CANCIÓN DEL SILENCIO
El silencio no es una palabra escrita sobre una pared, es una canción solitaria con el viento que no se detiene en el medio de un infierno. Silencio señores grandes, que despiertan las historias. León Gieco.
lunes, 5 de octubre de 2026
San Joaquín en Ica - Perú cumple 190 años, fue bautizado por Fray Ramón Rojas.
domingo, 4 de octubre de 2026
1935, cien años de la presencia de Fray Ramón en Ica
1935, cien años de la presencia de Fray Ramón en Ica
Nuevas honras solemnísimas en 1889, en San Francisco de Ica. —
Oración del doctor Falconí. — El Pocito de la Milla 18 y las peregrinaciones
iniciadas en 1929. — La historia del Pozo del Padre Guatemala según testimonio
del Padre Villalta. — La gran cruz de algarrobo transportada al sitio del
pocito y la leyenda allí colocada. — A los 100 años de llegar Fray Ramón a Ica.
— Fiestas conmemorativas.
En 1889, el 23 de Julio, se celebraron
honras, con extraordinaria pompa, en la iglesia de San Francisco de Ica, para
conmemorar el quincuagésimo aniversario del fallecimiento del Padre Guatemala.
El Vicario don Mauricio Mayurí, admirador de Fray Ramón, entonó la misa de
requiem, y se pensó entonces, trasladar la osamenta del santo misionero, de
Jesús María al templo franciscano, propósito que los superiores no encontraron
prudente poner por obra. La oración panegírica del cincuentenario la pronunció
un distinguido orador sagrado, natural del Ecuador, el R. P. Fray Antonio María
Falconí, elogio fúnebre "que impresionó profundamente al auditorio"
(28).
En 1929 y en la misma fecha 23 de Julio, para
conmemorar el nonagésimo aniversario de la muerte de Rojas, se realizó la gran
peregrinación al Pocito del Padre Guatemala.
Pero ese "pocito" tiene su leyenda,
o historia (29).
En tiempos de Fray Ramón, la travesía entre
Pisco e Ica se hacía solamente en cabalgadura —como hoy la hacen los pescadores
del barrio de Comatrana—, o a pié. Se trata de una llanura extensa, que salva
en estos días el viajero, en ferrocarril o en automóvil. Se llama la pampa de
Villacurí —de setenta y tantos kilómetros—; y aquello es un trozo de África,
pues tras interminables arenales descúbrense, de trecho en trecho, los risueños
oasis con sus datileros gentiles y fresquísimos. El Padre Rojas, solo o con su
séquito de devotos, muchas veces atravesó esa pampa de Villacurí, para ir a Ica
o para dirigirse a Pisco, y posiblemente en más de una oportunidad sintió el
aguijón de la sed devoradora bajo aquel abrasador y sofocante sol.
El viaje efectúabase en tres etapas:
Ica-Hacienda Villacurí, Villacurí-Lanchas y Lanchas-Pisco.
Una vez, Fray Ramón y su comitiva —en la cual
figuraba el Padre Villalta, del convento juandediano— durmieron en la hacienda
Villacurí, y el día siguiente prosiguieron la marcha. Esta resultó muy penosa,
y todos se hallaban en la inminencia de perecer por la gran sequedad en las
fauces.
Fray Ramón empezó a entonar algunos cantos
sagrados e invitó a su séquito a rezar el rosario. Hubo murmullos de
desagrado... Entonces Rojas arrodillóse en la arena —según declaró el Padre
Villalta bajo juramento— y comenzó a escarbar con ambas manos para hacer un
hoyo. De pronto... surgió el agua cristalina, de la cual bebieron la gente y
las bestias que portaban el fiambre.
Hasta hoy existe "El Pocito del
prodigio", cabe el cerro de Tiza, a la altura de la "milla 18",
y allí van las bestias para abrevar; allí acuden los choferes para arreglar sus
vehículos; allí van los devotos para meditar en el Padre Rojas y venerar su
memoria.
Pues bien, en 1929 se lanzó la iniciativa de
conmemorar el nonagésimo aniversario del tránsito del Padre Guatemala a la
inmortalidad, y decidieron los devotos y admiradores del señero personaje,
tántos años ya fallecido, transportar al lugar mismo del pocito famoso una gran
cruz de algarrobo, imitación de la que se conserva en la capillita de Guadalupe
del templo de Jesús María, cruz esta última en la que solía hacer sus actos de
penitencia el inolvidable misionero.
Más de cuarenta automóviles y camiones, y
trenes de Pisco, condujeron a los numerosos peregrinos hasta la "milla
dieciocho", lugar en el que se reunieron con otros devotos que, de Chincha
y Pisco, habían acudido para exteriorizar sus entusiasmos en loor del egregio
franciscano.
