El imborrable recuerdo del Padre Rojas. — Su fama por hechos
extraordinarios que se le atribuyen. — El doctor don Mateo Tordoya. — La
exhumación de los restos, realizada en 1870. — Iníciase, en 1871, el proceso de
la beatificación. — ¿Por qué paralizóse éste? — Dos posibles gestores dinámicos
de la beatificación anhelada.
El recuerdo
de Fray Ramón se conserva en el Perú “como el grato perfume de las flores”. Las
generaciones se suceden. Ya no existe sér viviente que le hubiese conocido; y
sin embargo, su celebridad es considerable. De él se habla a menudo, y se le
invoca; a él se le confían tribulaciones para que las despeje. En Ica, sobre
todo, está Fray Ramón en todos los labios. Hasta las rústicas almas campesinas
nos hablan del Padre Guatemala.
De su vida en
este mundo se cuentan hechos prodigiosos. En varias publicaciones consígnanse,
también, otros extraordinarios fenómenos observados a la hora de su muerte. Y
refiérense sucesos que pasman de admiración, realizados despues de su tránsito
a la inmortalidad (22).
Nosotros, que
no hemos intentado, ciertamente, acometer un trabajo hagiográfico, hemos tenido
la cautela de no mencionar sino algún que otro de esos hechos extranaturales, y
dejamos que otras plumas los consignen en las páginas que constituirán el
expediente que habrá de llevarse a Roma para obtener lo que es un anhelo
público: la autorización, por la Silla Apostólica, para que José Ramón Rojas de
Jesús María puda ser colocado en los altares de la cristiandad de nuestro credo.
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22).
— En nuestro próximo libro acerca del mismo Padre Guatemala, presentaremos
gran acopio de aquellos hechos extraordinarios. |
El proceso de
la beatificación se inició formalmente (23) hace más de medio siglo. Quien tomó
a cargo suyo tal tarea —en cumplimiento de un voto, según referencias (24)— fué
el Dr. Mateo Tordoya, Asesor y Notario Mayor de la Curia Eclesiástica de Lima,
y primo del célebre Obispo in partibus in fidelium, del mismo apellido.
Con fecha 9
de Noviembre de 1870, presentó un escrito al Arzobispado, y en él dijo: “tengo
la firme persuasión de que el R. P. Rojas o Guatemala es reputado por un santo
y por esto me animan los más mehementes deseos de que se inicie y siga a mi
costa, si V. S. I. lo tiene a bien, el correspondiente proceso de santidad para
su beatificación o canonización en Roma”; y solicitó licencia para efectuar la
exhumación de los restos (25).
Concedida tal licencia por el Arzobispo Goyeneche, Tordoya constituyóse en Ica,
y el 5 de Diciembre del mismo año, a la una del día, procedióse a levantar la
lápida de marmol, tras de la cual se encontró una cubierta de ladrillo, y
detrás de ésta a su vez, el sepulcro, lleno de arena. Retirada dicha arena,
aparecieron fragmentos de la caja mortuoria, algunos huesos, las sandalias y
parte del sayal. Proseguida la operación, se descubrió el resto del cadáver, al
que faltábanle algunas piezas, como también una de las mangas, el cordón y la
capilla del hábito, y así mismo el vestido interior. Comprobóse, de tal suerte,
que la tumba había sido violada; y declaraciones hechas por don Jesús Romero,
dieron a saber que una noche de 1861, el Capellán de Jesús María, D. José
Sánchez Lescano y otras personas, clandestinamente habían exhumado el cadáver.
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23).
