domingo, 4 de octubre de 2026

1935, cien años de la presencia de Fray Ramón en Ica

 

1935, cien años de la presencia de Fray Ramón en Ica

Nuevas honras solemnísimas en 1889, en San Francisco de Ica. — Oración del doctor Falconí. — El Pocito de la Milla 18 y las peregrinaciones iniciadas en 1929. — La historia del Pozo del Padre Guatemala según testimonio del Padre Villalta. — La gran cruz de algarrobo transportada al sitio del pocito y la leyenda allí colocada. — A los 100 años de llegar Fray Ramón a Ica. — Fiestas conmemorativas.



En 1889, el 23 de Julio, se celebraron honras, con extraordinaria pompa, en la iglesia de San Francisco de Ica, para conmemorar el quincuagésimo aniversario del fallecimiento del Padre Guatemala. El Vicario don Mauricio Mayurí, admirador de Fray Ramón, entonó la misa de requiem, y se pensó entonces, trasladar la osamenta del santo misionero, de Jesús María al templo franciscano, propósito que los superiores no encontraron prudente poner por obra. La oración panegírica del cincuentenario la pronunció un distinguido orador sagrado, natural del Ecuador, el R. P. Fray Antonio María Falconí, elogio fúnebre "que impresionó profundamente al auditorio" (28).

En 1929 y en la misma fecha 23 de Julio, para conmemorar el nonagésimo aniversario de la muerte de Rojas, se realizó la gran peregrinación al Pocito del Padre Guatemala.

Pero ese "pocito" tiene su leyenda, o historia (29).

En tiempos de Fray Ramón, la travesía entre Pisco e Ica se hacía solamente en cabalgadura —como hoy la hacen los pescadores del barrio de Comatrana—, o a pié. Se trata de una llanura extensa, que salva en estos días el viajero, en ferrocarril o en automóvil. Se llama la pampa de Villacurí —de setenta y tantos kilómetros—; y aquello es un trozo de África, pues tras interminables arenales descúbrense, de trecho en trecho, los risueños oasis con sus datileros gentiles y fresquísimos. El Padre Rojas, solo o con su séquito de devotos, muchas veces atravesó esa pampa de Villacurí, para ir a Ica o para dirigirse a Pisco, y posiblemente en más de una oportunidad sintió el aguijón de la sed devoradora bajo aquel abrasador y sofocante sol.

El viaje efectúabase en tres etapas: Ica-Hacienda Villacurí, Villacurí-Lanchas y Lanchas-Pisco.

Una vez, Fray Ramón y su comitiva —en la cual figuraba el Padre Villalta, del convento juandediano— durmieron en la hacienda Villacurí, y el día siguiente prosiguieron la marcha. Esta resultó muy penosa, y todos se hallaban en la inminencia de perecer por la gran sequedad en las fauces.

Fray Ramón empezó a entonar algunos cantos sagrados e invitó a su séquito a rezar el rosario. Hubo murmullos de desagrado... Entonces Rojas arrodillóse en la arena —según declaró el Padre Villalta bajo juramento— y comenzó a escarbar con ambas manos para hacer un hoyo. De pronto... surgió el agua cristalina, de la cual bebieron la gente y las bestias que portaban el fiambre.

Hasta hoy existe "El Pocito del prodigio", cabe el cerro de Tiza, a la altura de la "milla 18", y allí van las bestias para abrevar; allí acuden los choferes para arreglar sus vehículos; allí van los devotos para meditar en el Padre Rojas y venerar su memoria.

Pues bien, en 1929 se lanzó la iniciativa de conmemorar el nonagésimo aniversario del tránsito del Padre Guatemala a la inmortalidad, y decidieron los devotos y admiradores del señero personaje, tántos años ya fallecido, transportar al lugar mismo del pocito famoso una gran cruz de algarrobo, imitación de la que se conserva en la capillita de Guadalupe del templo de Jesús María, cruz esta última en la que solía hacer sus actos de penitencia el inolvidable misionero.

Más de cuarenta automóviles y camiones, y trenes de Pisco, condujeron a los numerosos peregrinos hasta la "milla dieciocho", lugar en el que se reunieron con otros devotos que, de Chincha y Pisco, habían acudido para exteriorizar sus entusiasmos en loor del egregio franciscano.

Se me oficiaciones una misa campal, bendíjose la cruz, leyéronse muchos sentidos discursos (30) y realizóse una manifestación a fin de testificar el anhelo de los pueblos del departamento de Ica por ver reanudado el proceso de beatificación del Padre Guatemala (31).

Los peregrinos de 1929 se hicieron el propósito de convertir la fecha 23 de Julio en día de fiesta rigurosa para los fieles iqueños. Tenían como grandes animadores al capellán de Jesús María y párroco de San Jerónimo R. P. Perruquet, y al celoso hijo de San Francisco R. P. Fray Ignacio Arpón. Colocaron, pues, en el sitio del Pocito la cruz de algarrobo, con una inscripción que decía: "Fray Ramón Rojas de Jesús María / el Padre de Guatemala / cavó este pocito en una de sus jornadas / de Ica Pisco, / + 23 de Julio de 1839".

El Padre Perruquet, la Asociación Católica presidida por la señora Margarita de Picasso, y los fieles todos, se dirigieron nuevamente al Pocito, el 23 de Julio de 1930, en compañía de los peregrinos de Chincha, Pisco y otras poblaciones. Pero en esa segunda vez no estuvieron solos. Les hizo compañía el Jefe de la Iglesia, Monseñor Emilio Lissón, que hizo viaje desde Lima, oyó devotamente la misa campal e impartió la bendición a todos los concurrentes.

El señor Arzobispo, testigo del gran fervor de tres provincias, se sintió contagiado del entusiasmo de los fieles, y firmemente hízose el propósito de ayudar a Ica, y con Ica al Perú entero, en sus anhelos por que se reanude el proceso de beatificación del Padre Guatemala.

Por desdicha, los acontecimientos políticos que se desarrollaron en Agosto de ese mismo año, alejaron a Monseñor Lissón de su sede; el Padre Arpón, además, fué trasladado al convento franciscano de Huánuco, y el Padre Enrique Perruquet marchó a Roma, para hacerse cargo de sus elevadas funciones de Secretario de la Congregación de canónigos regulares de la Inmaculada Concepción.

Llegó el año de 1931, y faltos los fieles de un animador de recia voluntad para organizar y también infundir entusiasmos, hubieron de omitir esa peregrinación que dos años consecutivos habían efectuado. Y así llegamos a 1935, en cuyo 2 de Abril hubo de recordarse que precisamente en tal fecha y cien años atrás, hizo su entrada en Ica el santo misionero guatemalteco.

Si el P. Perruquet continuaba en Roma, ya estaba nuevamente entre los iqueños el Padre Arpón; y este digno ministro del altar, que escuchara los deseos del P. Julián Lagos, visitador general de los descalzos del Perú, púsose en acción oportunamente, y pudo percatarse de que los pueblos de Ica, Pisco y Chincha y sus autoridades, hallábanse listos para debidamente honrar al egregio franciscano que, nemine discrepante, es proclamado el Patrón de Ica y sus contornos. Designóse un Comité Pro-Centenario, y éste preparó el siguiente programa conmemorativo: El 1o. de Abril, misa solemne y Te Deum en el templo de Jesús María, en acción de gracias por la bendita hora que le deparó a Ica la llegada a su suelo de Fray Ramón Rojas; y el 2 de Abril, a las 7.30 de la mañana, gran peregrinación al paraje de Villacurí, donde se halla el llamado Pozo Santo, en el que celebraría una misa campal el Párroco de Pisco.

