincel” (114), y una de ellas es la existente en Los Molinos, la misma que pintó el Padre después de encerrarse un día entero en la sacristía y que tuvimos oportunidad de contemplar en 1933.

En aquel entonces no había en ese pueblo, de suyo importante, un cementerio. El Padre Rojas escogió un sitio para edificarlo, dió principio a las faenas y por sí mismo empuñaba la pala a fin de preparar los trabajos preliminares. Refiere Cric (115) que D. Alonso González del Valle, de la familia de los antiguos marqueses de Campo Ameno y rico hacendado, sorprendió a Fray Ramón en tan fatigosas labores, y exclamó: “¿Cómo su paternidad se mete en estos trabajos? Deje, Padre, que yo le voy a mandar mis negros”. Y se los mandó. Pero el Padre Rojas recibía constantes llamados de Ica, y hubo de retirarse de Los Molinos sin terminar el cementerio. Tal obra prosiguióla el P. Manuel Clivillé, de la misma religión franciscana.

De entre las gentes que en San José de Los Molinos fueron distinguidas con la estimación del Padre Guatemala, es digna de mención la familia del honrado labriego Francisco Pinto, cuyo vástago, Tomasito, es señalado como modelo de virtudes y acerca de cuya vida, cortísima, se relatan hechos sorprendentes (116).

De Los Molinos se dirigió el Padre a El Carmen, pueblo poco distante de Guadalupe. Fray Ramón y sus compañeros de convento hicieron proficuas misiones allí, y acometieron la edificación de un cementerio y de una rústica iglesita con sólo muros de adobes con alma de huarango y techo de paja y caña de Guayaquil. Esta iglesita es hoy la sacristía del templo nuevo; y relatos tradicionales dan a saber que al observar el Padre que la antigua efigie de la Virgen del Carmen suscitaba rivalidades en el lugar, dijo a los moradores: “Hijos míos, yo os traeré una bellísima Patrona, que sea la madre y protectora de todos vosotros”, promesa que, poco más tarde, quedó cumplida, pues hizo venir la escultura de tamaño natural que obra en el altar mayor de la actual iglesia (117).

En Diciembre de 1836 retornó Fray Ramón a Ica, a fin de concurrir, como lo tenía prometido, a los certámenes de fin de curso del Colegio de Ciencias, de cuyos profesores y alumnos —el Director era el presbítero Cora— fué amigo sincero y afectuoso (118).

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109).—El Léxico registra la voz fajina como sinónima de faena. Pero en determinadas comarcas del Perú, la fajina es trabajo colectivo y gratuito que hace el pueblo en beneficio de determinada obra de interés público. Malaret, en su "Diccionario de Americanismos", nos hace saber que en Cuba la fajina es la "faena o trabajo que se hace en horas extraordinarias".

110).—Huajote, o más propiamente guajote, es voz que hemos definido así en nuestro libro "Hacia el gran Diccionario de la lengua española" (Buenos Aires, 1942): "mezcla de maní tostado y sin cáscara, nueces, trozos de coco, confites de anís, almendras y pasas, y se le suele agregar maíz y frejolitos tostados. Se dice que el guajote fué introducido en Ica, hace más de un siglo, por el franciscano guatemalteco Fray José Ramón Rojas, más conocido como el Padre Guatemala".

111).—Enrique Perruquet: "Fray Ramón levanta iglesias", art. cit. El pueblo de Guadalupe, antes del Padre Guatemala denominado Cerro Prieto, es capital del distrito de Salas, por ley de 4 de Febrero de 1925, y es paradero de la línea férrea que une a Ica con Pisco. El distrito se llama Salas, en recuerdo del General Juan José Salas, amigo de Fray Ramón.

112).—Véanse, en "La Voz de San Jerónimo" de Ica, números 204, 218 y 243, las correspondencias de Pueblo Nuevo, subscriptas por "Hyup", pseudónimo del preceptor de Los Aquijes, D. Pedro Uchuya y H.

113).—Véase en "La Voz de San Jerónimo" Nº 243, el artículo indicado en la nota anterior.

114).—E. Perruquet: "Del terruño: Fray Ramón en Molinos", artículo publicado en los números 39 y 40 de la revista iqueña "La Voz de San Jerónimo".