Se me oficiaciones una misa campal, bendíjose
la cruz, leyéronse muchos sentidos discursos (30) y realizóse una manifestación
a fin de testificar el anhelo de los pueblos del departamento de Ica por ver
reanudado el proceso de beatificación del Padre Guatemala (31).
Los peregrinos de 1929 se hicieron el
propósito de convertir la fecha 23 de Julio en día de fiesta rigurosa para los
fieles iqueños. Tenían como grandes animadores al capellán de Jesús María y
párroco de San Jerónimo R. P. Perruquet, y al celoso hijo de San Francisco R.
P. Fray Ignacio Arpón. Colocaron, pues, en el sitio del Pocito la cruz de
algarrobo, con una inscripción que decía: "Fray Ramón Rojas de Jesús María
/ el Padre de Guatemala / cavó este pocito en una de sus jornadas / de Ica
Pisco, / + 23 de Julio de 1839".
El Padre Perruquet, la Asociación Católica
presidida por la señora Margarita de Picasso, y los fieles todos, se dirigieron
nuevamente al Pocito, el 23 de Julio de 1930, en compañía de los peregrinos de
Chincha, Pisco y otras poblaciones. Pero en esa segunda vez no estuvieron
solos. Les hizo compañía el Jefe de la Iglesia, Monseñor Emilio Lissón, que
hizo viaje desde Lima, oyó devotamente la misa campal e impartió la bendición a
todos los concurrentes.
El señor Arzobispo, testigo del gran fervor
de tres provincias, se sintió contagiado del entusiasmo de los fieles, y
firmemente hízose el propósito de ayudar a Ica, y con Ica al Perú entero, en
sus anhelos por que se reanude el proceso de beatificación del Padre Guatemala.
Por desdicha, los acontecimientos políticos
que se desarrollaron en Agosto de ese mismo año, alejaron a Monseñor Lissón de
su sede; el Padre Arpón, además, fué trasladado al convento franciscano de
Huánuco, y el Padre Enrique Perruquet marchó a Roma, para hacerse cargo de sus
elevadas funciones de Secretario de la Congregación de canónigos regulares de
la Inmaculada Concepción.
Llegó el año de 1931, y faltos los fieles de
un animador de recia voluntad para organizar y también infundir entusiasmos,
hubieron de omitir esa peregrinación que dos años consecutivos habían
efectuado. Y así llegamos a 1935, en cuyo 2 de Abril hubo de recordarse que
precisamente en tal fecha y cien años atrás, hizo su entrada en Ica el santo
misionero guatemalteco.
Si el P. Perruquet continuaba en Roma, ya
estaba nuevamente entre los iqueños el Padre Arpón; y este digno ministro del
altar, que escuchara los deseos del P. Julián Lagos, visitador general de los
descalzos del Perú, púsose en acción oportunamente, y pudo percatarse de que
los pueblos de Ica, Pisco y Chincha y sus autoridades, hallábanse listos para
debidamente honrar al egregio franciscano que, nemine discrepante, es
proclamado el Patrón de Ica y sus contornos. Designóse un Comité
Pro-Centenario, y éste preparó el siguiente programa conmemorativo: El 1o. de
Abril, misa solemne y Te Deum en el templo de Jesús María, en acción de gracias
por la bendita hora que le deparó a Ica la llegada a su suelo de Fray Ramón
Rojas; y el 2 de Abril, a las 7.30 de la mañana, gran peregrinación al paraje
de Villacurí, donde se halla el llamado Pozo Santo, en el que celebraría una
misa campal el Párroco de Pisco.
Todas aquellas ceremonias de carácter
religioso cumpliéronse con exactitud. Resultó solemne la misa de acción de
gracias, cantada en Jesús María, y los concurrentes fueron tántos, que era
insuficiente aquella casa de Dios para contenerlos. El diario "La
Reforma" de Pisco, al informar sobre la peregrinación al Pocito de
Villacurí, en la "milla 18", dijo que "una enorme
concurrencia" rodeó la cruz de algarrobo allí puesta en 1929, y oyó la
misa solemne, oficiada por el Padre José Serrano.
A continuación, el párroco de San Jerónimo de
Ica, señor Rosas Bermúdez, bendijo la placa de bronce, conmemorativa, cuya
leyenda, igual a la de la inscripción dejada en Julio de 1929, se diferencia
sólo en la fecha. Dice: "Fray Ramón Rojas de Jesús María Padre de
Guatemala cavó este pocito en una de sus jornadas de Ica a Pisco. — 2 de Abril
de 1835". (32).
Hubo varios discursos, entre éstos uno
hermosísimo del párroco de Luren, don Domingo Reverter, que leyó, por hallarse
ciego el autor, Fray Teodoro Bermejo, Guardián del convento franciscano de Ica.
