CAPITULO XII
A qué obedeció la presencia en Ica del Dictador Salaverry. — Anécdotas pintorescas, referentes a tal episodio de nuestra vida republicana. — Cordiales relaciones de amistad que mantienen el General Salaverry y el notable franciscano. — Un vaticinio del Padre Rojas al General, que la tradición conserva. — Salaverry se propone hacer Obispo de Maynas a Fray Ramón. — Comunicaciones oficiales que con tal hecho se relacionan. — El fusilamiento del vencido en Socabaya impidió que el esclarecido guatemalteco se ciñera la mitra vacante.
En párrafos anteriores hemos aludido a la presencia, en Ica, del Jefe Supremo General Salaverry.
Esa salida de Lima, del joven caudillo que desde el 23 de Febrero de 1835 se rebeló contra el Presidente provisional Orbegoso, obedeció al plan que, en consonancia con su decreto de guerra a muerte al invasor, se había trazado. Deseaba salir al encuentro del Presidente de Bolivia, General don Andrés de Santa Cruz, que, estimulado por Orbegoso, había entrado en territorio del Perú desde el 16 de Junio del propio año 35, a la cabeza de cinco mil soldados, y ocupado, sin más resistencia que la opuesta por el General Gamarra —casi ya de acuerdo con Salaverry este último— en la batalla de Yanacocha, realizada el 13 de Agosto, y por los departamentos de Cusco y Ayacucho.
Salaverry organizó en Bellavista, operosamente, un pequeño ejército, constante "de seis batallones de infantería, dos escuadrones de caballería y unas cuantas piezas de artillería" que sumaban "en todo como tres mil quinientos hombres" (94), y embarcó a casi toda la gente en la escuadra comandada por el Contralmirante D. Carlos García del Postigo.
En Lima había quedado gobernando un Consejo, presidido por el amigo de Fray Ramón, General Juan José Salas, e integrado con los señores Manuel Bartolomé Ferreiros y José Braulio del Camporredondo. El Jefe Supremo, el Secretario General Dr. Andrés Martínez y la caballería marcharon por tierra (95).
La llegada a Pisco fué el 6 de Octubre (96), y algo después —el 15— el Dictador estableció su campamento en Ica, para estudiar desde allí los movimientos de Santa Cruz y del segundo de éste, General Trinidad Morán, que operaba en Huancavelica. El 20 se emprendió la travesía "por sobre uno de los más difíciles pasos de la cordillera, por entre Ica y Ayacucho, y después de una asombrosa y peligrosa marcha en la época de las lluvias, la peor para ellos, llegó a Ayacucho, dos horas después que Morán lo había abandonado en precipitada fuga" (97).
Al advertir Salaverry que Santa Cruz se apartaba del Cusco, cambió su plan de campaña y dispuso que el ejército se dividiera en tres cuerpos, los que deberían reunirse en Arequipa, "Fernandini y Vivanco tomaron el camino, por sobre los cerros de Parinacochas, a Vítor; Salaverry, por la costa, a Pisco, para reforzarse con las tropas de Medina, mientras que una pequeña división, a órdenes del Coronel Porras, quedó en la sierra, observando los movimientos de Santa Cruz, y después debía unirse con el resto del ejército" (98).
Dos veces, pues, por lo menos, estuvo Salaverry en Ica el año 35, y se alojó en una de las mejores casas de la ciudad, la del comerciante iqueño don Francisco Oliva, situada en la calle hoy llamada de Ayacucho. Pero la familia Zorrilla puso a su disposición, también, su lujosa residencia, inmediata a la plaza principal, antigua propiedad de los marqueses de Torre Hermosa. Y fue allí en dónde la alta sociedad de Ica ofreció un gran sarao al Jefe Supremo y "según una crónica de Julio Senisse, el General, vestido con uniforme de gala, lucía (en la fiesta) un delicado ramillete de claveles en el costado izquierdo, prendido de la casaca gloriosa y dorada. Y a la madrugada remitió los claveles a Doña. Pepita Zorrilla, diciéndole: "Han estado sobre mi corazón; guárdelos" (99).