Todas aquellas ceremonias de carácter religioso cumpliéronse con exactitud. Resultó solemne la misa de acción de gracias, cantada en Jesús María, y los concurrentes fueron tántos, que era insuficiente aquella casa de Dios para contenerlos. El diario "La Reforma" de Pisco, al informar sobre la peregrinación al Pocito de Villacurí, en la "milla 18", dijo que "una enorme concurrencia" rodeó la cruz de algarrobo allí puesta en 1929, y oyó la misa solemne, oficiada por el Padre José Serrano.

A continuación, el párroco de San Jerónimo de Ica, señor Rosas Bermúdez, bendijo la placa de bronce, conmemorativa, cuya leyenda, igual a la de la inscripción dejada en Julio de 1929, se diferencia sólo en la fecha. Dice: "Fray Ramón Rojas de Jesús María Padre de Guatemala cavó este pocito en una de sus jornadas de Ica a Pisco. — 2 de Abril de 1835". (32).

Hubo varios discursos, entre éstos uno hermosísimo del párroco de Luren, don Domingo Reverter, que leyó, por hallarse ciego el autor, Fray Teodoro Bermejo, Guardián del convento franciscano de Ica. El Padre Miguel Molinero declamó unos versos que había escrito otro franciscano distinguido, Fray Tarcisio Mori, en homenaje a Fray Ramón.

Como en las peregrinaciones precedentes, las damas de asociaciones pías agasajaron a los fieles con pastas, refrescos y dulces, y una banda de músicos de Ica amenizó las tres largas horas pasadas en la pampa de Villacurí al pié de la cruz de algarrobo.

Dió cuenta, el siguiente día, un diario, de impresionantes detalles de la romería: "El R. P. Ignacio bendijo el parque, y pronunció, con verbo cálido, un conceptuoso discurso"... (33) "Los devotos bebían con asombrosa fé el agua apetecida del Pozo milagroso, y se abastecían a porfía para servirse (de ella) en sus necesidades y dolencias futuras, como también mostraban su religiosidad rezando el santo rosario, en el viaje de ida y de regreso".

Las festividades en memoria del "preclaro varón apostólico que en felicísima hora arribó a Ica el 2 de Abril de 1835", fueron el mejor acicate de la feligresía iqueña.

A los pocos meses, circuló esta invitación: "Gran Fiesta en el Pozo Santo (Pampa de Pisco). Los Comités de Damas Pro-Capilla Rojas, de Chincha, Ica y Pisco, invitan a todas las clases sociales del Departamento de Ica, a la suntuosa fiesta de la bendición de la primera piedra de la Capilla del Pozo Santo, venerando la santa memoria del R. P. Fray Ramón Rojas, que tendrá lugar el día primero de Setiembre próximo, a las 3 de la tarde, auspiciada por el señor Prefecto del Departamento y varios sacerdotes, entre los cuales el digno párroco de Pisco, R. P. Juan Payeras, bendecirá dicha primera piedra.—Devotos entusiastas del V. P. Rojas, venid todos al Pozo Santo, donde actuarán numerosos Padrinos y Madrinas de las tres provincias iqueñas".

Según lo manifestó el corresponsal de la United Press a "El Comercio" de Lima, el 31 de Agosto de 1935, aniversario CLX del nacimiento de Fray Ramón, se celebró en la iglesia de Jesús María una solemne misa, y el domingo 1o. de Septiembre, con gran asistencia de fieles de las tres provincias del departamento vecino, idos allí en romería con el P. Ignacio Arpón a la cabeza, procedióse, a las 4 de la tarde, a colocar la primera piedra de la ermita o capilla de San Ramón Nonato, en pleno desierto de Villacurí y en el mismo sitio del manantial que hizo brotar el Padre Guatemala. Apadrinaron la ceremonia el Alcalde de Ica, Don José Picasso, y otros elementos visibles de Ica, Chincha y Pisco, y pronunciáronse elocuentes discursos en loor del infatigable misionero centroamericano. De Pisco se llevó un gran retrato del Padre Guatemala, óleo del pintor iqueño don Víctor Jacobo Gálvez. La piedra que se bendijo y colocó en forma tan extraordinaria, ostentaba esta leyenda: "Deo Optimo Maximo. Primera piedra Capilla Pozo Santo. 1o. Setiembre 1935." (34).

NOTAS / NOTAS DE PIE DE PÁGINA

28).—Ver, en el número 108 de "La Voz de San Jerónimo" de Ica, la inserción "Documentos Históricos: Cincuentenario de la muerte del Venerable Padre Fray Ramón Rojas".

29).—Véanse los episodios de la vida del Padre Guatemala, subscritos por Ignotus, en el Nº 90 de "La Voz de San Jerónimo", y el artículo de Cric, "Del Terruño: El Pozo de Fray Ramón Rojas en la pampa de Pisco", en el número 155 de la misma revista.

30).—Cuaderno VI de la colección "Del Terruño o Ica a través de los siglos" (Ica 1930) y número 241 de "La Voz de San Jerónimo". Ambas publicaciones informan sobre aquella primera peregrinación al Pocito.

31).—Era, a la sazón, Arzobispo de Lima el Excmo. Monseñor Emilio Lissón, el cual recibió, por telégrafo, aquel anhelo. Decía el despacho: "Clero Ica, Pisco, Chincha, damas Asociación Católica, gran multitud fieles, solemnizando nonagésimo aniversario Padre Rojas, erección Cruz lugar Pozuelo Fray Ramón pampa Pisco, envían Ilustrísima sentimientos devoción, suplicando reanudación causa beatificación. — Perruquet, Reverter, Cañellas, Domínguez, Ciaffei, Dalloz".

32).—La placa, obra del escultor iqueño don Luis Peña y Peña, ostenta la efigie del Padre Rojas, y se colocó en la peaña de la cruz.

33).—"La Voz de Chincha". — Se refiere al Padre Ignacio Arpón de Velasco, alma de aquella fiesta, y autor del minúsculo parque del Pozo Santo, adornado con datileros e higuerales.

34).—No pudo prosperar el propósito de edificar la capilla o ermita de San Ramón Nonato, debido a que surgieron dificultades con los dueños de esos terrenos. Por telegrama de Ica publicado en el diario limeño "La Prensa" (5 de Febrero de 1942), creemos que tales dificultades fueron allanadas, pues aquel despacho informa que el Ingeniero Roque Vargas Prada donó para "la capilla del Pozo Santo" cierta cantidad de barriles de cemento.



viernes, 2 de octubre de 2026

El proceso de beatificación del Padre: Fray Ramón Rojas de Jesús María en Ica - Perú

 

El imborrable recuerdo del Padre Rojas. — Su fama por hechos extraordinarios que se le atribuyen. — El doctor don Mateo Tordoya. — La exhumación de los restos, realizada en 1870. — Iníciase, en 1871, el proceso de la beatificación. — ¿Por qué paralizóse éste? — Dos posibles gestores dinámicos de la beatificación anhelada.