El Padre Miguel Molinero declamó unos versos que había escrito otro franciscano
distinguido, Fray Tarcisio Mori, en homenaje a Fray Ramón.
Como en las peregrinaciones precedentes, las
damas de asociaciones pías agasajaron a los fieles con pastas, refrescos y
dulces, y una banda de músicos de Ica amenizó las tres largas horas pasadas en
la pampa de Villacurí al pié de la cruz de algarrobo.
Dió cuenta, el siguiente día, un diario, de
impresionantes detalles de la romería: "El R. P. Ignacio bendijo el
parque, y pronunció, con verbo cálido, un conceptuoso discurso"... (33)
"Los devotos bebían con asombrosa fé el agua apetecida del Pozo milagroso,
y se abastecían a porfía para servirse (de ella) en sus necesidades y dolencias
futuras, como también mostraban su religiosidad rezando el santo rosario, en el
viaje de ida y de regreso".
Las festividades en memoria del
"preclaro varón apostólico que en felicísima hora arribó a Ica el 2 de
Abril de 1835", fueron el mejor acicate de la feligresía iqueña.
A los pocos meses, circuló esta invitación:
"Gran Fiesta en el Pozo Santo (Pampa de Pisco). Los Comités de Damas
Pro-Capilla Rojas, de Chincha, Ica y Pisco, invitan a todas las clases sociales
del Departamento de Ica, a la suntuosa fiesta de la bendición de la primera
piedra de la Capilla del Pozo Santo, venerando la santa memoria del R. P. Fray
Ramón Rojas, que tendrá lugar el día primero de Setiembre próximo, a las 3 de
la tarde, auspiciada por el señor Prefecto del Departamento y varios
sacerdotes, entre los cuales el digno párroco de Pisco, R. P. Juan Payeras,
bendecirá dicha primera piedra.—Devotos entusiastas del V. P. Rojas, venid
todos al Pozo Santo, donde actuarán numerosos Padrinos y Madrinas de las tres
provincias iqueñas".
Según lo manifestó el corresponsal de la
United Press a "El Comercio" de Lima, el 31 de Agosto de 1935,
aniversario CLX del nacimiento de Fray Ramón, se celebró en la iglesia de Jesús
María una solemne misa, y el domingo 1o. de Septiembre, con gran asistencia de
fieles de las tres provincias del departamento vecino, idos allí en romería con
el P. Ignacio Arpón a la cabeza, procedióse, a las 4 de la tarde, a colocar la
primera piedra de la ermita o capilla de San Ramón Nonato, en pleno desierto de
Villacurí y en el mismo sitio del manantial que hizo brotar el Padre Guatemala.
Apadrinaron la ceremonia el Alcalde de Ica, Don José Picasso, y otros elementos
visibles de Ica, Chincha y Pisco, y pronunciáronse elocuentes discursos en loor
del infatigable misionero centroamericano. De Pisco se llevó un gran retrato
del Padre Guatemala, óleo del pintor iqueño don Víctor Jacobo Gálvez. La piedra
que se bendijo y colocó en forma tan extraordinaria, ostentaba esta leyenda:
"Deo Optimo Maximo. Primera piedra Capilla Pozo Santo. 1o. Setiembre
1935." (34).
NOTAS
/ NOTAS DE PIE DE PÁGINA
28).—Ver, en el número 108 de "La Voz de San Jerónimo"
de Ica, la inserción "Documentos Históricos: Cincuentenario de la muerte
del Venerable Padre Fray Ramón Rojas".
29).—Véanse los episodios de la vida del Padre Guatemala,
subscritos por Ignotus, en el Nº 90 de "La Voz de San Jerónimo", y el
artículo de Cric, "Del Terruño: El Pozo de Fray Ramón Rojas en la pampa de
Pisco", en el número 155 de la misma revista.
30).—Cuaderno VI de la colección "Del Terruño o Ica a
través de los siglos" (Ica 1930) y número 241 de "La Voz de San
Jerónimo". Ambas publicaciones informan sobre aquella primera
peregrinación al Pocito.
31).—Era, a la sazón, Arzobispo de Lima el Excmo. Monseñor
Emilio Lissón, el cual recibió, por telégrafo, aquel anhelo. Decía el despacho:
"Clero Ica, Pisco, Chincha, damas Asociación Católica, gran multitud
fieles, solemnizando nonagésimo aniversario Padre Rojas, erección Cruz lugar
Pozuelo Fray Ramón pampa Pisco, envían Ilustrísima sentimientos devoción,
suplicando reanudación causa beatificación. — Perruquet, Reverter, Cañellas,
Domínguez, Ciaffei, Dalloz".
32).—La placa, obra del escultor iqueño don Luis Peña y Peña, ostenta
la efigie del Padre Rojas, y se colocó en la peaña de la cruz.
