domingo, 30 de agosto de 2026

CAÑETE, visto por el cronista PEDRO CIEZA de LEÓN (Crónica del Perú - 1553)

DE LOS VALLES QUE HAY DE PACHACAMA HASTA LLEGAR A LA FORTALEZA DEL GUARCO, Y DE UNA COSA NOTABLE QUE EN ESTE VALLE SE HACE


DE ESTE VALLE de Pachacama donde estaba el templo ya dicho se va hasta llegar al de Chilca, donde se ve una cosa que es de notar por ser muy extraña, y es que ni del cielo se ve caer agua, ni por él pasa río ni arroyo, y está lo más del valle lleno de sementeras de maíz y de otras raíces y árboles de frutas. Es cosa notable de oír, lo que en este valle se hace, que para que tenga la humedad necesaria, los indios hacen unos hoyos anchos y muy hondos, en los cuales siembran y ponen lo que tengo dicho, y con el rocío y humedad es Dios servido que se críe, pero el maíz por ninguna forma ni vía podría nacer ni mortificarse el grano, si con cada uno no echasen una o dos cabezas de sardina de las que toman con sus redes en la mar, y así al sembrar las ponen y juntan con el maíz en propio hoyo que hacen para echar los granos, y de esta manera nace y se da en abundancia. Cierto es cosa notable y nunca vista, que en tierra donde ni llueve ni cae sino algún pequeño rocío puedan gente vivir a su placer. El agua que beben los de este valle la sacan de grandes y hondos pozos. Y en este paraje en la mar matan tantas sardinas, que basta para mantenimiento de estos indios y para hacer con ellas sus sementeras. Y hubo en él aposentos y depósitos de los Ingas, para estar cuando andaban visitando las provincias de su reino. Tres leguas más adelante de Chilca está el valle de Mala, que es adonde el demonio por los pecados de los hombres acabó de meter el mal en esta tierra que había comenzado, y se confirmó la guerra entre los dos gobernadores don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro, pasando primero grandes trances y acaecimientos porque dejaron el negocio del debate (que era sobre en cual de las gobernaciones caía la ciudad del Cuzco) en manos y poder de fray Francisco de Bobadilla fraile de la orden de Nuestra Señora de la Merced. Y habiendo tomado juramento solemne a los unos capitanes y a los otros, los dos adelantados Pizarro y Almagro se vieron, y de las vistas no resultó más de se volver con gran disimulación don Diego de Almagro a poder de su gente y capitanes. Y el juez árbitro Bobadilla sentenció los debates y declaró lo que yo escribo en la cuarta parte de esta historia, en el primer libro de la guerra de las Salinas. Por este valle de Mala pasa un río muy bueno lleno de espesuras, arboledas y florestas.

Adelante de este valle de Mala, poco más de cinco leguas, está el de Guarco bien nombrado en este reino, grande y muy ancho y lleno de arboledas de frutales. Especialmente hay en él cantidad de guayabas muy olorosas y gustosas, y mayor de guabas. El trigo y maíz se da bien, y todas las más cosas que siembran, así de las naturales como de lo que plantan de los árboles de España. Hay sin esto muchas palomas, tórtolas, y otros géneros de pájaros. Y las florestas y espesuras que hace el valle son muy sombrías. Por debajo de ellas pasan las acequias.

En este valle dicen los moradores que hubo en los tiempos pasados gran número de gente, y que competían con los de la sierra, y con otros señores de los llanos. Y que como los Ingas viniesen conquistando y haciéndose señores de todo lo que veían, no queriendo estos naturales quedar por sus vasallos, pues sus padres los habían dejado libres, se mostraron tan valerosos, que sostuvieron la guerra, y la mantuvieron con no menos ánimo que virtud más tiempo de cuatro años, en el discurso de los cuales pasaron entre unos y otros cosas notables, a lo que dicen los orejones del Cuzco, y ellos mismos, según se trata en la segunda parte. Y como la porfía durase, no embargante que el Inga se retiraba los veranos al Cuzco por causa del calor, sus gentes trataron la guerra, que por ser larga y el rey Inga haber tomado voluntad de la llegar al cabo, bajando con la nobleza del Cuzco edificó otra nueva ciudad, a la cual nombró Cuzco, como a su principal asiento. Y cuentan asimismo, que mandó, que los barrios y collados tuviesen los nombres propios que tenían los del Cuzco durante el cual tiempo después de haber los de Guarco y sus valedores hecho hasta lo último que pudieron, fueron vencidos y puestos en servidumbre del rey tirano, y que no tenían otro derecho de los señoríos que adquiría, más que la fortuna de la guerra. Y habiéndole sido próspera, se volvió con su gente al Cuzco, perdiéndose el nombre de la nueva población que habían hecho. No embargante que por triunfo de su victoria mandó edificar en un collado alto del valle la más agraciada y vistosa fortaleza que había en todo el reino del Perú, fundada sobre grandes losas cuadradas, y las portadas muy bien hechas, y los recibimientos y patios grandes. De lo más alto de esta casa real bajaba una escalera de piedra que llegaba hasta la mar, tanto que las mismas ondas de ella baten en el edificio con tan grande ímpetu y fuerza que pone grande admiración pensar cómo se pudo labrar de la manera tan prima y fuerte que tiene.