El recuerdo de Fray Ramón se conserva en el Perú “como el grato perfume de las flores”. Las generaciones se suceden. Ya no existe sér viviente que le hubiese conocido; y sin embargo, su celebridad es considerable. De él se habla a menudo, y se le invoca; a él se le confían tribulaciones para que las despeje. En Ica, sobre todo, está Fray Ramón en todos los labios. Hasta las rústicas almas campesinas nos hablan del Padre Guatemala.

De su vida en este mundo se cuentan hechos prodigiosos. En varias publicaciones consígnanse, también, otros extraordinarios fenómenos observados a la hora de su muerte. Y refiérense sucesos que pasman de admiración, realizados despues de su tránsito a la inmortalidad (22).

Nosotros, que no hemos intentado, ciertamente, acometer un trabajo hagiográfico, hemos tenido la cautela de no mencionar sino algún que otro de esos hechos extranaturales, y dejamos que otras plumas los consignen en las páginas que constituirán el expediente que habrá de llevarse a Roma para obtener lo que es un anhelo público: la autorización, por la Silla Apostólica, para que José Ramón Rojas de Jesús María puda ser colocado en los altares de la cristiandad de nuestro credo.

22). — En nuestro próximo libro acerca del mismo Padre Guatemala, presentaremos gran acopio de aquellos hechos extraordinarios.

 

El proceso de la beatificación se inició formalmente (23) hace más de medio siglo. Quien tomó a cargo suyo tal tarea —en cumplimiento de un voto, según referencias (24)— fué el Dr. Mateo Tordoya, Asesor y Notario Mayor de la Curia Eclesiástica de Lima, y primo del célebre Obispo in partibus in fidelium, del mismo apellido.

Con fecha 9 de Noviembre de 1870, presentó un escrito al Arzobispado, y en él dijo: “tengo la firme persuasión de que el R. P. Rojas o Guatemala es reputado por un santo y por esto me animan los más mehementes deseos de que se inicie y siga a mi costa, si V. S. I. lo tiene a bien, el correspondiente proceso de santidad para su beatificación o canonización en Roma”; y solicitó licencia para efectuar la exhumación de los restos (25).
Concedida tal licencia por el Arzobispo Goyeneche, Tordoya constituyóse en Ica, y el 5 de Diciembre del mismo año, a la una del día, procedióse a levantar la lápida de marmol, tras de la cual se encontró una cubierta de ladrillo, y detrás de ésta a su vez, el sepulcro, lleno de arena. Retirada dicha arena, aparecieron fragmentos de la caja mortuoria, algunos huesos, las sandalias y parte del sayal. Proseguida la operación, se descubrió el resto del cadáver, al que faltábanle algunas piezas, como también una de las mangas, el cordón y la capilla del hábito, y así mismo el vestido interior. Comprobóse, de tal suerte, que la tumba había sido violada; y declaraciones hechas por don Jesús Romero, dieron a saber que una noche de 1861, el Capellán de Jesús María, D. José Sánchez Lescano y otras personas, clandestinamente habían exhumado el cadáver.

23). — De pocos bienaventurados puede decirse que, cierta, inobjetablemente, murieron en olor de santidad. Sincera fué, pues, la preocupación de caracterizados moradores de Ica, por que se iniciara el expediente para la beatificación de Rojas de Jesús María. En el archivo de la Arquidiócesis hay documentos que revelan esa preocupación. Verbigracia, con fecha 9 de Septiembre de 1847, el R. P. Guardián del Convento franciscano de San Antonio, Fray José Zepeda, y los señores José Boza, y Juan José Donayre, dirigiéronse al Arzobispado de Lima para pedir la designación de un funcionario que recibiese informaciones acerca de “la vida y costumbres del Reverendo Padre Fray Ramón Rojas de Jesús María, pues de lo contrario la muerte de los que sobrevivieron haría imposible la consecución de los datos”. Los señores Boza y Donayre eran síndicos procuradores. Días después, el 13 de Septiembre de 1847, el mismo Padre Zepeda en consonancia con la solicitud anterior, se dirigió al Arzobispado para pedir, si a bien lo tenía el Jefe de la Iglesia, la exhumación del cadáver del ilustre franciscano guatemalteco. Por cierto que Fray Zepeda incurrió, en ese segundo escrito, en un pequeño error, pues dice allí que Fray Ramón Rojas había fallecido el 23 de “Enero” de 1839. Posiblemente, poco o nada se hizo en la materia; y estamos seguros de que si alguna labor se realizó, esa labor no anduvo bien orientada y, por consiguiente, estériles fueron los resultados.

24). — Véase, en el Nº 128 de la revista “La Voz de San Jerónimo”, el sabroso artículo del Padre Perruquet (Cric), “El doctor don Mateo Tordoya y el Padre Rojas”.

25). — En el “Proceso canónico, etc.”, que en parte consultó el P. Perruquet, y uno de cuyos cuadernos nos fué posible meaminar.

 

Trasladáronse los restos a nueva caja, y suscribióse un acta, por las autoridades políticas y judiciales, el clero y vecinos distinguidos, acta que autorizaron el Notario D. Pedro Torres y los escribanos de estado D. José Isabel Pizarro y D. José Vergara (26). El 8 de Enero de 1871, por su parte, suscribieron otra acta los médicos que habían intervenido en la exhumación, doctores Juan M. de Ocampo, Manuel Paulette, José G. Huerto, M. Federico Ocampo, Ramón Quintana, Juan P. Cayo y Juan Silva.

El 15 de Febrero, Tordoya presentóse nuevamente al Arzobispado, rindió informe de su viaje, de la exhumación, de las exequias y demás funciones religiosas que había presidido, y pidió que se autorizase a los párrocos del Callao, Ica, Chincha y Pisco, para recibir declaraciones de las gentes sobre los portentos obrados por el Padre Rojas.

26). — Suscribieron el acta el Vicario don Anselmo Peña, el párroco de la Matriz don Mariano L. García, el cura de Luren don Mauricio Mayurí, el párroco de San Juan don Eugenio del Portal, el Guardián del Convento franciscano Fray Salvador Clivillé, los monjes franciscanos Fray Juan Codolosa, Fr. Cayetano Milteni, Fray Camilo Aymerich, Fray Rosario Piazza, Iluminato, y Andrés; el Padre Prior de San Agustín, Fray José Mercedes Rivera Rencón y los padres José Pérez, Antonio Chuecas y Mariano Barragán; el Capellán de Jesús María don Miguel Aralucea, el capellán del Beaterio del Socorro don Antonio Mendoza, el Prefecto don Pedro de la Haza, el Subprefecto don P. M. Paulette, el Gobernador Don Felipe Chacalaje, el Juez de Derecho don Manuel Andraca, el cajero fiscal don José Ríos, el abogado D. Manuel Antonio Boza, así como don Juan de Dios de la Quintana, don José S. Martínez, el Comandante don Manuel Robles, don Manuel Pablo Olaechea, don José León, don José Miguel Aguirre, don José Antonio de Olaechea, don Pedro Aizcorbe, don A. González del Valle, el abogado don José Rodolfo Romero y otros distinguidos vecinos de la ciudad.