— De pocos bienaventurados puede decirse que, cierta, inobjetablemente,
murieron en olor de santidad. Sincera fué, pues, la preocupación de
caracterizados moradores de Ica, por que se iniciara el expediente para la
beatificación de Rojas de Jesús María. En el archivo de la Arquidiócesis hay
documentos que revelan esa preocupación. Verbigracia, con fecha 9 de
Septiembre de 1847, el R. P. Guardián del Convento franciscano de San
Antonio, Fray José Zepeda, y los señores José Boza, y Juan José Donayre,
dirigiéronse al Arzobispado de Lima para pedir la designación de un
funcionario que recibiese informaciones acerca de “la vida y costumbres del
Reverendo Padre Fray Ramón Rojas de Jesús María, pues de lo contrario la
muerte de los que sobrevivieron haría imposible la consecución de los datos”.
Los señores Boza y Donayre eran síndicos procuradores. Días después, el 13 de
Septiembre de 1847, el mismo Padre Zepeda en consonancia con la solicitud
anterior, se dirigió al Arzobispado para pedir, si a bien lo tenía el Jefe de
la Iglesia, la exhumación del cadáver del ilustre franciscano guatemalteco.
Por cierto que Fray Zepeda incurrió, en ese segundo escrito, en un pequeño
error, pues dice allí que Fray Ramón Rojas había fallecido el 23 de “Enero”
de 1839. Posiblemente, poco o nada se hizo en la materia; y estamos seguros
de que si alguna labor se realizó, esa labor no anduvo bien orientada y, por
consiguiente, estériles fueron los resultados. |
Trasladáronse
los restos a nueva caja, y suscribióse un acta, por las autoridades políticas y
judiciales, el clero y vecinos distinguidos, acta que autorizaron el Notario D.
Pedro Torres y los escribanos de estado D. José Isabel Pizarro y D. José
Vergara (26). El 8 de Enero de 1871, por su parte, suscribieron otra acta los
médicos que habían intervenido en la exhumación, doctores Juan M. de Ocampo,
Manuel Paulette, José G. Huerto, M. Federico Ocampo, Ramón Quintana, Juan P.
Cayo y Juan Silva.
El 15 de
Febrero, Tordoya presentóse nuevamente al Arzobispado, rindió informe de su
viaje, de la exhumación, de las exequias y demás funciones religiosas que había
presidido, y pidió que se autorizase a los párrocos del Callao, Ica, Chincha y
Pisco, para recibir declaraciones de las gentes sobre los portentos obrados por
el Padre Rojas.
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26).
— Suscribieron el acta el Vicario don Anselmo Peña, el párroco de la Matriz
don Mariano L. García, el cura de Luren don Mauricio Mayurí, el párroco de
San Juan don Eugenio del Portal, el Guardián del Convento franciscano Fray
Salvador Clivillé, los monjes franciscanos Fray Juan Codolosa, Fr. Cayetano
Milteni, Fray Camilo Aymerich, Fray Rosario Piazza, Iluminato, y Andrés; el
Padre Prior de San Agustín, Fray José Mercedes Rivera Rencón y los padres
José Pérez, Antonio Chuecas y Mariano Barragán; el Capellán de Jesús María
don Miguel Aralucea, el capellán del Beaterio del Socorro don Antonio
Mendoza, el Prefecto don Pedro de la Haza, el Subprefecto don P. M. Paulette,
el Gobernador Don Felipe Chacalaje, el Juez de Derecho don Manuel Andraca, el
cajero fiscal don José Ríos, el abogado D. Manuel Antonio Boza, así como don
Juan de Dios de la Quintana, don José S. Martínez, el Comandante don Manuel
Robles, don Manuel Pablo Olaechea, don José León, don José Miguel Aguirre,
don José Antonio de Olaechea, don Pedro Aizcorbe, don A. González del Valle,
el abogado don José Rodolfo Romero y otros distinguidos vecinos de la ciudad. |
Monseñor
Sebastián de Goyeneche, Arzobispo de Lima, accedió al pedido, y se inició, así,
el expediente de la beatificación, o “Proceso Canónico ad perpetuam de las
virtudes, hechos heroicos y portentos operados en vida y muerte por el Rdo.