Estaba en su tiempo esta fortaleza muy adornada de pinturas, y antiguamente había mucho tesoro en ella de los reyes Ingas. Todo el edificio de esta fuerza, aunque es tanto como tengo dicho y las piedras muy grandes, no se parece mezcla ni señal de como las piedras encajan unas en otras, y están tan apegadas que a mala vez se parece la juntura. Cuando este edificio se hizo, dicen que llegando a lo interior de la peña con sus picos y herramientas hicieron concavidades en las cuales habiendo socavado ponían encima grandes losas y piedras. De manera que con tal cimiento quedó el edificio tan fuerte. Y cierto para ser esta obra hecha por estos indios, es digna de loor, y que causa a los que la ven admiración, aunque está desierta y arruinada, se ve haber sido lo que dicen en lo pasado. Y donde es esta fortaleza y lo que ha quedado de la del Cuzco me parece a mí que se debía mandar so graves penas, que los españoles ni los indios no acabasen de deshacerlos. Porque estos edificios son los que en todo el Perú parecen fuertes y más de ver, y aun andando los tiempos, podrían aprovechar para algunos efectos.

Del libro: "Diarios Archivos y Brújulas"...Erick Sarmiento Fernández - 2026

domingo, 9 de agosto de 2026

FUNDACION DE LA VILLA DE VALVERDE DEL VALLE DE ICA

 

FUNDACION DE LA VILLA DE VALVERDE

DEL VALLE DE ICA

 


La Villa de Valverde del Valle de Ica se fundó, con fecha 17 de Junio de 1563, siendo Virrey del Perú don Diego López de Zúñiga y Velasco, Conde de Nieva, legalizado notarialmente por García de Córdova, y el que encomendó para su ejecución, con fecha posterior, al Capitán don Jerónimo Luis de Cabrera, actuando de Escribano de fundación don Hernando de Miranda. Y esto lo sabemos por el Notario Público de Cabildo de Ica, don Juan Gregorio Sánchez, Escribano de su Majestad, que, el 6 de Julio de 1609, hizo un traslado a su protocolo de dos provisiones que trajo de Lima don Francisco Cortés de Ravanera, como Procurador General del Valle de Ica, a favor de la Villa de Valverde. Primeramente, el Procurador hace constar la declaración del Marqués de Montesclaros, don Juan de Mendoza, Virrey del Perú, que gobernó de 1606 a 1615, el que asevera que don Francisco Cortés de Ravanera, presentó un memorial de capítulos, haciendo ver, en el capítulo V, que los Virreyes anteriores habían concedido tres privilegios a la Villa de Valverde de Ica: preminencias, términos y jurisdicción, los cuales fueron confirmados y aprobados por su majestad y el Virrey. El citado marqués de Montesclaros, al contestar a esta petición, hace expresa mención textual a lo dispuesto por el Virrey don Diego López de Zúñiga, conde de Nieva, con fecha 17 de Junio de 1563, que ordenaba la fundación de la villa de Valverde del Valle de Ica, con "jurisdicción privativa", o sea independiente de la Ciudad de los Reyes y con limitación territorial, que comprendía la Villa de Valverde: los pueblos indígenas de Ica (Luren, Anan y San Juan Bautista), los términos de la sierra (Santiago de Chocorvos y Córdova) y los valles de Nasca y Pisco; es decir, toda la jurisdicción territorial que comprendía desde tiempo de los Incas. Se hizo ver que ninguna justicia podía intervenir que "no sea la suprema", para las apelaciones que ejecutarían los Alcaldes Ordinarios ante el Corregidor, residente en la Ciudad de los Reyes; y con cargo de esta última autoridad vaya a la Villa de Ica en visita de inspección una vez cada año, por tiempo de "20 días y no más", durante la cual podía oír y librar pleitos, demandas, peticiones de partes, sin poder ejecutar pesquisas, informaciones de oficio contra los vecinos ni otras personas de la referida Villa, pasando por ella con "una vara Alta" de Justicia, como un Juez competente.

En seguida, en el mismo traslado, se hizo constar otra petición de capítulos, suscrita por don Diego de Avilés, Regidor de la Villa de Valverde, del Valle de Ica, a nombre del Cabildo de Justicia, presentada ante don Martín Enríquez, sexto Virrey de Perú, que gobernó los años de 1581 a 1583. El punto principal de esta petición consistió en que atento a la jurisdicción privativa que tenía el Valle, los Corregidores que fueran en visita a la referida Villa con su "vara Alta", se presenten primero al Cabildo de la Villa. Y al contestar el Virrey a esta solicitud, el 1º de mayo de 1582, dijo que había visto un testimonio de títulos de la fundación de la Villa de Valverde y sus términos, firmado por el Virrey, don Diego López de Zúñiga y Velasco, Conde de Nieva, con fecha 17 de Junio de 1563, autorizado y legalizado notarialmente por don García de Córdova, Escribano Público y de Cabildo de Ica; y que, por virtud de los poderes y comisiones recibidos del Rey de España, don Martín Enríquez termina diciendo: "apruebo y confirmo la población y títulos de la Villa que le fue dada por el Excmo Visorrey, Conde Nieva.