 

Monseñor Sebastián de Goyeneche, Arzobispo de Lima, accedió al pedido, y se inició, así, el expediente de la beatificación, o “Proceso Canónico ad perpetuam de las virtudes, hechos heroicos y portentos operados en vida y muerte por el Rdo. Padre Misionero Descalzo, de la orden Franciscana de menores observantes, Fray José Ramón Rojas, natural de Guatemala, y fallecido en la ciudad de Ica (Perú) el 23 de Julio de 1839”.

El decreto arzobispal comisionó para actuar en Lima a Monseñor Pedro José Tordoya, Obispo de Tiberiópolis, y autorizó, como lo pidiera don Mateo, a los curas del Callao, Chincha, Pisco e Ica, para recibir las declaraciones.

El 18 de Febrero, el Obispo Tordoya, decretó que todas las declaraciones que iban a recibirse, se hicieran previo juramento; y así se iniciaron los trabajos en pró de la beatificación del eminente franciscano nacido en tierra de Centroamérica.

Bastante se avanzó en aquello de recibir declaraciones, tanto en Lima como en Chincha e Ica. Se formaron cuatro o cinco cuadernos. Estos fueron vistos en manos de Monseñor Dr. Jaime Tovar, por el franciscano R. P. Jaime Correger “ahora muchos años”, y es de suponerse que el Canónigo Tovar, los devolvió a la Curia Arzobispal. Empero, de sólo uno o dos de aquellos cuadernos hay noticia, pues obraban en poder por compra, del malogrado Dr. Jenaro E. Herrera, quien se sirvió franquearnos en 1933, por breves horas, uno de ellos. Los demás, posiblemente pasaron también a manos de particulares, sin que sepamos quiénes son los poseedores.

Lo cierto es que el trámite del proceso de beatificación del Padre, se paralizó desde el año 1898.
Hoy actúa en cargo prominente de su religión uno de los cultores insignes de la memoria del Padre Guatemala: el P. Cipriano Casimir, antiguo Capellán de Jesús María de Ica. Y es de desearse que los llamados a hacerlo, por investir personería de institución autorizada, se esfuercen por rescatar aquellos cuadernos, pues son documentos preciosos que contienen relatos abonados por las firmas auténticas de personas que conocieron en vida al Padre Guatemala, y que del ejemplar asceta recibieron positivos beneficios. En tales cuadernos, que no alcanzamos a explicarnos cómo pudieron pasar a manos de particulares, se narran muchísimos hechos, ciertamente portentosos, que llegó a leer el malogrado Carlos Prince y que deberán ser compulsados en el Vaticano a fin de dar el veredicto final.

Humanamente sería imposible rehacer lo que en tales hojas —ejemplares únicos— fué consignándose por gente de condición social varia, tanto de Ica, Pisco y Chincha, como de Lima y el Callao. El esfuerzo a que invitamos, necesaria e indispensablemente hay que hacerlo; y si la persuasión no fuere bastante, pues para ello tenemos la administración de justicia.

Y el rescate a que aludimos, urge. En la ciudad de Roma el R. P. Casimir es hoy el Superior General de los Canónigos Regulares de la Inmaculada Concepción, y segurísimos estamos de que secundará los trabajos que lleguen a hacerse en favor de la beatificación del prominente franciscano, “Apóstol de Ica” por decisión plebiscitaria (27).

27). — Mucho se ha hablado, ya desde hace un siglo, sobre todo en Ica, acerca de la beatificación y hasta santificación del Padre Guatemala. Pero todo es, en resumidas cuentas, una mera aspiración de las gentes. Nadie orienta al pueblo acerca del procedimiento que debe seguirse para que en Roma se conozcan las portentosas virtudes del glorioso siervo de Dios. De allí que se haya pensado hasta en levantarle una capilla, pero no en reunir fondos para el rescate de los documentos consignados en los cuadernos robados del “Proceso” que se inició en 1871 gracias al celo de Tordoya. Y fué tanto el vocerío levantado en torno a la santidad del ilustre franciscano de Quezaltenango, que hasta Guatemala llegaron —y muy temprano— erróneas noticias acerca de la inteligente actividad de los fieles del Perú. Así, en el periódico “El Tambor”, número 2, de la capital guatemalteca, el 3 de Junio de 1843, se publicó el suelto que sigue: “Diana. — Tenemos la más grata complacencia de anunciar al público católico de la República, que un Padre contemporáneo nuestro entre poco tiempo será incluído por la Iglesia en el catálogo de sus bienaventurados. Datada en Cartago a 19 de Abril de este año, hemos visto una carta dirigida a un Religioso del Convento de propaganda fide de esta ciudad, que contiene la noticia siguiente: 'En papeles públicos del Perú se anuncia la pronta canonización del Padre Fray Ramón Rojas'. Guatemala, pues, celebrará la Beatificación de un hijo suyo: de un virtuoso Guatemalteco, Religioso de este Convento, que hallándose propagando la fé en el Estado de Nicaragua, lo deportó vilmente a la América del Sur la mano atroz de la revolución. Los periódicos de otras naciones han publicado las virtudes del R. P. Fr. Ramón Rojas: nosotros nos abstenemos de hacerlo: existen dos hermanos de él entre nosotros, que apreciamos. Esto basta a nuestra escusa”. El amigo que nos envió el recorte en 1938, comentó: “No deja de desanimarme la noticia publicada en 'El Tambor', pues hace 95 años que nuestros abuelos tenían la misma esperanza que abrigamos nosotros, lo la canonización del Padre Guatemala”.

 

Y ya que hablamos de trabajos en pró de la beatificación del Padre Guatemala, no es por demás repetir lo que Fray Alberto Gridilla, en su pequeño libro destinado a bosquejar, a grandes pinceladas, la figura de Fray Ramón, dijo:
“... se necesita dinero. Si en la alcancía del Pocito, no obstante haber sido robada por los amantes de lo ajeno más que del Padre Rojas, se han podido reunir unos 2,300 soles, y ésto sin control, para levantar allí una capilla; si en el cepillo que siempre ha existido en la puerta de la Iglesia de Jesús María se han recogido en estos últimos años más de 14,000 para la reparación de ese templo, tumba del santo misionero, ¡cuánto no se habría recogido si desde un principio se hubieran destinado esas limosnas a procurar su beatificación! Estoy seguro que, aún hoy día, si se pide una limosna con ese fin, no habrá una sola persona en Ica y sus alrededores, que no se preste a contribuir con su óbolo para conseguir la glorificación del Padre Guatemala. Terminaré con las palabras que el Padre Perruquet escribía desde Roma: 'Creen en Ica, que aquí la cosa está muy adelantada, y en Roma no se sabe nada del asunto'. En Roma ni saben quién es Fray Ramón, y no lo saben porque nada ha llegado hasta allí; y no ha llegado, por que nada definitivo se ha hecho en Lima; y no se ha hecho, porque el proceso no se sostiene con Memoriales ni con firmas, no obstante los prodigios del Padre Guatemala, más que suficientes no sólo para ser beatificado sino para ser canonizado. Nuestra Seráfica Orden no ha intervenido hasta ahora. Lo del Padre Rojas es cosa nuestra. Si nosotros no nos interesamos, ¿quién se interesará?....”