Padre Misionero Descalzo, de la orden Franciscana de menores observantes, Fray
José Ramón Rojas, natural de Guatemala, y fallecido en la ciudad de Ica (Perú)
el 23 de Julio de 1839”.
El decreto
arzobispal comisionó para actuar en Lima a Monseñor Pedro José Tordoya, Obispo
de Tiberiópolis, y autorizó, como lo pidiera don Mateo, a los curas del Callao,
Chincha, Pisco e Ica, para recibir las declaraciones.
El 18 de
Febrero, el Obispo Tordoya, decretó que todas las declaraciones que iban a
recibirse, se hicieran previo juramento; y así se iniciaron los trabajos en pró
de la beatificación del eminente franciscano nacido en tierra de Centroamérica.
Bastante se
avanzó en aquello de recibir declaraciones, tanto en Lima como en Chincha e
Ica. Se formaron cuatro o cinco cuadernos. Estos fueron vistos en manos de
Monseñor Dr. Jaime Tovar, por el franciscano R. P. Jaime Correger “ahora muchos
años”, y es de suponerse que el Canónigo Tovar, los devolvió a la Curia
Arzobispal. Empero, de sólo uno o dos de aquellos cuadernos hay noticia, pues
obraban en poder por compra, del malogrado Dr. Jenaro E. Herrera, quien se
sirvió franquearnos en 1933, por breves horas, uno de ellos. Los demás,
posiblemente pasaron también a manos de particulares, sin que sepamos quiénes
son los poseedores.
Lo cierto es
que el trámite del proceso de beatificación del Padre, se paralizó desde el año
1898.
Hoy actúa en cargo prominente de su religión uno de los cultores insignes de la
memoria del Padre Guatemala: el P. Cipriano Casimir, antiguo Capellán de Jesús
María de Ica. Y es de desearse que los llamados a hacerlo, por investir
personería de institución autorizada, se esfuercen por rescatar aquellos
cuadernos, pues son documentos preciosos que contienen relatos abonados por las
firmas auténticas de personas que conocieron en vida al Padre Guatemala, y que
del ejemplar asceta recibieron positivos beneficios. En tales cuadernos, que no
alcanzamos a explicarnos cómo pudieron pasar a manos de particulares, se narran
muchísimos hechos, ciertamente portentosos, que llegó a leer el malogrado
Carlos Prince y que deberán ser compulsados en el Vaticano a fin de dar el
veredicto final.
Humanamente
sería imposible rehacer lo que en tales hojas —ejemplares únicos— fué
consignándose por gente de condición social varia, tanto de Ica, Pisco y
Chincha, como de Lima y el Callao. El esfuerzo a que invitamos, necesaria e
indispensablemente hay que hacerlo; y si la persuasión no fuere bastante, pues
para ello tenemos la administración de justicia.
Y el rescate
a que aludimos, urge. En la ciudad de Roma el R. P. Casimir es hoy el Superior
General de los Canónigos Regulares de la Inmaculada Concepción, y segurísimos
estamos de que secundará los trabajos que lleguen a hacerse en favor de la
beatificación del prominente franciscano, “Apóstol de Ica” por decisión
plebiscitaria (27).
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27).