Fundación de un pueblo español denominado “Valverde”. El mismo Virrey, López Zuñiga, dirigió al Rey Felipe II una carta de fecha 10 de setiembre de 1563, afirmando que a 40 leguas al sur de la ciudad de los reyes, en el valle denominado Ica, había mandado fundar un pueblo hasta de cuarenta españoles, la nueva población de españoles fue denominada “Valverde” por ser nombre del pueblo natal del Conde de Nieva. Don Jerónimo Luis de Cabrera, repartió a cada vecino español “asiento para una casa y una huerta pequeña.

P. Alberto Rossel Castro.   HISTORIA REGIONAL DE ICA.

miércoles, 5 de agosto de 2026

EL ORIGEN DE LOS COLORES DE NUESTRA BANDERA

 


EL ORIGEN DE LOS COLORES DE NUESTRA BANDERA

Algunos escritores contemporáneos mal informados, hacen imaginar que el móvil que inspiró al Generalísimo San Martín, en su cuartel General de Pisco, para dar al Perú las insignias de su libertad, fue una barbada de flamencos que apareció en el cielo de las playas de Pisco, y que al despegar éstos sus alas dejando ver el plumaje blanco del pecho y el rojo de sus alas. Esta apreciación es una de las tantas y falsas tradiciones que no caben en la Historia. Es producto de la fantasía y de la ignorancia.

El hecho de haber decretado San Martín el día 21 de Octubre de 1820, la creación de la bandera y el escudo nacionales, símbolos de la Independencia, está cimentado en la primera acción de armas del ejército libertador. El general Alvarez de Arenales, con fecha 20 de Octubre, confirma a San Martín antes de marchar a la Sierra, la primera victoria obtenida en la batalla de Nazca con saldo de varios muertos y heridos entre soldados chilenos y argentinos (112). Esta noticia, que llenaría de alborozo y entusiasmo las fibras del corazón patriótico de San Martín, no tuvo otro medio, para honrar la sangre vertida de sus mártires en el suelo legendario de Nasca, que establece la primera bandera bicolor uniendo el símbolo rojo de la bandera chilena con el blanco de la de Argentina y con íntima fruición, con el laurel verdoso de la victoria, bajo un sol naciente por las cumbres andinas que se elevan sobre las tranquilas aguas del Mar Pacífico (113). De igual forma, San Martín, desde su cuartel general de Huaura, el 13 de diciembre de 1820, al saber el triunfo de la División de Alvarez de Arenales en la batalla del 6 de diciembre, en el cerro mineral de YAURICOCHA, (Cerro de Pasco) en la que fue derrotado el brigadier realista O'Reilly, decretó, mandando crear una medalla que decía: “A los vencedores de Pasco”.

P. ALBERTO ROSSEL CASTRO

(112) Manuel de Odriozola — Colección de Documentos Históricos del Perú, T. IV. (1820). Escribe Arenales a San Martín: “Ica, 20 de Octubre de 1820. La estimable de U. fechada de “ayer en contestación de la mía referente al suceso victorioso de Nasca, honra demasiado a la “tropa aquien se debe aquel resultado, pero mucho más a mí que no me rezco cuanto se me “favorece...”

(113) M. Felipe Paz Soldán — Historia del Perú Independiente, 1er Período 1819 - 1822, pág. 75. (Lima, 1848) Léase el Decreto..

domingo, 2 de agosto de 2026

ERRORES DE ESCRITORES DE LA HISTORIA DE ICA

 

HISTORIA REGIONAL DE ICA



P. ALBERTO ROSSEL CASTRO

CAPÍTULO II

ERRORES DE ESCRITORES DE LA HISTORIA DE ICA

Sumario.— 1. Alberto Casavilca contra Casavilca.— 2. José M. Vélez Picasso.— 3. Luis E. Sánchez Elías.

1. Alberto Casavilca contra Casavilca.— Ahora trataremos de lo que el historiador está obligado a decir toda la verdad y sólo la verdad. Nos toca consignar algunos conceptos erróneos o frases contradictorias e inconexas del doctor Alberto Casavilca, el que ha escrito, tal vez más que nadie, trabajos sueltos sobre los mismos hechos históricos de Ica, de un modo superficial; mezclando conceptos netamente literarios con hechos históricos, o afirmando en unos y condenando en otros; esos sueltos se encuentran en folletos, boletines, periódicos, revistas, discursos, conferencias, etc., y ostenta el título de “Historiador de la Ciudad” que hace años el Concejo Provincial de Ica le había dado; pero, no ha escrito una obra histórica completa, fundamental, propiamente dicha, de la Región de Ica; de donde se deduce que es, quizás, uno de los principales causantes de tantas inexactitudes propaladas y fantasías egolátricas que aparecen en lo que se llama la Historia de Ica, y defendidos durante varios lustros como hechos intangibles. Veamos algunos de los más resaltantes.

Afirma que el padre Fray Vicente de Valverde, que vino con Pizarro en la Conquista del Perú el año de 1532, estuvo en el Pago de Taraxaca, fundando la primera ciudad de Ica, por lo cual ya no sería Jerónimo Luis de Cabrera; y textualmente dice: “Valverde fijó sus reales en “Tacaraca, a quien (sic) le dio el nombre de Villa de Valverde, fijando su domicilio en unas prominencias situadas al Este de Tacaraca, en la dirección del caserío que hoy compone Pueblo Nuevo. La primera diligencia de Valverde fue nombrar corregidor, quien ejercía todas las facultades del poder público” 8. Es de advertir que el padre Fr. Vicente de Valverde no pisó Ica, quizás ni noticias tendría del Valle, porque sus viajes precipitados al Cusco los hizo por la Región del Centro, y que ni tiempo tuvo de organizar su Jerarquía Eclesiástica en el Cusco, como primer Obispo, menos de estar nombrando Corregidor en Ica, como si fuera un Rey.