115).—Perruquet: el artículo de la nota 114.

116).—Ya se verá ello en nuestro volumen "Recuerdos del Padre Guatemala". Consúltese, en el Nº 41 de "La Voz de San Jerónimo", el artículo del Padre Perruquet: "Un discípulo aprovechado de Fray Ramón".

117).—Véase una correspondencia de los distritos al Director de "La Voz de San Jerónimo", en el Nº 131 de dicha revista.

118).—El Colegio Nacional de San Luis Gonzaga de Ica lo fundó Bolívar por decreto supremo de 1º de Junio de 1826; se le denominó Colegio de Ciencias, y fué interinamente su primer Rector don Isidro Caravedo. El Dr. José Valerio Cora fué también Rector del Colegio hasta 1832, en que, el 6 de Septiembre, lo reemplazó el Dr. José Lira. Parece que con posterioridad ejerció el Rectorado del Colegio el señor Cora, pues así lo dice la falsa carátula de la afamada oración fúnebre de 5 de Septiembre de 1839, en las exequias del R. P. Rojas: "Cura de Luren y Rector del Colegio de Ciencias". En el Colegio de Ciencias, llamado también "Colegio de Ciencias de Institución Bolivariana", se enseñaba Filosofía, Jurisprudencia y Matemáticas, afirma el Dr. Leoncio Maldonado en su artículo "Nuestro Colegio Nacional" ("La Voz de San Jerónimo", Nº 86). Desde la dación del decreto supremo de 25 de Mayo de 1862, se concita a la enseñanza secundaria.

domingo, 30 de agosto de 2026

CAÑETE, visto por el cronista PEDRO CIEZA de LEÓN (Crónica del Perú - 1553)

DE LOS VALLES QUE HAY DE PACHACAMA HASTA LLEGAR A LA FORTALEZA DEL GUARCO, Y DE UNA COSA NOTABLE QUE EN ESTE VALLE SE HACE


DE ESTE VALLE de Pachacama donde estaba el templo ya dicho se va hasta llegar al de Chilca, donde se ve una cosa que es de notar por ser muy extraña, y es que ni del cielo se ve caer agua, ni por él pasa río ni arroyo, y está lo más del valle lleno de sementeras de maíz y de otras raíces y árboles de frutas. Es cosa notable de oír, lo que en este valle se hace, que para que tenga la humedad necesaria, los indios hacen unos hoyos anchos y muy hondos, en los cuales siembran y ponen lo que tengo dicho, y con el rocío y humedad es Dios servido que se críe, pero el maíz por ninguna forma ni vía podría nacer ni mortificarse el grano, si con cada uno no echasen una o dos cabezas de sardina de las que toman con sus redes en la mar, y así al sembrar las ponen y juntan con el maíz en propio hoyo que hacen para echar los granos, y de esta manera nace y se da en abundancia. Cierto es cosa notable y nunca vista, que en tierra donde ni llueve ni cae sino algún pequeño rocío puedan gente vivir a su placer. El agua que beben los de este valle la sacan de grandes y hondos pozos. Y en este paraje en la mar matan tantas sardinas, que basta para mantenimiento de estos indios y para hacer con ellas sus sementeras. Y hubo en él aposentos y depósitos de los Ingas, para estar cuando andaban visitando las provincias de su reino. Tres leguas más adelante de Chilca está el valle de Mala, que es adonde el demonio por los pecados de los hombres acabó de meter el mal en esta tierra que había comenzado, y se confirmó la guerra entre los dos gobernadores don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro, pasando primero grandes trances y acaecimientos porque dejaron el negocio del debate (que era sobre en cual de las gobernaciones caía la ciudad del Cuzco) en manos y poder de fray Francisco de Bobadilla fraile de la orden de Nuestra Señora de la Merced. Y habiendo tomado juramento solemne a los unos capitanes y a los otros, los dos adelantados Pizarro y Almagro se vieron, y de las vistas no resultó más de se volver con gran disimulación don Diego de Almagro a poder de su gente y capitanes. Y el juez árbitro Bobadilla sentenció los debates y declaró lo que yo escribo en la cuarta parte de esta historia, en el primer libro de la guerra de las Salinas. Por este valle de Mala pasa un río muy bueno lleno de espesuras, arboledas y florestas.