Pero no tan sólo la Seráfica Orden — agregaremos —; se deben interesar todo el clero peruano y todo peruano. El Perú, pródigo en flores de santidad, contará muy en breve, si sabemos esforzarnos, con otro celestial patrono que vendría a acrecer la constelación que forman Santo Toribio y Santa Rosa, San Francisco Solano y los beatos Fray Juan Macías y Fray Martín de Porres.

No hay, en todo el nuevo mundo, país tan colmado de glorias del cielo.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

"Caciques y Templos de Ica".

                                                          


INTRODUCCIÓN

Este trabajo fue preparado con ocasión del Primer Congreso Interamericano de Historia y Arte Religioso que se celebró en la Ciudad de Buenos Aires, del 22 al 27 de Octubre de 1952; y lo presentamos, en nuestro carácter de Delegado por la Diócesis de Ica, a los organismos técnicos de la Comisión Organizadora del referido Congreso. El autor ha recibido antedaladamente las felicitaciones por la importancia y consideración del dicho trabajo intitulado entonces "Datos Históricos de la Diócesis de Ica".

Por insinuaciones de nuestros amigos, amantes de la cultura e intelectuales de la legendaria Ciudad Iqueña, después de haber expuesto en una charla que diera el autor en el local artístico de "La Peña-Pacheco" sobre una parte del citado tema que correspondía casualmente a los "Cacicazgos de Ica", nos vimos obligados, salvando muchas dificultades de orden económico, dar publicidad al presente libro con el nombre de: "Caciques y Templos de Ica".

La obra ante esta decision nuestra ha sido revisada, aumentada y corregida y dividida en capítulos especiales en los que nos ocuparemos preferencialmente de las dinastías que gobernaron los cuatro Repartimientos del Corregiminto de Ica, como: Chincha, Pisco, Ica y Cajamarca. Las fuentes de que nos hemos valido han sido las originales o primarias que constituyen los documentos contemporáneos que tienen más valor que las secundarias o de segunda mano. Esas fuentes primarias son los protocolos notariales más antiguos de Ica, de Francisco de Vera (año 1546); de Alonso Valencia (1556); de Pedro de Lizón (1547); de Tomás de Vallejos (1568); de García de Córdova (1582); de Fernando de Carvajal (1589); de Juan de Velasco (1605); de Tomás Ruiz (1611); de Mateo de Arce (1630); de José Antonio Silva (1702); de Manuel Pérez (1796); cuyos documentos paleográficos, en su mayor parte, están en el Archivo Nacional de Lima (Perú). Siguiendo el método de la Heurística, al escribir este capítulo, para la historia de Ica, hemos hecho poco caso de las fuentes orales que son producto imaginario del vulgo que trata más bien de nublar los hechos o fuentes originales cubriendo de matices irrisorios como aquel caso cuando llegó Bolívar a Ica. Se dice que un indígena de San Juan Bautista, apellidado Espino, se presentó ante el Libertador cargados sus pies de cadenas pidiendo un Colegio de Ciencias. ¡Oh, tremenda farsa! como aquella idea extravagante del sueño que tuvo San Martín en Paracas da una parvada de flamencos de plumajes rojo y blanco, para dar origen a nuestra bandera nacional.

Como no puede haber Historia integral peruana sin tratar de Historia Eclesiástica, ya que a la Iglesia Católica, especialmente en América, le cupo desempeñar uno de los más importantes y delicados problemas de la Catequización, que sin ella tal vez había fracasado toda tentativa de conquista, y mucho más en el Perú, con un puñado de hombres o soldados aventureros que cometieron muchas veces una serie de injusticias, las que fueron condenadas casi siempre por los misioneros de Cristo. No somos partidarios de los que afirman que la Fe en América se haya cimentado con la espada mefistofélica o sanguinaria. La Iglesia verdadera fundada por Cristo, jamás usará de las armas para conseguir adeptos de su causa redentora, que es todo amor, caridad, sacrificio y ternura. En lo que se refiere al Departamento de Ica, la cultura y la fe cristianas están plasmadas como un sello indeleble en sus templos. De ahí, que no podemos hablar de la historia de Ica sin hacer mención de su organización religiosa; fuente de progreso y civilización de los pueblos. Las parroquias en la jurisdicción iqueña se erigieron en los primeros núcleos de pueblos reducidos. Prescindir de ellas, sería olvidar parte esencial de su historia. Las órdenes religiosas, con especialidad la de los Franciscanos, fueron los pioneros en la vida parroquial iqueñense. Lamentamos no precisar la fecha y año de erección de cada parroquia, por cuanto nos ha sido imposible encontrar las fuentes primarias de los decretos expedidos por el primer Arzobispo de Lima, Fr. Jerónimo de Loaiza, los cuales, posiblemente, deben existir en la Biblioteca del Vaticano de Roma o en el Archivo Eclesiástico Limense, en los que se guardan importantes documentos de la Historia Eclesiástica del Perú. Por falta de partida económica especial, para catalogar los documentos en orden cronológico separándolos por legajos y títulos y cuadernos, están, en su mayor parte, algo descuidados. Sin embargo, a penúltima hora, han llegado a nuestras manos, como fuente primaria de investigación, las Constituciones del Primer Concilio Provincial Limense (año 1551), publicado por el historiador R. P. Rubén Ugarte, que nos han servido para coordinar algunos hechos relacionados con la erección de parroquias.

Asimismo, hablamos de la erección política de Ica, remontándonos a la formación de los primeros pueblos coloniales; de la fundación de la Villa de Valverde y la erección en Ciudad de Ica, respaldados con nuevos documentos que vienen a rectificar ciertos errores.

La publicación modesta en sí, pero sincera de este libro tiende a incrementar la historia bibliográfica de la benemérita ciudad iqueña como fuente de orientación para posteriores estudios, o para celebrar, el año de 1963, el cuarto centenario de la Erección de la Villa de Valverde del Valle de Ica. No tenemos la pretensión de haber tratado todos sus problemas de orden histórico. Sabemos que en esta obra existen lagunas, porque no es tarea hacedera a la capacidad de un hombre, lo que sería fácil el trabajo por equipos. Nuestro afán con todo ha sido de privaciones y sacrificios y desvelos. A esto se suma, que a más de haber trabajado buscando datos dispersos en diferentes archivos notariales, en bibliotecas particulares y nacionales, tenemos que afrontar todavia el problema económico para su impresión. Sentimos mucho que en nuestro país no existen oficinas de divulgación histórica o se encarguen de editar libros nacionales, de toda índole del saber humano. Si así sucediera serviría para contrarrestar la enorme afluencia de libros extranjeros que invaden los escaparates de las bibliotecas del país con meñoscabo de nuestra cultura; libros que en su mayoría no estudian ni entienden los problemas que estén a tono con nuestras necesidades espirituales o sociales. No ignoramos que existe un departamento de Extensión Cultural del Ministerio de Educación que provoca concursos de historia, litratura y arte, y ciencias afines, cada año, premiando con la irrisoria suma de cinco mil soles al mejor trabajo. Esta dependencia del Estado, que debe reformarse, en la mayoría de los casos, está supeditada a recomendaciones que dan orígen, necesariamente, a melegar trabajos de importancia después de haber dormido éstos en poder de la Comisión censora un año, con grave perjuicio de sus autores.