En un folleto de 16 hojas, el mismo Casavilca vuelve a tratar del mismo asunto, y se contradice (Casavilca contra Casavilca) cuando escribe: “La Villa española llevaba este nombre que no correspondía a ningún apellido sino a la Villa natal de Conde de Nieva, Virrey que ordenó la fundación española” 9.

En otro trabajo, el doctor Casavilca presenta al padre Fr. Vicente de Valverde como un fraile montado en un brioso caballo, con sombrero a la pedrada, vestido de hábito, con pistola y sable en mano, y dice: “Valverde, que tenía una sed insaciable de conquista, encontró el paso franco para llegar a la antigua y arruinada ciudad de Tacaraca. Acontecimiento que tuvo lugar el día 30 de Octubre de 1563 10. Insiste con pertinacia en exhumar la memoria del pobre padre Valverde, para hacerle resucitar, a los 21 años de muerto; pues, el 30 de Octubre, Valverde ya había sido asesinado por los indígenas de la isla de Puná, el año 1542 en la desembocadura del río Guayas, que pasa frente a la ciudad de Guayaquil. Y esto se consigna nada menos que en una revista de carácter histórico 10.

2. José M. Vélez Picasso.— Tampoco dejaremos de hacer referencia a lo que ha escrito el doctor José M. Vélez Picasso, acerca de la historia iqueña en su folleto titulado “La Villa de Valverde del Valle de Ica”, del año 1931, de 45 páginas.

Con respecto a la Villa de Valverde afirma: “Fue allí (Tacaraca) donde seguramente don Jerónimo Luis de Cabrera erigió el pueblo que puso bajo la advocación del máximo doctor de la Iglesia de San Jerónimo, patrón celestial que diez años después más tarde daría igual a la ciudad de Córdova en el Tucumán” 11. Elogia, además, las noticias literarias de Ricardo Palma, como si las Tradiciones Peruanas fueran piezas históricas. Faltan en el folleto de Vélez Picasso los datos paleográficos y estudios comparativos de las notarías de Ica; de las provisiones y cartas de los Corregidores; de los traslados de escrituras; juicios de las comunidades indígenas, etc.

Más aún: en escritos posteriores, el doctor Vélez Picasso insiste, con mayor énfasis y firmeza, en aceptar tres emplazamientos de la fundación de Ica, sin enmendar sus asertos anteriores ni presentar documentos que respalden sus afirmaciones. Ellos son: “Fundada la Villa de Valverde, su originario emplazamiento correspondió al sector rural, denominado en lengua indígena Tacaraca. Hasta hace algunos años se mantenía vestigios de los portales construidos en 1563”. Cabe preguntar aquí: ¿Solamente un portal puede ser indicio de una ciudad? ¿Por qué milagros no existen los cimientos de la primitiva ciudad española? ¿Por qué persisten sólo las ruinas piramidales de la Cultura Chincha en Tacaraca? ¿Acaso las casas de los españoles fueron de cartón y trapos? El cuadro al óleo de los portales de Tacaraca no puede ser una prueba fehaciente para hechos históricos. Pues, ese cuadro fue idealizado a gusto del artista puneño Enrique Masías, a su paso por Ica el año 1927, de un portal que hubo allí en miniatura. En contraposición a lo dicho por Vélez Picasso, véase lo que un escritor iqueño, con el seudónimo de “Salvador de Utrilla”, refutando algunos conceptos del doctor Sánchez Elías, expresó acerca de los seudos portales de Tacaraca: “Lo que existió en Tacaraca, hace más o menos treinta años, fueron tres ojos de portales de un metro veinte de altura, construidos de adobes, y separados de base a base por ochenta centímetros, situados frente a la casa hacienda de Tacaraca, mirando hacia el Norte. Por consiguiente esos ojos de portales por su tamaño y material de construcción, no podían ser adornos de una plaza principal...” 12.

En el segundo emplazamiento, el doctor Vélez Picasso asegura que fue a los veinte años de fundada la Villa de Valverde, sea, en 1583; y el tercer emplazamiento se buscó después del terremoto de 12 de mayo de 1664 13. ¿Dónde están los documentos de prueba que me acrediten estos traslados? Conjeturas, adivinaciones e invenciones no pueden ser tomados como hechos históricos.