Adelante de este valle de Mala, poco más de cinco leguas, está el de Guarco bien nombrado en este reino, grande y muy ancho y lleno de arboledas de frutales. Especialmente hay en él cantidad de guayabas muy olorosas y gustosas, y mayor de guabas. El trigo y maíz se da bien, y todas las más cosas que siembran, así de las naturales como de lo que plantan de los árboles de España. Hay sin esto muchas palomas, tórtolas, y otros géneros de pájaros. Y las florestas y espesuras que hace el valle son muy sombrías. Por debajo de ellas pasan las acequias.

En este valle dicen los moradores que hubo en los tiempos pasados gran número de gente, y que competían con los de la sierra, y con otros señores de los llanos. Y que como los Ingas viniesen conquistando y haciéndose señores de todo lo que veían, no queriendo estos naturales quedar por sus vasallos, pues sus padres los habían dejado libres, se mostraron tan valerosos, que sostuvieron la guerra, y la mantuvieron con no menos ánimo que virtud más tiempo de cuatro años, en el discurso de los cuales pasaron entre unos y otros cosas notables, a lo que dicen los orejones del Cuzco, y ellos mismos, según se trata en la segunda parte. Y como la porfía durase, no embargante que el Inga se retiraba los veranos al Cuzco por causa del calor, sus gentes trataron la guerra, que por ser larga y el rey Inga haber tomado voluntad de la llegar al cabo, bajando con la nobleza del Cuzco edificó otra nueva ciudad, a la cual nombró Cuzco, como a su principal asiento. Y cuentan asimismo, que mandó, que los barrios y collados tuviesen los nombres propios que tenían los del Cuzco durante el cual tiempo después de haber los de Guarco y sus valedores hecho hasta lo último que pudieron, fueron vencidos y puestos en servidumbre del rey tirano, y que no tenían otro derecho de los señoríos que adquiría, más que la fortuna de la guerra. Y habiéndole sido próspera, se volvió con su gente al Cuzco, perdiéndose el nombre de la nueva población que habían hecho. No embargante que por triunfo de su victoria mandó edificar en un collado alto del valle la más agraciada y vistosa fortaleza que había en todo el reino del Perú, fundada sobre grandes losas cuadradas, y las portadas muy bien hechas, y los recibimientos y patios grandes. De lo más alto de esta casa real bajaba una escalera de piedra que llegaba hasta la mar, tanto que las mismas ondas de ella baten en el edificio con tan grande ímpetu y fuerza que pone grande admiración pensar cómo se pudo labrar de la manera tan prima y fuerte que tiene.

Estaba en su tiempo esta fortaleza muy adornada de pinturas, y antiguamente había mucho tesoro en ella de los reyes Ingas. Todo el edificio de esta fuerza, aunque es tanto como tengo dicho y las piedras muy grandes, no se parece mezcla ni señal de como las piedras encajan unas en otras, y están tan apegadas que a mala vez se parece la juntura. Cuando este edificio se hizo, dicen que llegando a lo interior de la peña con sus picos y herramientas hicieron concavidades en las cuales habiendo socavado ponían encima grandes losas y piedras. De manera que con tal cimiento quedó el edificio tan fuerte. Y cierto para ser esta obra hecha por estos indios, es digna de loor, y que causa a los que la ven admiración, aunque está desierta y arruinada, se ve haber sido lo que dicen en lo pasado. Y donde es esta fortaleza y lo que ha quedado de la del Cuzco me parece a mí que se debía mandar so graves penas, que los españoles ni los indios no acabasen de deshacerlos. Porque estos edificios son los que en todo el Perú parecen fuertes y más de ver, y aun andando los tiempos, podrían aprovechar para algunos efectos.