33).—"La Voz de Chincha". — Se refiere al Padre
Ignacio Arpón de Velasco, alma de aquella fiesta, y autor del minúsculo parque
del Pozo Santo, adornado con datileros e higuerales.
34).—No pudo prosperar el propósito de edificar la capilla o
ermita de San Ramón Nonato, debido a que surgieron dificultades con los dueños
de esos terrenos. Por telegrama de Ica publicado en el diario limeño "La
Prensa" (5 de Febrero de 1942), creemos que tales dificultades fueron
allanadas, pues aquel despacho informa que el Ingeniero Roque Vargas Prada donó
para "la capilla del Pozo Santo" cierta cantidad de barriles de
cemento.
viernes, 2 de octubre de 2026
El proceso de beatificación del Padre: Fray Ramón Rojas de Jesús María en Ica - Perú
El imborrable recuerdo del Padre Rojas. — Su fama por hechos
extraordinarios que se le atribuyen. — El doctor don Mateo Tordoya. — La
exhumación de los restos, realizada en 1870. — Iníciase, en 1871, el proceso de
la beatificación. — ¿Por qué paralizóse éste? — Dos posibles gestores dinámicos
de la beatificación anhelada.
El recuerdo
de Fray Ramón se conserva en el Perú “como el grato perfume de las flores”. Las
generaciones se suceden. Ya no existe sér viviente que le hubiese conocido; y
sin embargo, su celebridad es considerable. De él se habla a menudo, y se le
invoca; a él se le confían tribulaciones para que las despeje. En Ica, sobre
todo, está Fray Ramón en todos los labios. Hasta las rústicas almas campesinas
nos hablan del Padre Guatemala.
De su vida en
este mundo se cuentan hechos prodigiosos. En varias publicaciones consígnanse,
también, otros extraordinarios fenómenos observados a la hora de su muerte. Y
refiérense sucesos que pasman de admiración, realizados despues de su tránsito
a la inmortalidad (22).
Nosotros, que
no hemos intentado, ciertamente, acometer un trabajo hagiográfico, hemos tenido
la cautela de no mencionar sino algún que otro de esos hechos extranaturales, y
dejamos que otras plumas los consignen en las páginas que constituirán el
expediente que habrá de llevarse a Roma para obtener lo que es un anhelo
público: la autorización, por la Silla Apostólica, para que José Ramón Rojas de
Jesús María puda ser colocado en los altares de la cristiandad de nuestro credo.
|
22).
— En nuestro próximo libro acerca del mismo Padre Guatemala, presentaremos
gran acopio de aquellos hechos extraordinarios. |
El proceso de
la beatificación se inició formalmente (23) hace más de medio siglo. Quien tomó
a cargo suyo tal tarea —en cumplimiento de un voto, según referencias (24)— fué
el Dr. Mateo Tordoya, Asesor y Notario Mayor de la Curia Eclesiástica de Lima,
y primo del célebre Obispo in partibus in fidelium, del mismo apellido.
Con fecha 9
de Noviembre de 1870, presentó un escrito al Arzobispado, y en él dijo: “tengo
la firme persuasión de que el R. P. Rojas o Guatemala es reputado por un santo
y por esto me animan los más mehementes deseos de que se inicie y siga a mi
costa, si V. S. I. lo tiene a bien, el correspondiente proceso de santidad para
su beatificación o canonización en Roma”; y solicitó licencia para efectuar la
exhumación de los restos (25).
Concedida tal licencia por el Arzobispo Goyeneche, Tordoya constituyóse en Ica,
y el 5 de Diciembre del mismo año, a la una del día, procedióse a levantar la
lápida de marmol, tras de la cual se encontró una cubierta de ladrillo, y
detrás de ésta a su vez, el sepulcro, lleno de arena. Retirada dicha arena,
aparecieron fragmentos de la caja mortuoria, algunos huesos, las sandalias y
parte del sayal. Proseguida la operación, se descubrió el resto del cadáver, al
que faltábanle algunas piezas, como también una de las mangas, el cordón y la
capilla del hábito, y así mismo el vestido interior. Comprobóse, de tal suerte,
que la tumba había sido violada; y declaraciones hechas por don Jesús Romero,
dieron a saber que una noche de 1861, el Capellán de Jesús María, D. José
Sánchez Lescano y otras personas, clandestinamente habían exhumado el cadáver.
|
23).