3. El doctor Julio E. Sánchez Elías, en su obra: “Cuatro Siglos de Historia Iqueña”, asegura, por las ventas que tuvo don Nicolás de Rivera, el Viejo, una a la salida de la ciudad, y otra en Tacaraca, tres emplazamientos de la Villa de Valverde del Valle de Ica, y por lo tanto sigue el criterio de los demás historiadores de Ica también sin presentar documentos probatorios *. Las únicas pruebas en las que se afianza el doctor Sánchez Elías para los tres emplazamientos, son los sismos que se han presentado en la región de Ica a través de los tiempos; así, por ejemplo, afirma que Ica fue llevada a un nuevo emplazamiento, sito en la viña y bodega de los herederos de García Araos, a consecuencia del terremoto de 20 de Octubre de 1687, que asoló a Ica y a Pisco. Esta noticia se desvirtúa con la carta del Corregidor de Ica, don Diego Lara Escobar, de fecha 14 de diciembre de 1687, que dirigió al Virrey Conde de la Monclova (o Palata), adjuntándole dos mapas: uno de Pisco y otro de Ica, para pedirle nueva ubicación de las dos ciudades. El Virrey dio respuesta en estos términos: “...debo decir al señor Diego que no trata de la mutación de la ciudad de Ica, porque el sitio donde está es el que se ha tenido por más a propósito, así para la salud como para todo lo demás sea menester. Y para la Villa de Pisco hará cabildo y Junta de principales y prelados de los Religiosos, confiriéndose el sitio que habrá de elegir para su población” 14. Luego, pues, no hubo tal cambio para la ciudad de Ica. Las afirmaciones de Sánchez Elías son erróneas e infundadas.

Por otra parte, la obra “Cuatro Siglos de Historia Iqueña”, es una mezcla de hechos de diferentes motivos; no existe en ella conexión de ideas ni método didáctico en el relato de hechos homogéneos, para comprender el alcance y la importancia de los mismos. En cada Capítulo no se mantiene la ilación de las ideas propuestas. Sólo citaría, como ejemplo, el Capítulo VIII, donde relata la clausura del Colegio de San Luis Gonzaga de Ica, y de pronto pasa a tratar acerca de la Batalla de Macacona, y de ésta a la falsificación de aguardientes en Ica, o a la Biografía de la “Beatita de Humay”. Asimismo, los tres emplazamientos que tanto recalca Sánchez Elías en su libro, concorde con la tesis deleznable de Vélez Picasso, hay que buscarlos con una linterna mágica en distintos capítulos en los que están entremezclados con otros datos inconexos. Esta obra debió llamarse propiamente: “Misceláneas Iqueñas”. No es, pues, un trabajo de investigación histórica y por lo tanto sin argumentos sólidos ni definiciones orientadoras.

― NOTAS Y REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ―

8

Revista del Museo Regional de Ica; pág. 25; año 1953, Nº 6.

9

Revista Histórica de Ica; pág. 10; año 1956.

10

Ob. cit.; pág. 8; año 1956. “La Voz de Ica”; ed. 31-Dbre.-; año 1956.

11

José M. Vélez Picasso —La Villa de Valverde del Valle de Ica—; pág. 57; año — 1931. Ica.

12

Salvador de Utrilla —Equivocados Puntos Históricos Vertidos en una Conferencia— “La Voz de Ica”, ed. 2 de Julio — a. 1957.

13

José M. Vélez Picasso —Tránsito por la “Historia de Ica”— “La Voz de Ica” ed. 21-Dibre.-a. 1956.

*

Julio Ezequiel Sánchez Elías —“Cuatro Siglos de Historia Iqueña”— pág. 17; año 1957.

14

Revista del Archivo Nacional del Perú— T. XIII-Entrega I; a. 1940; págs. 9 y 14.

 