— Mucho se ha hablado, ya desde hace un siglo, sobre todo en Ica, acerca de
la beatificación y hasta santificación del Padre Guatemala. Pero todo es, en
resumidas cuentas, una mera aspiración de las gentes. Nadie orienta al pueblo
acerca del procedimiento que debe seguirse para que en Roma se conozcan las
portentosas virtudes del glorioso siervo de Dios. De allí que se haya pensado
hasta en levantarle una capilla, pero no en reunir fondos para el rescate de
los documentos consignados en los cuadernos robados del “Proceso” que se
inició en 1871 gracias al celo de Tordoya. Y fué tanto el vocerío levantado
en torno a la santidad del ilustre franciscano de Quezaltenango, que hasta
Guatemala llegaron —y muy temprano— erróneas noticias acerca de la
inteligente actividad de los fieles del Perú. Así, en el periódico “El
Tambor”, número 2, de la capital guatemalteca, el 3 de Junio de 1843, se
publicó el suelto que sigue: “Diana. — Tenemos la más grata complacencia de
anunciar al público católico de la República, que un Padre contemporáneo
nuestro entre poco tiempo será incluído por la Iglesia en el catálogo de sus
bienaventurados. Datada en Cartago a 19 de Abril de este año, hemos visto una
carta dirigida a un Religioso del Convento de propaganda fide de esta ciudad,
que contiene la noticia siguiente: 'En papeles públicos del Perú se anuncia
la pronta canonización del Padre Fray Ramón Rojas'. Guatemala, pues,
celebrará la Beatificación de un hijo suyo: de un virtuoso Guatemalteco,
Religioso de este Convento, que hallándose propagando la fé en el Estado de
Nicaragua, lo deportó vilmente a la América del Sur la mano atroz de la revolución.
Los periódicos de otras naciones han publicado las virtudes del R. P. Fr.
Ramón Rojas: nosotros nos abstenemos de hacerlo: existen dos hermanos de él
entre nosotros, que apreciamos. Esto basta a nuestra escusa”. El amigo que
nos envió el recorte en 1938, comentó: “No deja de desanimarme la noticia
publicada en 'El Tambor', pues hace 95 años que nuestros abuelos tenían la
misma esperanza que abrigamos nosotros, lo la canonización del Padre
Guatemala”. |
Y ya que
hablamos de trabajos en pró de la beatificación del Padre Guatemala, no es por
demás repetir lo que Fray Alberto Gridilla, en su pequeño libro destinado a
bosquejar, a grandes pinceladas, la figura de Fray Ramón, dijo:
“... se necesita dinero. Si en la alcancía del Pocito, no obstante haber sido
robada por los amantes de lo ajeno más que del Padre Rojas, se han podido
reunir unos 2,300 soles, y ésto sin control, para levantar allí una capilla; si
en el cepillo que siempre ha existido en la puerta de la Iglesia de Jesús María
se han recogido en estos últimos años más de 14,000 para la reparación de ese
templo, tumba del santo misionero, ¡cuánto no se habría recogido si desde un
principio se hubieran destinado esas limosnas a procurar su beatificación!
Estoy seguro que, aún hoy día, si se pide una limosna con ese fin, no habrá una
sola persona en Ica y sus alrededores, que no se preste a contribuir con su
óbolo para conseguir la glorificación del Padre Guatemala. Terminaré con las
palabras que el Padre Perruquet escribía desde Roma: 'Creen en Ica, que aquí la
cosa está muy adelantada, y en Roma no se sabe nada del asunto'. En Roma ni
saben quién es Fray Ramón, y no lo saben porque nada ha llegado hasta allí; y
no ha llegado, por que nada definitivo se ha hecho en Lima; y no se ha hecho,
porque el proceso no se sostiene con Memoriales ni con firmas, no obstante los
prodigios del Padre Guatemala, más que suficientes no sólo para ser beatificado
sino para ser canonizado. Nuestra Seráfica Orden no ha intervenido hasta ahora.
Lo del Padre Rojas es cosa nuestra. Si nosotros no nos interesamos, ¿quién se
interesará?....”
Pero no tan
sólo la Seráfica Orden — agregaremos —; se deben interesar todo el clero
peruano y todo peruano. El Perú, pródigo en flores de santidad, contará muy en breve,
si sabemos esforzarnos, con otro celestial patrono que vendría a acrecer la
constelación que forman Santo Toribio y Santa Rosa, San Francisco Solano y los
beatos Fray Juan Macías y Fray Martín de Porres.
No hay, en
todo el nuevo mundo, país tan colmado de glorias del cielo.