— De pocos bienaventurados puede decirse que, cierta, inobjetablemente,
murieron en olor de santidad. Sincera fué, pues, la preocupación de
caracterizados moradores de Ica, por que se iniciara el expediente para la
beatificación de Rojas de Jesús María. En el archivo de la Arquidiócesis hay
documentos que revelan esa preocupación. Verbigracia, con fecha 9 de
Septiembre de 1847, el R. P. Guardián del Convento franciscano de San
Antonio, Fray José Zepeda, y los señores José Boza, y Juan José Donayre,
dirigiéronse al Arzobispado de Lima para pedir la designación de un
funcionario que recibiese informaciones acerca de “la vida y costumbres del
Reverendo Padre Fray Ramón Rojas de Jesús María, pues de lo contrario la
muerte de los que sobrevivieron haría imposible la consecución de los datos”.
Los señores Boza y Donayre eran síndicos procuradores. Días después, el 13 de
Septiembre de 1847, el mismo Padre Zepeda en consonancia con la solicitud
anterior, se dirigió al Arzobispado para pedir, si a bien lo tenía el Jefe de
la Iglesia, la exhumación del cadáver del ilustre franciscano guatemalteco.
Por cierto que Fray Zepeda incurrió, en ese segundo escrito, en un pequeño
error, pues dice allí que Fray Ramón Rojas había fallecido el 23 de “Enero”
de 1839. Posiblemente, poco o nada se hizo en la materia; y estamos seguros
de que si alguna labor se realizó, esa labor no anduvo bien orientada y, por
consiguiente, estériles fueron los resultados. |
Trasladáronse
los restos a nueva caja, y suscribióse un acta, por las autoridades políticas y
judiciales, el clero y vecinos distinguidos, acta que autorizaron el Notario D.
Pedro Torres y los escribanos de estado D. José Isabel Pizarro y D. José
Vergara (26). El 8 de Enero de 1871, por su parte, suscribieron otra acta los
médicos que habían intervenido en la exhumación, doctores Juan M. de Ocampo,
Manuel Paulette, José G. Huerto, M. Federico Ocampo, Ramón Quintana, Juan P.
Cayo y Juan Silva.
El 15 de
Febrero, Tordoya presentóse nuevamente al Arzobispado, rindió informe de su
viaje, de la exhumación, de las exequias y demás funciones religiosas que había
presidido, y pidió que se autorizase a los párrocos del Callao, Ica, Chincha y
Pisco, para recibir declaraciones de las gentes sobre los portentos obrados por
el Padre Rojas.
|
26).
— Suscribieron el acta el Vicario don Anselmo Peña, el párroco de la Matriz
don Mariano L. García, el cura de Luren don Mauricio Mayurí, el párroco de
San Juan don Eugenio del Portal, el Guardián del Convento franciscano Fray
Salvador Clivillé, los monjes franciscanos Fray Juan Codolosa, Fr. Cayetano
Milteni, Fray Camilo Aymerich, Fray Rosario Piazza, Iluminato, y Andrés; el
Padre Prior de San Agustín, Fray José Mercedes Rivera Rencón y los padres
José Pérez, Antonio Chuecas y Mariano Barragán; el Capellán de Jesús María
don Miguel Aralucea, el capellán del Beaterio del Socorro don Antonio
Mendoza, el Prefecto don Pedro de la Haza, el Subprefecto don P. M. Paulette,
el Gobernador Don Felipe Chacalaje, el Juez de Derecho don Manuel Andraca, el
cajero fiscal don José Ríos, el abogado D. Manuel Antonio Boza, así como don
Juan de Dios de la Quintana, don José S. Martínez, el Comandante don Manuel
Robles, don Manuel Pablo Olaechea, don José León, don José Miguel Aguirre,
don José Antonio de Olaechea, don Pedro Aizcorbe, don A. González del Valle,
el abogado don José Rodolfo Romero y otros distinguidos vecinos de la ciudad. |
Monseñor
Sebastián de Goyeneche, Arzobispo de Lima, accedió al pedido, y se inició, así,
el expediente de la beatificación, o “Proceso Canónico ad perpetuam de las
virtudes, hechos heroicos y portentos operados en vida y muerte por el Rdo.
Padre Misionero Descalzo, de la orden Franciscana de menores observantes, Fray
José Ramón Rojas, natural de Guatemala, y fallecido en la ciudad de Ica (Perú)
el 23 de Julio de 1839”.
El decreto
arzobispal comisionó para actuar en Lima a Monseñor Pedro José Tordoya, Obispo
de Tiberiópolis, y autorizó, como lo pidiera don Mateo, a los curas del Callao,
Chincha, Pisco e Ica, para recibir las declaraciones.
El 18 de
Febrero, el Obispo Tordoya, decretó que todas las declaraciones que iban a
recibirse, se hicieran previo juramento; y así se iniciaron los trabajos en pró
de la beatificación del eminente franciscano nacido en tierra de Centroamérica.