miércoles, 15 de julio de 2026

LUGARES PROPICIOS A LA VID

 LUGARES PROPICIOS A LA VID





La Costa1, que se inicia en el litoral, a orillas del mar Pacífico, está conformada por la faja que termina en las estribaciones occidentales de la Cordillera de los Andes. Esta extensa planicie, de ancho variable, es recorrida por pequeños ríos que bajan por la pendiente andina y van a dar a la mar. Tales ríos, de aguas presurosas y periódicas, interrumpen la aridez de la Costa y generan fértiles valles, donde están ubicadas las principales ciudades costeras del Perú.
A partir de la segunda mitad del siglo XX, el creciente proceso de urbanización ha mermado ostensiblemente las áreas tradicionalmente dedicadas a la agricultura. Sin embargo, en la Costa se han preservado importantes áreas agrícolas, especialmente en los casos en que sus productos han estado asociados a procesos industriales. Así ha ocurrido con el cultivo de la vid en los departamentos de Lima, Ica, Arequipa, Moquegua y Tacna, donde se encuentran las áreas vitivinícolas más amplias del país, tales como: Supe, Pativilca, Barranca, Sayán, Chancay, Huaral, La Esperanza, Carabayllo, Ate, Lurín, Puente Piedra, Pachacamac, Mala, Cañete, Lunahuaná, Pacarán, Zúñiga, Chincha, Pisco, Palpa, Ica, Ingenio, Nazca, Caraveli, Cháparra, Majes, Sihuas, Vítor, Tiabaya, Omate, Moquegua, Cinto, Locumba y Tacna. Si bien estos lugares son los mayores productores de vid, cabe señalar que ésta se cultiva también en algunos valles de la Costa norte, así como en ciertos valles templados de la región andina.
En efecto, las mejores condiciones climáticas para el desarrollo de la actividad vitícola se presentan a partir de Pativilca hasta Tacna. Es en esta faja donde se hallan los viñedos más importantes del país, tanto por su extensión, volumen de producción y calidad de sus productos, como por el desarrollo de las actividades industriales conexas. De toda esta zona, son los valles de Pisco e Ica los que presentan características ecológicas más apropiadas para el desarrollo de la actividad vitícola. Su clima es semicálido y las precipitaciones pluviales son escasas, oscilando entre los 2 mm. anuales en el desierto costanero, y más de 80 mm. en la zona de pie de monte andino. Las temperaturas medias son saludablemente uniformes: sobrepasan los 20°C durante los meses de enero a abril, y no bajan de los 10°C en los meses de mayo a setiembre. La humedad atmosférica en el valle de Ica, presenta promedios inferiores a otros valles de la Costa central, lo cual es altamente favorable para el cultivo de la vid. La insolación promedio anual es superior a las existentes en otros oasis de la Costa, lo que resulta ventajoso para asegurar un alto índice glucométrico de los frutos.
Estos factores climáticos, favorables a la actividad vitícola, se suman a las características topográficas de la región. Las tierras que ocupa el cultivo de la vid en Ica y otros oasis de la Costa central y sur, son uniformes, con pendientes suaves. La composición de los suelos es de la más alta calidad: muy homogénea, de textura media, muy porosa y de buena permeabilidad, permitiendo una adecuada velocidad de infiltración al agua. Su alto contenido de arena hace que los suelos irradien intenso calor por refracción de los rayos solares, especialmente durante el verano, lo que redunda en un mayor contenido de glucosa en las uvas, propiedad favorable para la elaboración de vinos y piscos de óptima calidad.
En los sectores altos de los valles cañetanos de Lunahuaná, Pacarán, Zúñiga, también de Pisco, Chincha y Nazca se presentan inmejorables condiciones para la viticultura, debido a que su clima es similar al descrito para el valle de Ica: la temperatura media anual es de 20.5°C, con un bajo porcentaje de humedad relativa, mínima nubosidad y, en consecuencia, mayor promedio diario de horas de sol. Todos estos factores permiten obtener frutos de un alto índice glucométrico, que puede llegar a ser de 16 grados, óptimo para la elaboración de piscos y vinos generosos.
En la extensión costera que va desde Pativilca hasta Tacna, se cultiva las siguientes variedades de uva: Quebranta, Negra Corriente, Italia, Albilla, Borgoña (Isabella), Malbeck, Alicante Bouchet, Moscatel, Cabernet, Sauvignon, Grenache, Barbera y Chenin (Pinot de la Loire). En menor cuantía, también existen sembríos de Moscato de Hamburgo, Palomino, Semillón Riesling, Cabernet Franc, Carignane, Emperatriz Cardinal, Ruby Cabernet, Pinot Blanc, Alfonso Lavalle (Alphonse Lavalier), Thompson Seedless (Sultanina), Pinot y Rosa del Perú.
De lo dicho se desprende que en la Costa central y sur del Perú, la naturaleza presenta condiciones altamente propicias para el desarrollo de la viticultura. Pero ello es solamente un aspecto que no explica completamente el sostenido impulso de la industria vitivinícola peruana y la calidad de sus productos. El historiador Lorenzo Huertas señala que “la calidad peculiar del vino y del aguardiente se debe no sólo al español que trajo y sembró la vid, sino también al indígena y a su milenaria experiencia en la cerámica y en la preparación de diversos tipos de bebidas espirituosas, y al forastero africano que rápidamente aprendió las técnicas del cultivo de la vid, de la elaboración del vino y que no se quedó atrás en cuanto a la fabricación de piscos y botijas peruleras. El otro factor matriz fue la tierra que acondicionada por climas específicos y requiebros sísmicos, reproducía sus frutos”.2
___________________
1 En este punto se glosa la descripción de la Costa peruana que ofrece el doctor Carlos Peñaherrera del Águila en la obra Geografía General del Perú. Tomo I. Aspectos Físicos. Lima, 1986.
2 Lorenzo Huertas. Op. cit., p. 15.

LA PRIMERA BATALLA POR LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ FUE EN EL CENTRO DE NASCA

 