En consecuencia, los escritores nacionales que trabajan sin apoyo del Estado, cuando menos, deben tener una ayuda para la publicación de sus obras. En este estado de cosas, sin esperanzas de ser recompensados los sacrificios empleados en conseguir materiales, sale a luz este libro con el único propósito de divulgar uno de los acervos históricos de nuestro patrimonio nacional.

P. A. R. C
Año 1954

viernes, 18 de septiembre de 2026

Un vaticinio del Padre Rojas al General Salaverry, que la tradición oral iqueña conserva.

 CAPITULO XII



A qué obedeció la presencia en Ica del Dictador Salaverry. — Anécdotas pintorescas, referentes a tal episodio de nuestra vida republicana. — Cordiales relaciones de amistad que mantienen el General Salaverry y el notable franciscano. — Un vaticinio del Padre Rojas al General, que la tradición conserva. — Salaverry se propone hacer Obispo de Maynas a Fray Ramón. — Comunicaciones oficiales que con tal hecho se relacionan. — El fusilamiento del vencido en Socabaya impidió que el esclarecido guatemalteco se ciñera la mitra vacante.
En párrafos anteriores hemos aludido a la presencia, en Ica, del Jefe Supremo General Salaverry.
Esa salida de Lima, del joven caudillo que desde el 23 de Febrero de 1835 se rebeló contra el Presidente provisional Orbegoso, obedeció al plan que, en consonancia con su decreto de guerra a muerte al invasor, se había trazado. Deseaba salir al encuentro del Presidente de Bolivia, General don Andrés de Santa Cruz, que, estimulado por Orbegoso, había entrado en territorio del Perú desde el 16 de Junio del propio año 35, a la cabeza de cinco mil soldados, y ocupado, sin más resistencia que la opuesta por el General Gamarra —casi ya de acuerdo con Salaverry este último— en la batalla de Yanacocha, realizada el 13 de Agosto, y por los departamentos de Cusco y Ayacucho.
Salaverry organizó en Bellavista, operosamente, un pequeño ejército, constante "de seis batallones de infantería, dos escuadrones de caballería y unas cuantas piezas de artillería" que sumaban "en todo como tres mil quinientos hombres" (94), y embarcó a casi toda la gente en la escuadra comandada por el Contralmirante D. Carlos García del Postigo.
En Lima había quedado gobernando un Consejo, presidido por el amigo de Fray Ramón, General Juan José Salas, e integrado con los señores Manuel Bartolomé Ferreiros y José Braulio del Camporredondo. El Jefe Supremo, el Secretario General Dr. Andrés Martínez y la caballería marcharon por tierra (95).
La llegada a Pisco fué el 6 de Octubre (96), y algo después —el 15— el Dictador estableció su campamento en Ica, para estudiar desde allí los movimientos de Santa Cruz y del segundo de éste, General Trinidad Morán, que operaba en Huancavelica. El 20 se emprendió la travesía "por sobre uno de los más difíciles pasos de la cordillera, por entre Ica y Ayacucho, y después de una asombrosa y peligrosa marcha en la época de las lluvias, la peor para ellos, llegó a Ayacucho, dos horas después que Morán lo había abandonado en precipitada fuga" (97).
Al advertir Salaverry que Santa Cruz se apartaba del Cusco, cambió su plan de campaña y dispuso que el ejército se dividiera en tres cuerpos, los que deberían reunirse en Arequipa, "Fernandini y Vivanco tomaron el camino, por sobre los cerros de Parinacochas, a Vítor; Salaverry, por la costa, a Pisco, para reforzarse con las tropas de Medina, mientras que una pequeña división, a órdenes del Coronel Porras, quedó en la sierra, observando los movimientos de Santa Cruz, y después debía unirse con el resto del ejército" (98).
Dos veces, pues, por lo menos, estuvo Salaverry en Ica el año 35, y se alojó en una de las mejores casas de la ciudad, la del comerciante iqueño don Francisco Oliva, situada en la calle hoy llamada de Ayacucho. Pero la familia Zorrilla puso a su disposición, también, su lujosa residencia, inmediata a la plaza principal, antigua propiedad de los marqueses de Torre Hermosa. Y fue allí en dónde la alta sociedad de Ica ofreció un gran sarao al Jefe Supremo y "según una crónica de Julio Senisse, el General, vestido con uniforme de gala, lucía (en la fiesta) un delicado ramillete de claveles en el costado izquierdo, prendido de la casaca gloriosa y dorada. Y a la madrugada remitió los claveles a Doña. Pepita Zorrilla, diciéndole: "Han estado sobre mi corazón; guárdelos" (99).
Pero lo que nos interesa es acoger la tradición en cuanto atañe al Padre Rojas. Según versiones, el Jefe Supremo, atraído por la reputación de santidad que ya auroleaba al insigne hijo de Guatemala, fué a visitar la fábrica que éste dirigía para el establecimiento de la Casa de Ejercicios. Según otras, Fray Ramón constituyóse en casa de las Zorrillas para saludar a Salaverry. Creemos que esta última versión es más admisible, ya que en Octubre de 1835 la obra de Jesús María estaba, posiblemente, en sólo cimientos. Pero fuera en un lugar o en el otro, lo que parece efectivo es que una vez más fraternizaron la espada y el incensario, y que entrambos —Dictador y Misionero— sostuvieron muy cordiales coloquios. Salaverry ofreció al Padre Rojas su apoyo, como testifícalo el decreto, ya reproducido en estas páginas, sobre edificación del cementerio (100), y sintióse poderosamente subyugado por las raras prendas del sabio y humilde descalzo.
Cuéntase —y ello es tradición por todos referida— que Fray Ramón le dijo a Salaverry cuando éste expúsole sus propósitos de atacar a Santa Cruz: "Vea, General. Un consejo voy a darle aunque Usted no lo pida. Espere Usted al enemigo... Deje Usted, que ya vendrán a atacarle por aquí... La victoria será fácil... Pero si Usted se obstina en mearchar al sur, saldrá perdido. Y yo, amigo suyo, lamentaré lo que con Usted vá a ocurrir. Aunque... sí, aún podré ver todo lo que se piensa hacer... y tal vez tenga tiempo, para antes de morir, contemplar el derrumbamiento de estas anomalías..." (101).
Por desdicha, el General Salaverry había pensado de distinto modo, y no era hombre que echaba pié atrás en sus resoluciones. Ya se sabe lo que sucedió después de la acción de Socabaya. Cumplióse al pié de la letra, el vaticinio de Fray Ramón.
Empero —ya lo dijimos—, Salaverry quedó prendadísimo de su grande amigo, y poco tiempo más tarde recibió el sapiente hijo del Seráfico de Asís estas dos comunicaciones, suscrita la primera en el Callao por el doctor Martínez, Secretario General de Salaverry, y la segunda en Pisco por el propio infortunado Dictador vencido en Socabaya:
"Secretaría General. — República Peruana. — Callao, Diciembre 1o. de 1835. — Al Reverendo Padre Fray Ramón Rojas. El Excelentísimo señor Jefe Supremo de la República, ha dirigido por mi órgano, en esta fecha, orden al Consejo de Gobierno para que V. P. sea presentado a S. S. para Obispo de Maynas, y para que se le haga pasar desde luego a encargarse de la Dirección y Gobierno de la Diócesis... Espero que V. P. mirará en la elección, no la voluntad del Gobierno, sino el mandato del Salvador que llama a V. P. a trabajar con celo en una parte de la Iglesia, tanto tiempo y con tanto daño abandonada. Soy de V. P. atento servidor. — Andrés Martínez".
"Reverendo Padre Fray Ramón Rojas. — Pisco, y Diciembre 5 de 1835. — Mi buen amigo: He nombrado a Ud. Obispo de Maynas, porque me intereso mucho en la reducción de aquellos infieles que viven y mueren sin haber gozado de los beneficios de nuestra Santa Religión... Dios mismo lo llama por mi boca... y en esta inteligencia excuse Ud. toda renuncia... En Lima facilitará a Ud. el Gobierno cuanto necesite... Deseo a Ud. todo acierto en su Episcopado, y que cuente en todas distancias con la estimación de su afecto. Salaverry" (102).
Dice Cora: "¡Qué contraste tan terrible para su profunda humildad! Pero hábil e ingenioso en hallar expedientes que eviten su exaltación, logrará echar de sí el peso que el Jefe Supremo de la República se prometía poner sus hombros, resuelto a llevar adelante los grandes proyectos que meditaba para bien de esta provincia, y que tenía puestas en las manos de Dios". (103).
Pero la verdad es que el despiadado fusilamiento de Salaverry, ocurrido el 18 de Febrero de 1836, libró al Padre Rojas de la pesada carga de la diócesis de Maynas, hoy de Chachapoyas (104), pues conocido el carácter imperioso del Dictador, no es aventurado admitir que el ilustre agonista franciscano había visto la precisión de aceptar la mitra, si Salaverry hubiese salido victorioso en la grave contienda.
Notas al pie de página:
(94).—Clements R. Markham: "Historia del Perú" (Lima, 1895), p. 209. Para mayores detalles: Manuel Bilbao: "Historia del General Salaverry, edición de Evaristo San Cristóval (Lima, 1936), cap. XI.
(95).—Bilbao: op. y cap. cits.
(96).—Bilbao: op. y cap. cits.
(97).—Markham: op. cit. p. 210.
(98).—Markham: la nota anterior.
(99).—"Salaverry en Ica", ya citada. Don Julio Senisse nos obsequió, en la ciudad de Ica, con el relato de la pintoresca anécdota.
(100).—Y, posiblemente también, el expedido en Ica el 16 de Octubre de 1835, que prohibió el reclutamiento en la provincia, documento que insertó Evaristo San Cristóval en el apéndice de su edición de la "Historia de Salaverry" por Bilbao, p. 381.
(101).—Véase "Una intuición del Padre Guatemala", en nuestro libro "Ropa Ligera". Lima (Editorial Rosay) 1927.
(102).—Véase la página V del apéndice que trae el folleto "Relación de las Solemnes Exequias con que la ciudad de Ica honró la memoria del M. R. P. Fray José Ramón Rojas de Jesús María / Misionero Apostólico / del Colegio de Propaganda Fide de Cristo / en la ciudad de Guatemala / Fundador y Director de la Santa Casa de Ejercicios de la misma ciudad de Ica, en el año de 1839" (Lima, 1898). — Esta edición la hizo el presbítero D. Narciso Román Batanero. En el apéndice, que contiene las notas de la oración fúnebre de Cora, figuran los dos documentos que damos en el texto de este capítulo, aun cuando, al parecer, no completo, como lo hacen suponer los puntos suspensivos.
(103).—Cora: op. cit.
(104).—Fué creada la Diócesis de misiones, u Obispado de Maynas, por la Real Cédula de 15 de Julio de 1802, y la Santa Sede aceptó su creación mediante decreto de erección de 28 de Mayo de 1803. Su primer Pastor fué el Dr. Fray Hipólito Sánchez Rangel, franciscano observante, quien posesionó de la mitra en virtud de otra Real Cédula, 7 de Octubre de 1805. Cuando iniciáronse en el Virreinato de Lima las vigorosas sacudidas que determinarían nuestra independencia, el Obispo Rangel, realista intransigente, se apartó de sus misiones, por el Amazonas, después de escribir una terrible pastoral contra "la escandalosa independencia" y las "gavillas de bandidos y bribones" que la propugnaban, y se dirigió a Europa. Acéfala quedó la diócesis, y en tiempos de Bolívar fueron designados nuevos prelados: para el Arzobispado de Lima, el Dr. Carlos Pedemonte; para el Obispado de Trujillo, el Dr. Francisco Javier de Echagüe; para el Obispado de Huamanga, el Dr. Manuel Fernández de Córdova y para el Obispado de Maynas, el Dr. Mariano del Parral. Una ley del Congreso Constituyente declaró sin efecto tales designaciones, y en 1831 el Presidente Orbegoso se limitó a presentar a Su Santidad a los Drs. Jorge Benavente y Tomás Diéguez, para las sedes, respectivamente, de Lima y de Trujillo, dejando vacantes las otras (V.: Pedro José Rada y Gamio: "El Arzobispo Goyeneche y Apuntes para la Historia del Perú", Roma 1917, cap. XX). En 1831 el Congreso agregó al Obispado de Maynas las provincias de Chachapoyas y Patás, y dispuso que en adelante el Obispado denominárase de Chachapoyas, modificaciones que aceptó el Papa Gregorio XVI. El transcurso de los años evidenció la conveniencia de dotar de prelado a la diócesis de misiones, y Salaverry se fijó en Fray José Ramón Rojas. No aceptada esa mitra por el ilustre religioso, la ocupó posteriormente el Dr. José María de Arriaga, "presbítero de la diócesis de Trujillo". (Vid.: "Reconstitution del Obispado de Maynas. Documentos oficiales, publicados por el Ministerio de Relaciones Exteriores", Lima 1913; la colección de documentos referentes a Loreto, publicada por Carlos Larrabure y Correa; "El Episcopado en los tiempos de la Emancipación sudamericana (1809-1830)" por Rubén Vargas Ugarte, S. J., Buenos Aires 1932; "La Emancipación Hispanoamericana en los informes episcopales a Pío VII" por Pedro Leturia, S. J., Buenos Aires 1935).