Bastante se
avanzó en aquello de recibir declaraciones, tanto en Lima como en Chincha e
Ica. Se formaron cuatro o cinco cuadernos. Estos fueron vistos en manos de
Monseñor Dr. Jaime Tovar, por el franciscano R. P. Jaime Correger “ahora muchos
años”, y es de suponerse que el Canónigo Tovar, los devolvió a la Curia
Arzobispal. Empero, de sólo uno o dos de aquellos cuadernos hay noticia, pues
obraban en poder por compra, del malogrado Dr. Jenaro E. Herrera, quien se
sirvió franquearnos en 1933, por breves horas, uno de ellos. Los demás,
posiblemente pasaron también a manos de particulares, sin que sepamos quiénes
son los poseedores.
Lo cierto es
que el trámite del proceso de beatificación del Padre, se paralizó desde el año
1898.
Hoy actúa en cargo prominente de su religión uno de los cultores insignes de la
memoria del Padre Guatemala: el P. Cipriano Casimir, antiguo Capellán de Jesús
María de Ica. Y es de desearse que los llamados a hacerlo, por investir
personería de institución autorizada, se esfuercen por rescatar aquellos
cuadernos, pues son documentos preciosos que contienen relatos abonados por las
firmas auténticas de personas que conocieron en vida al Padre Guatemala, y que
del ejemplar asceta recibieron positivos beneficios. En tales cuadernos, que no
alcanzamos a explicarnos cómo pudieron pasar a manos de particulares, se narran
muchísimos hechos, ciertamente portentosos, que llegó a leer el malogrado
Carlos Prince y que deberán ser compulsados en el Vaticano a fin de dar el
veredicto final.
Humanamente
sería imposible rehacer lo que en tales hojas —ejemplares únicos— fué
consignándose por gente de condición social varia, tanto de Ica, Pisco y
Chincha, como de Lima y el Callao. El esfuerzo a que invitamos, necesaria e
indispensablemente hay que hacerlo; y si la persuasión no fuere bastante, pues
para ello tenemos la administración de justicia.
Y el rescate
a que aludimos, urge. En la ciudad de Roma el R. P. Casimir es hoy el Superior
General de los Canónigos Regulares de la Inmaculada Concepción, y segurísimos
estamos de que secundará los trabajos que lleguen a hacerse en favor de la
beatificación del prominente franciscano, “Apóstol de Ica” por decisión
plebiscitaria (27).
|
27).
— Mucho se ha hablado, ya desde hace un siglo, sobre todo en Ica, acerca de
la beatificación y hasta santificación del Padre Guatemala. Pero todo es, en
resumidas cuentas, una mera aspiración de las gentes. Nadie orienta al pueblo
acerca del procedimiento que debe seguirse para que en Roma se conozcan las
portentosas virtudes del glorioso siervo de Dios. De allí que se haya pensado
hasta en levantarle una capilla, pero no en reunir fondos para el rescate de
los documentos consignados en los cuadernos robados del “Proceso” que se
inició en 1871 gracias al celo de Tordoya. Y fué tanto el vocerío levantado
en torno a la santidad del ilustre franciscano de Quezaltenango, que hasta
Guatemala llegaron —y muy temprano— erróneas noticias acerca de la
inteligente actividad de los fieles del Perú. Así, en el periódico “El
Tambor”, número 2, de la capital guatemalteca, el 3 de Junio de 1843, se
publicó el suelto que sigue: “Diana. — Tenemos la más grata complacencia de
anunciar al público católico de la República, que un Padre contemporáneo
nuestro entre poco tiempo será incluído por la Iglesia en el catálogo de sus
bienaventurados. Datada en Cartago a 19 de Abril de este año, hemos visto una
carta dirigida a un Religioso del Convento de propaganda fide de esta ciudad,
que contiene la noticia siguiente: 'En papeles públicos del Perú se anuncia
la pronta canonización del Padre Fray Ramón Rojas'. Guatemala, pues,
celebrará la Beatificación de un hijo suyo: de un virtuoso Guatemalteco,
Religioso de este Convento, que hallándose propagando la fé en el Estado de
Nicaragua, lo deportó vilmente a la América del Sur la mano atroz de la revolución.
Los periódicos de otras naciones han publicado las virtudes del R. P. Fr.
Ramón Rojas: nosotros nos abstenemos de hacerlo: existen dos hermanos de él
entre nosotros, que apreciamos. Esto basta a nuestra escusa”. El amigo que
nos envió el recorte en 1938, comentó: “No deja de desanimarme la noticia
publicada en 'El Tambor', pues hace 95 años que nuestros abuelos tenían la
misma esperanza que abrigamos nosotros, lo la canonización del Padre
Guatemala”. |
Y ya que
hablamos de trabajos en pró de la beatificación del Padre Guatemala, no es por
demás repetir lo que Fray Alberto Gridilla, en su pequeño libro destinado a
bosquejar, a grandes pinceladas, la figura de Fray Ramón, dijo:
“... se necesita dinero. Si en la alcancía del Pocito, no obstante haber sido
robada por los amantes de lo ajeno más que del Padre Rojas, se han podido
reunir unos 2,300 soles, y ésto sin control, para levantar allí una capilla; si
en el cepillo que siempre ha existido en la puerta de la Iglesia de Jesús María
se han recogido en estos últimos años más de 14,000 para la reparación de ese
templo, tumba del santo misionero, ¡cuánto no se habría recogido si desde un
principio se hubieran destinado esas limosnas a procurar su beatificación!