LA PRIMERA BATALLA POR LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ FUE EN EL CENTRO DE NASCA



La acción de armas por la causa de la Independencia del Perú, realizada en la entonces Villa de Nasca, el 15 de Octubre de 1820, por las fuerzas del General don José de San Martín, al desembarcar en Paracas, algunos historiadores contemporáneos, tergiversando los hechos, señalan esta batalla en la zona de Changuillo (109), cuando en esa época no era un pueblo sino el nombre de unas chácaras que pertenecieron a la jurisdicción de la hacienda de San Javier, propiedad que fue de la Compañía de Jesús desde el año de 1742. El Gral. San Martín, con el propósito de atacar la división enemiga de Quimper que había fugado de Pisco a Ica y de penetrar al centro del país por la Sierra, formó una Vanguardia el día 3 de Octubre de 1820, al mando del General don Juan Antonio Álvarez de Arenales, quien llegó en dos jornadas a Ica, en la madrugada del día 6 de Octubre, atravesando las pampas de “Villakurí” y las sendas cerradas de los montes guarangales de Guadalupe, Makakona y Saraja, y no encontró obstáculo alguno, antes bien el Cabildo, los prelados de los conventos y los párrocos, y una parte del vecindario, mostrando gran alegría, salieron a extramuros de la ciudad a recibir al Ejército Libertador. Álvarez de Arenales indagó que Quimper y el Conde de Monte-Mar don Fernando Carrillo, hacendado de Chincha, había fugado con rumbo al Sur precipitadamente la noche de 5 de Octubre, con 500 infantes, 100 caballos y una pieza. Entonces, Álvarez Arenales dispuso que el Coronel Manuel Rojas, “CON 80 CABALLOS E IGUAL NÚMERO DE INFANTES, MARCHASE HASTA NAZCA, DONDE, SEGÚN NOTICIAS CONSTANTES, PERMANECÍA EL ENEMIGO CON CUANTO PUDO SALVAR EN SU FUGA”. (110). En el mismísimo Boletín Nº 2, también, menciónase: “EL DÍA 12 SALIÓ DE ICA EL TENIENTE CORONEL ROJAS DIRIGIENDO SU MARCHA POR DESIERTOS EXTRAVIADOS LLEGÓ EL 15 A CHANGUILLO, TRES LEGUAS DE RETAGUARDIA DEL ENEMIGO”. Este párrafo prueba claramente que el Coronel Rojas llega a Changuillo, posiblemente, en la madrugada del día 15 e indaga que se encuentra a tres leguas de retaguardia del enemigo. El historiógrafo Bartolomé Mitre es preciso y lacónico en sus términos al tiempo de comentar el Boletín del Ejército Libertador: “MARCHANDO POR CAMINOS EXTRAVIADOS SITUOSE A TRES LEGUAS DE RETAGUARDIA DE QUIMPER, QUE CON 600 HOMBRES DE INFANTERÍA Y CABALLERÍA, HABÍA HECHO ALTO EN EL PUEBLO DE NASCA”. La distancia que media entre Changuillo y Nasca está equivocada, por cuanto los naturales de ese lugar no suministran un cómputo preciso; de esto mismo Álvarez de Arenales ya se quejaba desde Chunchanga al tiempo de escribir a San Martín, en su jornada de Pisco a Ica; empero, la distancia que media entre Changuillo y Nasca es de más de 40 kilómetros, y que el Ejército Libertador de Rojas, para atravesar el despoblado de “Sokos” y llegar hasta Nasca, debió emplear, por lo menos, cinco horas. El Coronel Manuel Rojas salió de Changuillo el día 15 por la mañana y desembocó por la zona de “Kunkumayo”, único camino de entrada para el pueblo de Nasca. El mismo Coronel dispuso que los valientes capitanes Lavalle, Bermúdez y el Teniente Suárez de cazadores de la escolta, entraran por las calles del pueblo con la caballería a galope, mientras avanzaba la infantería. Refiere el Boletín que el día 15 de Octubre de 1820, la confusión y el desorden fueron igual a la sorpresa: “LOS ENEMIGOS ABANDONARON LA PLAZA CON LA VELOCIDAD DEL MIEDO Y FUERON PERSEGUIDOS Y ACUCHILLADOS HASTA UNA LEGUA DEL PUEBLO: EL CAMINO POR DONDE EMPRENDIERON SU FUGA QUEDÓ SEMBRADO DE CADÁVERES”. Esto prueba que la batalla fue sangrienta. Los soldados realistas fueron perseguidos a cinco kilómetros de Nasca, por el camino de herradura de Pangaraví que conducía hasta el Cantón o “Portachuelo”, en el que existe, antes de tramontar hacia Pajonal, una pampa eriaza. En esta batalla campal los enemigos, entre muertos y heridos, tuvieron 50 hombres; prisioneros, 6 oficiales y 80 soldados de línea, y gran número de milicianos; se recogieron 300 fusiles, crecido número de tercerolas, fornituras, sables y lanzas y todos los equipajes de la división. El Coronel Quimper salió de esta refriega en fuga y dijo según declaración de un soldado realista, en su escape a Acarí: “que le siguiese la caballería”.

Los restos de los soldados y oficiales defensores de la libertad que murieron en el combate de Nasca, el día 15 de Octubre de 1820, fueron sepultados en el cementerio de San Clemente (hoy clausurado), tal como consta en las partidas de defunción asentadas en los libros parroquiales de Nasca.

Después de esta sangrienta refriega, en la que fueron vencidos el ejército realista, el comandante Rojas fue informado por los vecinos de Nasca, que el enemigo había remitido “100 cargas de pertrechos de guerra y otros efectos” al pueblo de Acarí, en las fronteras de Arequipa. Refiere el Boletín: “En la noche del 15 dispuso que el Teniente Suárez, con una partida de cazadores, saliese con prontitud a apoderarse de aquel cargamento. La actividad de este oficial venció las dificultades que le oponían la distancia y la calidad del terreno; y el día 16 a las 2 de la tarde entró en Acarí y se apoderó de todo por sorpresa. Los habitantes recibieron a nuestros soldados con entusiasmo y era fácil conocer en sus semblantes, que suspiraban tiempo ha por abrazar a sus libertadores”.

El día 19 de Octubre de 1820, en medio de gran entusiasmo, regresó el Comandante Rojas a Ica, llevando muy alto la bandera libertadora salpicada con la sangre de chilenos y argentinos, como primer ensayo de aquella Vanguardia encabezada por el general Álvarez de Arenales, cuya división tuvo que salir de Ica en dirección a Huamanga el día 20, dejando como Comandante del Sur al bravo Coronel Bermúdez, el que había peleado en la Batalla de Nasca.

(109) Manuel C. Bonilla — Epopeya de la Libertad, T. I, pág. 145, año 1921.