Pero lo que nos interesa es acoger la tradición en cuanto atañe al Padre Rojas. Según versiones, el Jefe Supremo, atraído por la reputación de santidad que ya auroleaba al insigne hijo de Guatemala, fué a visitar la fábrica que éste dirigía para el establecimiento de la Casa de Ejercicios. Según otras, Fray Ramón constituyóse en casa de las Zorrillas para saludar a Salaverry. Creemos que esta última versión es más admisible, ya que en Octubre de 1835 la obra de Jesús María estaba, posiblemente, en sólo cimientos. Pero fuera en un lugar o en el otro, lo que parece efectivo es que una vez más fraternizaron la espada y el incensario, y que entrambos —Dictador y Misionero— sostuvieron muy cordiales coloquios. Salaverry ofreció al Padre Rojas su apoyo, como testifícalo el decreto, ya reproducido en estas páginas, sobre edificación del cementerio (100), y sintióse poderosamente subyugado por las raras prendas del sabio y humilde descalzo.
Cuéntase —y ello es tradición por todos referida— que Fray Ramón le dijo a Salaverry cuando éste expúsole sus propósitos de atacar a Santa Cruz: "Vea, General. Un consejo voy a darle aunque Usted no lo pida. Espere Usted al enemigo... Deje Usted, que ya vendrán a atacarle por aquí... La victoria será fácil... Pero si Usted se obstina en mearchar al sur, saldrá perdido. Y yo, amigo suyo, lamentaré lo que con Usted vá a ocurrir. Aunque... sí, aún podré ver todo lo que se piensa hacer... y tal vez tenga tiempo, para antes de morir, contemplar el derrumbamiento de estas anomalías..." (101).
Por desdicha, el General Salaverry había pensado de distinto modo, y no era hombre que echaba pié atrás en sus resoluciones. Ya se sabe lo que sucedió después de la acción de Socabaya. Cumplióse al pié de la letra, el vaticinio de Fray Ramón.
Empero —ya lo dijimos—, Salaverry quedó prendadísimo de su grande amigo, y poco tiempo más tarde recibió el sapiente hijo del Seráfico de Asís estas dos comunicaciones, suscrita la primera en el Callao por el doctor Martínez, Secretario General de Salaverry, y la segunda en Pisco por el propio infortunado Dictador vencido en Socabaya:
"Secretaría General. — República Peruana. — Callao, Diciembre 1o. de 1835. — Al Reverendo Padre Fray Ramón Rojas. El Excelentísimo señor Jefe Supremo de la República, ha dirigido por mi órgano, en esta fecha, orden al Consejo de Gobierno para que V. P. sea presentado a S. S. para Obispo de Maynas, y para que se le haga pasar desde luego a encargarse de la Dirección y Gobierno de la Diócesis... Espero que V. P. mirará en la elección, no la voluntad del Gobierno, sino el mandato del Salvador que llama a V. P. a trabajar con celo en una parte de la Iglesia, tanto tiempo y con tanto daño abandonada. Soy de V. P. atento servidor. — Andrés Martínez".
"Reverendo Padre Fray Ramón Rojas. — Pisco, y Diciembre 5 de 1835. — Mi buen amigo: He nombrado a Ud. Obispo de Maynas, porque me intereso mucho en la reducción de aquellos infieles que viven y mueren sin haber gozado de los beneficios de nuestra Santa Religión... Dios mismo lo llama por mi boca... y en esta inteligencia excuse Ud. toda renuncia... En Lima facilitará a Ud. el Gobierno cuanto necesite... Deseo a Ud. todo acierto en su Episcopado, y que cuente en todas distancias con la estimación de su afecto. Salaverry" (102).
Dice Cora: "¡Qué contraste tan terrible para su profunda humildad! Pero hábil e ingenioso en hallar expedientes que eviten su exaltación, logrará echar de sí el peso que el Jefe Supremo de la República se prometía poner sus hombros, resuelto a llevar adelante los grandes proyectos que meditaba para bien de esta provincia, y que tenía puestas en las manos de Dios". (103).
Pero la verdad es que el despiadado fusilamiento de Salaverry, ocurrido el 18 de Febrero de 1836, libró al Padre Rojas de la pesada carga de la diócesis de Maynas, hoy de Chachapoyas (104), pues conocido el carácter imperioso del Dictador, no es aventurado admitir que el ilustre agonista franciscano había visto la precisión de aceptar la mitra, si Salaverry hubiese salido victorioso en la grave contienda.
Notas al pie de página:
(94).—Clements R. Markham: "Historia del Perú" (Lima, 1895), p. 209. Para mayores detalles: Manuel Bilbao: "Historia del General Salaverry, edición de Evaristo San Cristóval (Lima, 1936), cap. XI.