Estoy seguro que, aún hoy día, si se pide una limosna con ese fin, no habrá una
sola persona en Ica y sus alrededores, que no se preste a contribuir con su
óbolo para conseguir la glorificación del Padre Guatemala. Terminaré con las
palabras que el Padre Perruquet escribía desde Roma: 'Creen en Ica, que aquí la
cosa está muy adelantada, y en Roma no se sabe nada del asunto'. En Roma ni
saben quién es Fray Ramón, y no lo saben porque nada ha llegado hasta allí; y
no ha llegado, por que nada definitivo se ha hecho en Lima; y no se ha hecho,
porque el proceso no se sostiene con Memoriales ni con firmas, no obstante los
prodigios del Padre Guatemala, más que suficientes no sólo para ser beatificado
sino para ser canonizado. Nuestra Seráfica Orden no ha intervenido hasta ahora.
Lo del Padre Rojas es cosa nuestra. Si nosotros no nos interesamos, ¿quién se
interesará?....”
Pero no tan
sólo la Seráfica Orden — agregaremos —; se deben interesar todo el clero
peruano y todo peruano. El Perú, pródigo en flores de santidad, contará muy en breve,
si sabemos esforzarnos, con otro celestial patrono que vendría a acrecer la
constelación que forman Santo Toribio y Santa Rosa, San Francisco Solano y los
beatos Fray Juan Macías y Fray Martín de Porres.
No hay, en
todo el nuevo mundo, país tan colmado de glorias del cielo.
miércoles, 30 de septiembre de 2026
"Caciques y Templos de Ica".
INTRODUCCIÓN
Este trabajo fue preparado con ocasión del
Primer Congreso Interamericano de Historia y Arte Religioso que se celebró en
la Ciudad de Buenos Aires, del 22 al 27 de Octubre de 1952; y lo presentamos,
en nuestro carácter de Delegado por la Diócesis de Ica, a los organismos
técnicos de la Comisión Organizadora del referido Congreso. El autor ha
recibido antedaladamente las felicitaciones por la importancia y consideración
del dicho trabajo intitulado entonces "Datos Históricos de la Diócesis de
Ica".
Por insinuaciones de nuestros amigos,
amantes de la cultura e intelectuales de la legendaria Ciudad Iqueña, después
de haber expuesto en una charla que diera el autor en el local artístico de
"La Peña-Pacheco" sobre una parte del citado tema que correspondía
casualmente a los "Cacicazgos de Ica", nos vimos obligados, salvando
muchas dificultades de orden económico, dar publicidad al presente libro con el
nombre de: "Caciques y Templos de Ica".
La obra ante esta decision nuestra ha sido
revisada, aumentada y corregida y dividida en capítulos especiales en los que
nos ocuparemos preferencialmente de las dinastías que gobernaron los cuatro
Repartimientos del Corregiminto de Ica, como: Chincha, Pisco, Ica y Cajamarca.
Las fuentes de que nos hemos valido han sido las originales o primarias que
constituyen los documentos contemporáneos que tienen más valor que las
secundarias o de segunda mano. Esas fuentes primarias son los protocolos
notariales más antiguos de Ica, de Francisco de Vera (año 1546); de Alonso
Valencia (1556); de Pedro de Lizón (1547); de Tomás de Vallejos (1568); de
García de Córdova (1582); de Fernando de Carvajal (1589); de Juan de Velasco
(1605); de Tomás Ruiz (1611); de Mateo de Arce (1630); de José Antonio Silva
(1702); de Manuel Pérez (1796); cuyos documentos paleográficos, en su mayor
parte, están en el Archivo Nacional de Lima (Perú). Siguiendo el método de la
Heurística, al escribir este capítulo, para la historia de Ica, hemos hecho
poco caso de las fuentes orales que son producto imaginario del vulgo que trata
más bien de nublar los hechos o fuentes originales cubriendo de matices
irrisorios como aquel caso cuando llegó Bolívar a Ica. Se dice que un indígena
de San Juan Bautista, apellidado Espino, se presentó ante el Libertador cargados
sus pies de cadenas pidiendo un Colegio de Ciencias. ¡Oh, tremenda farsa! como
aquella idea extravagante del sueño que tuvo San Martín en Paracas da una
parvada de flamencos de plumajes rojo y blanco, para dar origen a nuestra
bandera nacional.