Del libro: "Diarios Archivos y Brújulas"...Erick Sarmiento Fernández - 2026

domingo, 9 de agosto de 2026

FUNDACION DE LA VILLA DE VALVERDE DEL VALLE DE ICA

 

FUNDACION DE LA VILLA DE VALVERDE

DEL VALLE DE ICA

 


La Villa de Valverde del Valle de Ica se fundó, con fecha 17 de Junio de 1563, siendo Virrey del Perú don Diego López de Zúñiga y Velasco, Conde de Nieva, legalizado notarialmente por García de Córdova, y el que encomendó para su ejecución, con fecha posterior, al Capitán don Jerónimo Luis de Cabrera, actuando de Escribano de fundación don Hernando de Miranda. Y esto lo sabemos por el Notario Público de Cabildo de Ica, don Juan Gregorio Sánchez, Escribano de su Majestad, que, el 6 de Julio de 1609, hizo un traslado a su protocolo de dos provisiones que trajo de Lima don Francisco Cortés de Ravanera, como Procurador General del Valle de Ica, a favor de la Villa de Valverde. Primeramente, el Procurador hace constar la declaración del Marqués de Montesclaros, don Juan de Mendoza, Virrey del Perú, que gobernó de 1606 a 1615, el que asevera que don Francisco Cortés de Ravanera, presentó un memorial de capítulos, haciendo ver, en el capítulo V, que los Virreyes anteriores habían concedido tres privilegios a la Villa de Valverde de Ica: preminencias, términos y jurisdicción, los cuales fueron confirmados y aprobados por su majestad y el Virrey. El citado marqués de Montesclaros, al contestar a esta petición, hace expresa mención textual a lo dispuesto por el Virrey don Diego López de Zúñiga, conde de Nieva, con fecha 17 de Junio de 1563, que ordenaba la fundación de la villa de Valverde del Valle de Ica, con "jurisdicción privativa", o sea independiente de la Ciudad de los Reyes y con limitación territorial, que comprendía la Villa de Valverde: los pueblos indígenas de Ica (Luren, Anan y San Juan Bautista), los términos de la sierra (Santiago de Chocorvos y Córdova) y los valles de Nasca y Pisco; es decir, toda la jurisdicción territorial que comprendía desde tiempo de los Incas. Se hizo ver que ninguna justicia podía intervenir que "no sea la suprema", para las apelaciones que ejecutarían los Alcaldes Ordinarios ante el Corregidor, residente en la Ciudad de los Reyes; y con cargo de esta última autoridad vaya a la Villa de Ica en visita de inspección una vez cada año, por tiempo de "20 días y no más", durante la cual podía oír y librar pleitos, demandas, peticiones de partes, sin poder ejecutar pesquisas, informaciones de oficio contra los vecinos ni otras personas de la referida Villa, pasando por ella con "una vara Alta" de Justicia, como un Juez competente.

En seguida, en el mismo traslado, se hizo constar otra petición de capítulos, suscrita por don Diego de Avilés, Regidor de la Villa de Valverde, del Valle de Ica, a nombre del Cabildo de Justicia, presentada ante don Martín Enríquez, sexto Virrey de Perú, que gobernó los años de 1581 a 1583. El punto principal de esta petición consistió en que atento a la jurisdicción privativa que tenía el Valle, los Corregidores que fueran en visita a la referida Villa con su "vara Alta", se presenten primero al Cabildo de la Villa. Y al contestar el Virrey a esta solicitud, el 1º de mayo de 1582, dijo que había visto un testimonio de títulos de la fundación de la Villa de Valverde y sus términos, firmado por el Virrey, don Diego López de Zúñiga y Velasco, Conde de Nieva, con fecha 17 de Junio de 1563, autorizado y legalizado notarialmente por don García de Córdova, Escribano Público y de Cabildo de Ica; y que, por virtud de los poderes y comisiones recibidos del Rey de España, don Martín Enríquez termina diciendo: "apruebo y confirmo la población y títulos de la Villa que le fue dada por el Excmo Visorrey, Conde Nieva.

Fundación de un pueblo español denominado “Valverde”. El mismo Virrey, López Zuñiga, dirigió al Rey Felipe II una carta de fecha 10 de setiembre de 1563, afirmando que a 40 leguas al sur de la ciudad de los reyes, en el valle denominado Ica, había mandado fundar un pueblo hasta de cuarenta españoles, la nueva población de españoles fue denominada “Valverde” por ser nombre del pueblo natal del Conde de Nieva. Don Jerónimo Luis de Cabrera, repartió a cada vecino español “asiento para una casa y una huerta pequeña.

P. Alberto Rossel Castro.   HISTORIA REGIONAL DE ICA.

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