miércoles, 16 de septiembre de 2026

No existe ninguna región del Perú tan rica en documentos sobre el pasado del hombre peruano como Ica.

 

ICA Y EL PERÚ PRECOLOMBINO

I C A

“Por la cultura de Ica para el Perú”.

Las excavaciones, el ingenio del arqueólogo y la lámpara maravillosa del Carbono-14, han permitido descender por la escalera del tiempo conquistando un pasado regional de noventa siglos.

No existe ninguna región del Perú tan rica en documentos sobre el pasado del hombre peruano como el Departamento de Ica. Los arqueólogos encuentran aquí un verdadero paraíso de investigación y cada día se recogen nuevas muestras de la capacidad creadora de esas razas privilegiadas. Si algún mérito particular dentro de la Historia Universal tendría que señalar al hombre antiguo de Ica, bastaría con establecer un último hallazgo de una flauta decorada con nueve mil años, hecho fascinante que establece que un hombre de esta región fue el primero de la humanidad que construyó un instrumento musical, con una inspiración y una capacidad creadora que explica como los descendientes de esa raza se convirtieran siglos más tarde en artista de tan elevada capacidad que no permiten comparación con ninguna otra raza del mundo. No hubieron tejedores como hombres de Paracas, ni ceramistas como los Nascas o sucesores de la etapa Tiahuanaco Costeño.