Como no puede haber Historia integral
peruana sin tratar de Historia Eclesiástica, ya que a la Iglesia Católica,
especialmente en América, le cupo desempeñar uno de los más importantes y
delicados problemas de la Catequización, que sin ella tal vez había fracasado
toda tentativa de conquista, y mucho más en el Perú, con un puñado de hombres o
soldados aventureros que cometieron muchas veces una serie de injusticias, las
que fueron condenadas casi siempre por los misioneros de Cristo. No somos
partidarios de los que afirman que la Fe en América se haya cimentado con la
espada mefistofélica o sanguinaria. La Iglesia verdadera fundada por Cristo,
jamás usará de las armas para conseguir adeptos de su causa redentora, que es
todo amor, caridad, sacrificio y ternura. En lo que se refiere al Departamento
de Ica, la cultura y la fe cristianas están plasmadas como un sello indeleble
en sus templos. De ahí, que no podemos hablar de la historia de Ica sin hacer
mención de su organización religiosa; fuente de progreso y civilización de los
pueblos. Las parroquias en la jurisdicción iqueña se erigieron en los primeros
núcleos de pueblos reducidos. Prescindir de ellas, sería olvidar parte esencial
de su historia. Las órdenes religiosas, con especialidad la de los
Franciscanos, fueron los pioneros en la vida parroquial iqueñense. Lamentamos no
precisar la fecha y año de erección de cada parroquia, por cuanto nos ha sido
imposible encontrar las fuentes primarias de los decretos expedidos por el
primer Arzobispo de Lima, Fr. Jerónimo de Loaiza, los cuales, posiblemente,
deben existir en la Biblioteca del Vaticano de Roma o en el Archivo
Eclesiástico Limense, en los que se guardan importantes documentos de la
Historia Eclesiástica del Perú. Por falta de partida económica especial, para
catalogar los documentos en orden cronológico separándolos por legajos y
títulos y cuadernos, están, en su mayor parte, algo descuidados. Sin embargo, a
penúltima hora, han llegado a nuestras manos, como fuente primaria de investigación,
las Constituciones del Primer Concilio Provincial Limense (año 1551), publicado
por el historiador R. P. Rubén Ugarte, que nos han servido para coordinar
algunos hechos relacionados con la erección de parroquias.
Asimismo, hablamos de la erección política
de Ica, remontándonos a la formación de los primeros pueblos coloniales; de la
fundación de la Villa de Valverde y la erección en Ciudad de Ica, respaldados
con nuevos documentos que vienen a rectificar ciertos errores.
La publicación modesta en sí, pero sincera
de este libro tiende a incrementar la historia bibliográfica de la benemérita
ciudad iqueña como fuente de orientación para posteriores estudios, o para
celebrar, el año de 1963, el cuarto centenario de la Erección de la Villa de
Valverde del Valle de Ica. No tenemos la pretensión de haber tratado todos sus
problemas de orden histórico. Sabemos que en esta obra existen lagunas, porque
no es tarea hacedera a la capacidad de un hombre, lo que sería fácil el trabajo
por equipos. Nuestro afán con todo ha sido de privaciones y sacrificios y
desvelos. A esto se suma, que a más de haber trabajado buscando datos dispersos
en diferentes archivos notariales, en bibliotecas particulares y nacionales,
tenemos que afrontar todavia el problema económico para su impresión. Sentimos
mucho que en nuestro país no existen oficinas de divulgación histórica o se
encarguen de editar libros nacionales, de toda índole del saber humano. Si así
sucediera serviría para contrarrestar la enorme afluencia de libros extranjeros
que invaden los escaparates de las bibliotecas del país con meñoscabo de
nuestra cultura; libros que en su mayoría no estudian ni entienden los
problemas que estén a tono con nuestras necesidades espirituales o sociales. No
ignoramos que existe un departamento de Extensión Cultural del Ministerio de
Educación que provoca concursos de historia, litratura y arte, y ciencias
afines, cada año, premiando con la irrisoria suma de cinco mil soles al mejor
trabajo. Esta dependencia del Estado, que debe reformarse, en la mayoría de los
casos, está supeditada a recomendaciones que dan orígen, necesariamente, a
melegar trabajos de importancia después de haber dormido éstos en poder de la
Comisión censora un año, con grave perjuicio de sus autores.
En consecuencia, los escritores nacionales
que trabajan sin apoyo del Estado, cuando menos, deben tener una ayuda para la
publicación de sus obras. En este estado de cosas, sin esperanzas de ser
recompensados los sacrificios empleados en conseguir materiales, sale a luz
este libro con el único propósito de divulgar uno de los acervos históricos de
nuestro patrimonio nacional.
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