INTRODUCCIÓN
Este trabajo fue preparado con ocasión del
Primer Congreso Interamericano de Historia y Arte Religioso que se celebró en
la Ciudad de Buenos Aires, del 22 al 27 de Octubre de 1952; y lo presentamos,
en nuestro carácter de Delegado por la Diócesis de Ica, a los organismos
técnicos de la Comisión Organizadora del referido Congreso. El autor ha
recibido antedaladamente las felicitaciones por la importancia y consideración
del dicho trabajo intitulado entonces "Datos Históricos de la Diócesis de
Ica".
Por insinuaciones de nuestros amigos,
amantes de la cultura e intelectuales de la legendaria Ciudad Iqueña, después
de haber expuesto en una charla que diera el autor en el local artístico de
"La Peña-Pacheco" sobre una parte del citado tema que correspondía
casualmente a los "Cacicazgos de Ica", nos vimos obligados, salvando
muchas dificultades de orden económico, dar publicidad al presente libro con el
nombre de: "Caciques y Templos de Ica".
La obra ante esta decision nuestra ha sido
revisada, aumentada y corregida y dividida en capítulos especiales en los que
nos ocuparemos preferencialmente de las dinastías que gobernaron los cuatro
Repartimientos del Corregiminto de Ica, como: Chincha, Pisco, Ica y Cajamarca.
Las fuentes de que nos hemos valido han sido las originales o primarias que
constituyen los documentos contemporáneos que tienen más valor que las
secundarias o de segunda mano. Esas fuentes primarias son los protocolos
notariales más antiguos de Ica, de Francisco de Vera (año 1546); de Alonso
Valencia (1556); de Pedro de Lizón (1547); de Tomás de Vallejos (1568); de
García de Córdova (1582); de Fernando de Carvajal (1589); de Juan de Velasco
(1605); de Tomás Ruiz (1611); de Mateo de Arce (1630); de José Antonio Silva
(1702); de Manuel Pérez (1796); cuyos documentos paleográficos, en su mayor
parte, están en el Archivo Nacional de Lima (Perú). Siguiendo el método de la
Heurística, al escribir este capítulo, para la historia de Ica, hemos hecho
poco caso de las fuentes orales que son producto imaginario del vulgo que trata
más bien de nublar los hechos o fuentes originales cubriendo de matices
irrisorios como aquel caso cuando llegó Bolívar a Ica. Se dice que un indígena
de San Juan Bautista, apellidado Espino, se presentó ante el Libertador cargados
sus pies de cadenas pidiendo un Colegio de Ciencias. ¡Oh, tremenda farsa! como
aquella idea extravagante del sueño que tuvo San Martín en Paracas da una
parvada de flamencos de plumajes rojo y blanco, para dar origen a nuestra
bandera nacional.
Como no puede haber Historia integral
peruana sin tratar de Historia Eclesiástica, ya que a la Iglesia Católica,
especialmente en América, le cupo desempeñar uno de los más importantes y
delicados problemas de la Catequización, que sin ella tal vez había fracasado
toda tentativa de conquista, y mucho más en el Perú, con un puñado de hombres o
soldados aventureros que cometieron muchas veces una serie de injusticias, las
que fueron condenadas casi siempre por los misioneros de Cristo. No somos
partidarios de los que afirman que la Fe en América se haya cimentado con la
espada mefistofélica o sanguinaria. La Iglesia verdadera fundada por Cristo,
jamás usará de las armas para conseguir adeptos de su causa redentora, que es
todo amor, caridad, sacrificio y ternura. En lo que se refiere al Departamento
de Ica, la cultura y la fe cristianas están plasmadas como un sello indeleble
en sus templos. De ahí, que no podemos hablar de la historia de Ica sin hacer
mención de su organización religiosa; fuente de progreso y civilización de los
pueblos. Las parroquias en la jurisdicción iqueña se erigieron en los primeros
núcleos de pueblos reducidos. Prescindir de ellas, sería olvidar parte esencial
de su historia. Las órdenes religiosas, con especialidad la de los
Franciscanos, fueron los pioneros en la vida parroquial iqueñense. Lamentamos no
precisar la fecha y año de erección de cada parroquia, por cuanto nos ha sido
imposible encontrar las fuentes primarias de los decretos expedidos por el
primer Arzobispo de Lima, Fr. Jerónimo de Loaiza, los cuales, posiblemente,
deben existir en la Biblioteca del Vaticano de Roma o en el Archivo
Eclesiástico Limense, en los que se guardan importantes documentos de la
Historia Eclesiástica del Perú. Por falta de partida económica especial, para
catalogar los documentos en orden cronológico separándolos por legajos y
títulos y cuadernos, están, en su mayor parte, algo descuidados. Sin embargo, a
penúltima hora, han llegado a nuestras manos, como fuente primaria de investigación,
las Constituciones del Primer Concilio Provincial Limense (año 1551), publicado
por el historiador R. P. Rubén Ugarte, que nos han servido para coordinar
algunos hechos relacionados con la erección de parroquias.
Asimismo, hablamos de la erección política
de Ica, remontándonos a la formación de los primeros pueblos coloniales; de la
fundación de la Villa de Valverde y la erección en Ciudad de Ica, respaldados
con nuevos documentos que vienen a rectificar ciertos errores.
La publicación modesta en sí, pero sincera
de este libro tiende a incrementar la historia bibliográfica de la benemérita
ciudad iqueña como fuente de orientación para posteriores estudios, o para
celebrar, el año de 1963, el cuarto centenario de la Erección de la Villa de
Valverde del Valle de Ica. No tenemos la pretensión de haber tratado todos sus
problemas de orden histórico. Sabemos que en esta obra existen lagunas, porque
no es tarea hacedera a la capacidad de un hombre, lo que sería fácil el trabajo
por equipos. Nuestro afán con todo ha sido de privaciones y sacrificios y
desvelos. A esto se suma, que a más de haber trabajado buscando datos dispersos
en diferentes archivos notariales, en bibliotecas particulares y nacionales,
tenemos que afrontar todavia el problema económico para su impresión. Sentimos
mucho que en nuestro país no existen oficinas de divulgación histórica o se
encarguen de editar libros nacionales, de toda índole del saber humano. Si así
sucediera serviría para contrarrestar la enorme afluencia de libros extranjeros
que invaden los escaparates de las bibliotecas del país con meñoscabo de
nuestra cultura; libros que en su mayoría no estudian ni entienden los
problemas que estén a tono con nuestras necesidades espirituales o sociales. No
ignoramos que existe un departamento de Extensión Cultural del Ministerio de
Educación que provoca concursos de historia, litratura y arte, y ciencias
afines, cada año, premiando con la irrisoria suma de cinco mil soles al mejor
trabajo. Esta dependencia del Estado, que debe reformarse, en la mayoría de los
casos, está supeditada a recomendaciones que dan orígen, necesariamente, a
melegar trabajos de importancia después de haber dormido éstos en poder de la
Comisión censora un año, con grave perjuicio de sus autores.
En consecuencia, los escritores nacionales
que trabajan sin apoyo del Estado, cuando menos, deben tener una ayuda para la
publicación de sus obras. En este estado de cosas, sin esperanzas de ser
recompensados los sacrificios empleados en conseguir materiales, sale a luz
este libro con el único propósito de divulgar uno de los acervos históricos de
nuestro patrimonio nacional.