(95).—Bilbao: op. y cap. cits.
(96).—Bilbao: op. y cap. cits.
(97).—Markham: op. cit. p. 210.
(98).—Markham: la nota anterior.
(99).—"Salaverry en Ica", ya citada. Don Julio Senisse nos obsequió, en la ciudad de Ica, con el relato de la pintoresca anécdota.
(100).—Y, posiblemente también, el expedido en Ica el 16 de Octubre de 1835, que prohibió el reclutamiento en la provincia, documento que insertó Evaristo San Cristóval en el apéndice de su edición de la "Historia de Salaverry" por Bilbao, p. 381.
(101).—Véase "Una intuición del Padre Guatemala", en nuestro libro "Ropa Ligera". Lima (Editorial Rosay) 1927.
(102).—Véase la página V del apéndice que trae el folleto "Relación de las Solemnes Exequias con que la ciudad de Ica honró la memoria del M. R. P. Fray José Ramón Rojas de Jesús María / Misionero Apostólico / del Colegio de Propaganda Fide de Cristo / en la ciudad de Guatemala / Fundador y Director de la Santa Casa de Ejercicios de la misma ciudad de Ica, en el año de 1839" (Lima, 1898). — Esta edición la hizo el presbítero D. Narciso Román Batanero. En el apéndice, que contiene las notas de la oración fúnebre de Cora, figuran los dos documentos que damos en el texto de este capítulo, aun cuando, al parecer, no completo, como lo hacen suponer los puntos suspensivos.
(103).—Cora: op. cit.
(104).—Fué creada la Diócesis de misiones, u Obispado de Maynas, por la Real Cédula de 15 de Julio de 1802, y la Santa Sede aceptó su creación mediante decreto de erección de 28 de Mayo de 1803. Su primer Pastor fué el Dr. Fray Hipólito Sánchez Rangel, franciscano observante, quien posesionó de la mitra en virtud de otra Real Cédula, 7 de Octubre de 1805. Cuando iniciáronse en el Virreinato de Lima las vigorosas sacudidas que determinarían nuestra independencia, el Obispo Rangel, realista intransigente, se apartó de sus misiones, por el Amazonas, después de escribir una terrible pastoral contra "la escandalosa independencia" y las "gavillas de bandidos y bribones" que la propugnaban, y se dirigió a Europa. Acéfala quedó la diócesis, y en tiempos de Bolívar fueron designados nuevos prelados: para el Arzobispado de Lima, el Dr. Carlos Pedemonte; para el Obispado de Trujillo, el Dr. Francisco Javier de Echagüe; para el Obispado de Huamanga, el Dr. Manuel Fernández de Córdova y para el Obispado de Maynas, el Dr. Mariano del Parral. Una ley del Congreso Constituyente declaró sin efecto tales designaciones, y en 1831 el Presidente Orbegoso se limitó a presentar a Su Santidad a los Drs. Jorge Benavente y Tomás Diéguez, para las sedes, respectivamente, de Lima y de Trujillo, dejando vacantes las otras (V.: Pedro José Rada y Gamio: "El Arzobispo Goyeneche y Apuntes para la Historia del Perú", Roma 1917, cap. XX). En 1831 el Congreso agregó al Obispado de Maynas las provincias de Chachapoyas y Patás, y dispuso que en adelante el Obispado denominárase de Chachapoyas, modificaciones que aceptó el Papa Gregorio XVI. El transcurso de los años evidenció la conveniencia de dotar de prelado a la diócesis de misiones, y Salaverry se fijó en Fray José Ramón Rojas. No aceptada esa mitra por el ilustre religioso, la ocupó posteriormente el Dr. José María de Arriaga, "presbítero de la diócesis de Trujillo". (Vid.: "Reconstitution del Obispado de Maynas. Documentos oficiales, publicados por el Ministerio de Relaciones Exteriores", Lima 1913; la colección de documentos referentes a Loreto, publicada por Carlos Larrabure y Correa; "El Episcopado en los tiempos de la Emancipación sudamericana (1809-1830)" por Rubén Vargas Ugarte, S. J., Buenos Aires 1932; "La Emancipación Hispanoamericana en los informes episcopales a Pío VII" por Pedro Leturia, S. J., Buenos Aires 1935).