Durante mucho siglos los vestigios de esas culturas quedaron ignorados hasta que en el presente siglo, el sabio alemán Max Uhle investigando en los estratos de la región, descubrió los fabulosos restos de civilizaciones, entre los que sobresalían caracteres de excepción, los trabajos de cerámica polícroma, textilería de textura inigualada y piezas de orfebrería confeccionadas por artistas exímios. Estudios posteriores han permitido señalar no solamente la cronología de la existencia de grupos humanos en la región sino las características de cada una de las culturas superpuestas en el tiempo: Chavín, Paracas, Nasca, Tiahuanaco, Ica e Inca.

Así como la civilización es el progreso del hombre en lo material, la cultura constituye su conquista en el campo del espíritu. Por eso, la denominación de “Cultura” con que se designa a los adelantos alcanzados en el Perú por los pobladores antes de la Conquista Inca, lograron progreso valorable en la diferentes ramas de la actividad humana, porque dispusieron de libertad, de tiempo y se inspiraron en el paisaje dentro del que vivieron. Eso explica su capacidad para expresar la belleza, consigna un merecido título a los hombres especialmente de Paracas o Nasca que en el campo del arte demostraron una aptitud creadora de particularísima perfección. Pero cuando perdieron la libertad y el tiempo despues de la Conquista y la Administración Incaica se apagaron los hornos y se abandonaron los telares.



El valle iqueño a finales de la década del 60

 

VALLE IQUEÑO



El Valle de Ica se encuentra ubicado entre los 13° 30' y 15° de Latitud Sur, entre los 75° y 76° de Longitud Oeste, teniendo sus orígenes en la vertiente occidental de la Cordillera de los Andes en la Provincia de Castrovirreyna del Departamento de Huancavelica, extendiéndose a través de la Provincia de Ica del Departamento del mismo nombre, para terminar en las tranquilas playas del Océano Pacífico. La Carretera Panamericana lo cruza en un tramo comprendido entre los kilómetros 295 y 340, atravesando la Ciudad de Ica Capital del Departamento en el kilómetro 308 con una población de 60,000 habitantes aproximadamente.

La extensión del Valle se encuentra formada por 48,894 hectáreas que se descompone en la siguiente forma:

Clasificación

Detalle

Extensión (H.)

Subtotal (H.)

Cultivada:

Margen Derecha

11,582 H.

Margen Izquierda

15,262 H.

Pampa de los Castillos

6,093 H.

32,957 H.

Eriszas:

Margen Derecha

200 H.

Margen Izquierda (Ocucaje y Callango)

1,500 H.

Pampa de los Castillos

14,247 H.

15,947 H.

Área total de las tierras del Valle:

48,884 H.

Los terrenos de las zonas cultivadas son de origen aluvial sobre una base de sustentación de origen marino. Antiguamente se cultivó el panllevar, en la Colonia la vid y los frutales, en la actualidad se destina en mayor porcentaje al cultivo del algodón, que representa el 16.6% de la producción nacional. Los cultivos principales del Valle de Ica conforma el siguiente cuadro:

  • Industriales:
    • Algodón: 25,913 H.
    • Vid: 1,434 H.
  • Alimenticias:
    • Maíz, papa, frijoles, camote, pallar, hortalizas: 4,224 H.
    • Frutales: 841 H.
    • Pastos: 535 H.

La tenencia de las tierras en el Valle, se caracteriza por su asombroso minifundismo único en el Perú. Solamente en las 9,545 hectáreas del Valle pertenecen a 6,727 propietarios, llegando algunas a una extensión mínima que no excede de 350 metros cuadrados, o sea un cuarto de kollo.

El clima es seco, por estar rodeados de desiertos y a 50 kilómetros del mar y ausente de lluvias es igualmente característicos del Valle.

El Río de Ica es el más pobre de los ríos del litoral peruano, de avenidas muy irregulares, que en los buenos años comienzan en diciembre y termina en marzo; en ciertas épocas con grandes ciclos de sequía que a veces duran hasta cinco años produciendo grandes estragos en la economía iqueña. La agricultura del Valle, necesita 450 millones de metros cúbicos de agua para satisfacer todas las necesidades hidrológicas, pero las avenidas solamente aportan entre 50 a 100 millones como promedio y la irrigación de Choclococha arroja un aumento de 20 a 30 millones y los 1,000 pozos tubulares, proporcionan cerca de 250 millones que en tal sentido las actividades agrícolas logran un promedio anual regular para sus necesidades, de cultivo. La cuenca colectora del Río es muy estrecha originando la pobreza de su caudal. El cauce se desplaza entre colinas y quebradas de variable y fuerte gradiente, tomando a la entrada en la Hda. Huamaní la dirección este-oeste que abarca aproximadamente la quinta parte, a la altura del desierto de los Molinos el curso toma la dirección norte-sur con pequeña desviación hacia el oeste, hacia la Hda. Ocucaje y finalmente el cauce se dirige hacia el oeste atravesando la Hda. Callango, pasando cerca de Montegrande para desembocar en las playas tranquilas del Océano Pacífico.

El Valle de Ica comienza en Huamaní y termina en Callango, de forma alargada y de contorno irregular, logrando su mayor anchura a la altura de la Ciudad de Ica. La longitud del Valle es aproximadamente de 100 kilómetros, ha sido dividido para los estudios arqueológicos, en Valle Alto, Medio y Bajo, habiéndose registrado hasta la actualidad 210 yacimientos en los que se han registrados los testimonios de todas las culturas que nacieron, florecieron y murieron en el pasado regional, constituyéndose los focos culturales más importantes del Valle, las cuencas de Callango y Ocucaje por la calidad y variedad de los vestigios que poseen.

Sus tierras de gran fertilidad se encuentran divididas en latifundios, haciendas, fundos, chacras, viñas y huertas donde se cultivan en especial el algodón y la vid. Además con la producción de jugosos y exquisitos frutos que son singulares y apreciables, entre ellos los duraznos de los Molinos, los mangos de los Aquijes, las cerezas de Pueblo Nuevo, las sandías y melones de Tate, los pallares, garbanzos y las uvas de Ocucaje, los dátiles de Cachiche y muchos otros productos que siempre le han dado una fama respetable. El Valle es atravesado en todas las direcciones por hermosos caminos, marginados por alamedas de sauces, molles, ficus, eucaliptos, casuarinas, fresnos y en las desérticas se encuentran salpicadas de toñuces, espinos y el fogoso y siempre alegre huarango que es para estas tierras el himno de su tradición milenaria. Y a lo largo de su exuberante paisaje, en sus amaneceres prende una sinfonía otorgada por la rica fauna ornitológica formada de gorriones, cochucas, jilgueros, picaflores, chaucatos, tórtolas, loritos que cruzan en vaivenes con sus plumajes multicolores los caminos siempre verdes y floridos, para en los atardeceres volver sus trinos, las últimas hilachas de luz vespertina, expiran en el horizonte iqueño agradable y soñador.

 

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