(110) Boletín Nº 2 del Ejército Libertador — Cuartel General de Pisco, Octubre 22 de 1820. Mariano Felipe Paz Soldán — Historia del Perú Independiente — Primer Período (1819-1822), Lima, 1848, pág. 73.

P. ALBERTO ROSSEL CASTRO

 

LLEGADA DE LA VID AL PERÚ

 

LLEGADA DE LA VID AL PERÚ



Sin asomo de duda, el padre Bernabé Cobo afirmaba: “La planta más provechosa y necesaria que los españoles han traído y plantado en este Nuevo Mundo es la vid”;¹ y a renglón seguido referirá del Perú: “donde primero se plantaron parras en él y se dieron uvas fue en esta ciudad de Lima, a la cual el primero que trajo y plantó la vid fue uno de sus primeros pobladores, llamado Hernando de Montenegro; y el primer año que cogió abundancia de uvas para vender fue el de 1551, y se las puso al licenciado Rodrigo Niño, que a la sazón era fiel ejecutor, a medio peso de oro la libra, que montaba entonces doscientos y veinticinco maravedices. El cual precio pareció tan bajo al dicho Montenegro para la estimación que se tenía en aquel tiempo de fruta tan nueva y regalada, que, como de agravio manifiesto que se le hacía, apeló a la Real Audiencia”.²

Esta referencia del padre Cobo contrasta con la que hace Garcilaso de la Vega, quien afirma que la vid llegó al Perú traída por el toledano Francisco de Caravantes, “antiguo conquistador de los primeros del Perú”. Las cepas, según refiere, fueron de uva prieta, recogidas en las Islas Canarias. Por otra parte informa que el primer vino producido en el Perú fue elaborado en el Cusco, en el año de 1560, en la hacienda Marcahuasi, propiedad de Pedro López de Cazalla. La uva fue pisada en artesa, a falta de lagar. Al decir de Garcilaso, Cazalla fue movido a elaborar el primer vino, más por “la honra y fama de haber sido el primero que en el Cuzco hubiese hecho vino de sus viñas” que por “la codicia de los dineros de la joya” (dos barras de plata de trescientos ducados cada una), “que los Reyes Católicos y el Emperador Carlos Quinto habían mandado se diese de su real hacienda al primero que en cualquier pueblo de españoles sacase fruto nuevo de España, como trigo, cebada, vino y aceite en cierta cantidad”.³ Antes de Cazalla se elaboraba un vino “no del todo tinto”, según el decir de Garcilaso, de muy baja calidad y al que se dio el nombre de aloque o aloquillo.

Tal traslado de la viticultura a tierras del Nuevo Mundo, tuvo sus razones. Fue expresión, por un lado, del alto aprecio de los españoles por la vid y sus productos, y, por otro, de la necesidad de vinos ligada a la liturgia católica. O, también, según refiere Garcilaso, “porque las ansias que los españoles tuvieron por ver cosas de su tierra en las Indias han sido tan boscosas y eficaces, que ningún trabajo se les ha hecho grande para dejar de intentar el efecto de su deseo”. Así, durante las etapas iniciales de su expansión por tierras del nuevo continente, España estimuló la siembra de la vid en sus colonias, tal como lo indica una ordenanza del año 1522, promulgada por la Casa de Contratación de Sevilla, y en la cual se manda “que todos los barcos que salgan hacia el Nuevo Mundo, deberán llevar cepas”.

La vid como que germinó en tierra propicia, y fue tan exitosa su suerte que muy pronto su cultivo se extendió por casi toda la superficie del virreinato del Perú. Especialmente en Ica y Moquegua, donde se la cultivó en gran escala, convirtiéndose tales zonas en los más importantes centros de producción vitivinícola del país.

En la Crónica del Perú,⁴ publicada en 1553 y que puede ser considerada como la más antigua fuente que informa acerca de la producción de vid en el país, su autor, el soldado Pedro de Cieza de León refiere que vio viñas en San Miguel de Piura, Pacasmayo, Santa, Chincha y León de Huánuco; las parras, según dice, se aclimataron tan bien que por todo lugar propicio se las encontraba y que por todo poblado donde hubiera españoles existían cultivos de vid.

Según testimonios de época, a mediados del siglo XVII la viticultura no sólo estaba muy difundida, sino que ya se cosechaba gran variedad de uvas: mollar, albilla, moscatel, blanca, negra y, como informa Cobo, “otras dos o tres diferencias de ellas”.

Cobo da cuenta también del éxito y extensión de la vid en el Nuevo Mundo: “Ha cundido ya esta planta por todas las Indias, y principalmente por este reino [del Perú], de manera que en muchas partes hay grandes pagos de viñas, y algunas tan cuantiosas que dan de quince a veinte mil arrobas de mosto; y de sólo el vino que se cosecha (vendimia) en el corregimiento de Ica.

Notas / Referencias bibliográficas

1. Bernabé Cobo. Historia del Nuevo Mundo [1653]. Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1964, tomo I, p. 391. Libro X, cap. XIII. “De la vid”.

2. Bernabé Cobo. Op. cit., pp. 391-392.

3. Garcilaso de la Vega. Comentarios reales [1617]. Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1976, tomo 2. Libro 9, Cap. XXV, pp. 255-258.

4. Pedro de Cieza de León. Crónica del Perú [1551]; Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1853. Cap. LXXI.

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