viernes, 2 de octubre de 2026

El proceso de beatificación del Padre: Fray Ramón Rojas de Jesús María en Ica - Perú

 

El imborrable recuerdo del Padre Rojas. — Su fama por hechos extraordinarios que se le atribuyen. — El doctor don Mateo Tordoya. — La exhumación de los restos, realizada en 1870. — Iníciase, en 1871, el proceso de la beatificación. — ¿Por qué paralizóse éste? — Dos posibles gestores dinámicos de la beatificación anhelada.



El recuerdo de Fray Ramón se conserva en el Perú “como el grato perfume de las flores”. Las generaciones se suceden. Ya no existe sér viviente que le hubiese conocido; y sin embargo, su celebridad es considerable. De él se habla a menudo, y se le invoca; a él se le confían tribulaciones para que las despeje. En Ica, sobre todo, está Fray Ramón en todos los labios. Hasta las rústicas almas campesinas nos hablan del Padre Guatemala.

De su vida en este mundo se cuentan hechos prodigiosos. En varias publicaciones consígnanse, también, otros extraordinarios fenómenos observados a la hora de su muerte. Y refiérense sucesos que pasman de admiración, realizados despues de su tránsito a la inmortalidad (22).

Nosotros, que no hemos intentado, ciertamente, acometer un trabajo hagiográfico, hemos tenido la cautela de no mencionar sino algún que otro de esos hechos extranaturales, y dejamos que otras plumas los consignen en las páginas que constituirán el expediente que habrá de llevarse a Roma para obtener lo que es un anhelo público: la autorización, por la Silla Apostólica, para que José Ramón Rojas de Jesús María puda ser colocado en los altares de la cristiandad de nuestro credo.

22). — En nuestro próximo libro acerca del mismo Padre Guatemala, presentaremos gran acopio de aquellos hechos extraordinarios.

 

El proceso de la beatificación se inició formalmente (23) hace más de medio siglo. Quien tomó a cargo suyo tal tarea —en cumplimiento de un voto, según referencias (24)— fué el Dr. Mateo Tordoya, Asesor y Notario Mayor de la Curia Eclesiástica de Lima, y primo del célebre Obispo in partibus in fidelium, del mismo apellido.

Con fecha 9 de Noviembre de 1870, presentó un escrito al Arzobispado, y en él dijo: “tengo la firme persuasión de que el R. P. Rojas o Guatemala es reputado por un santo y por esto me animan los más mehementes deseos de que se inicie y siga a mi costa, si V. S. I. lo tiene a bien, el correspondiente proceso de santidad para su beatificación o canonización en Roma”; y solicitó licencia para efectuar la exhumación de los restos (25).
Concedida tal licencia por el Arzobispo Goyeneche, Tordoya constituyóse en Ica, y el 5 de Diciembre del mismo año, a la una del día, procedióse a levantar la lápida de marmol, tras de la cual se encontró una cubierta de ladrillo, y detrás de ésta a su vez, el sepulcro, lleno de arena. Retirada dicha arena, aparecieron fragmentos de la caja mortuoria, algunos huesos, las sandalias y parte del sayal. Proseguida la operación, se descubrió el resto del cadáver, al que faltábanle algunas piezas, como también una de las mangas, el cordón y la capilla del hábito, y así mismo el vestido interior. Comprobóse, de tal suerte, que la tumba había sido violada; y declaraciones hechas por don Jesús Romero, dieron a saber que una noche de 1861, el Capellán de Jesús María, D. José Sánchez Lescano y otras personas, clandestinamente habían exhumado el cadáver.

23). — De pocos bienaventurados puede decirse que, cierta, inobjetablemente, murieron en olor de santidad. Sincera fué, pues, la preocupación de caracterizados moradores de Ica, por que se iniciara el expediente para la beatificación de Rojas de Jesús María. En el archivo de la Arquidiócesis hay documentos que revelan esa preocupación. Verbigracia, con fecha 9 de Septiembre de 1847, el R. P. Guardián del Convento franciscano de San Antonio, Fray José Zepeda, y los señores José Boza, y Juan José Donayre, dirigiéronse al Arzobispado de Lima para pedir la designación de un funcionario que recibiese informaciones acerca de “la vida y costumbres del Reverendo Padre Fray Ramón Rojas de Jesús María, pues de lo contrario la muerte de los que sobrevivieron haría imposible la consecución de los datos”. Los señores Boza y Donayre eran síndicos procuradores. Días después, el 13 de Septiembre de 1847, el mismo Padre Zepeda en consonancia con la solicitud anterior, se dirigió al Arzobispado para pedir, si a bien lo tenía el Jefe de la Iglesia, la exhumación del cadáver del ilustre franciscano guatemalteco. Por cierto que Fray Zepeda incurrió, en ese segundo escrito, en un pequeño error, pues dice allí que Fray Ramón Rojas había fallecido el 23 de “Enero” de 1839. Posiblemente, poco o nada se hizo en la materia; y estamos seguros de que si alguna labor se realizó, esa labor no anduvo bien orientada y, por consiguiente, estériles fueron los resultados.

24). — Véase, en el Nº 128 de la revista “La Voz de San Jerónimo”, el sabroso artículo del Padre Perruquet (Cric), “El doctor don Mateo Tordoya y el Padre Rojas”.

25). — En el “Proceso canónico, etc.”, que en parte consultó el P. Perruquet, y uno de cuyos cuadernos nos fué posible meaminar.

 

Trasladáronse los restos a nueva caja, y suscribióse un acta, por las autoridades políticas y judiciales, el clero y vecinos distinguidos, acta que autorizaron el Notario D. Pedro Torres y los escribanos de estado D. José Isabel Pizarro y D. José Vergara (26). El 8 de Enero de 1871, por su parte, suscribieron otra acta los médicos que habían intervenido en la exhumación, doctores Juan M. de Ocampo, Manuel Paulette, José G. Huerto, M. Federico Ocampo, Ramón Quintana, Juan P. Cayo y Juan Silva.

El 15 de Febrero, Tordoya presentóse nuevamente al Arzobispado, rindió informe de su viaje, de la exhumación, de las exequias y demás funciones religiosas que había presidido, y pidió que se autorizase a los párrocos del Callao, Ica, Chincha y Pisco, para recibir declaraciones de las gentes sobre los portentos obrados por el Padre Rojas.

26). — Suscribieron el acta el Vicario don Anselmo Peña, el párroco de la Matriz don Mariano L. García, el cura de Luren don Mauricio Mayurí, el párroco de San Juan don Eugenio del Portal, el Guardián del Convento franciscano Fray Salvador Clivillé, los monjes franciscanos Fray Juan Codolosa, Fr. Cayetano Milteni, Fray Camilo Aymerich, Fray Rosario Piazza, Iluminato, y Andrés; el Padre Prior de San Agustín, Fray José Mercedes Rivera Rencón y los padres José Pérez, Antonio Chuecas y Mariano Barragán; el Capellán de Jesús María don Miguel Aralucea, el capellán del Beaterio del Socorro don Antonio Mendoza, el Prefecto don Pedro de la Haza, el Subprefecto don P. M. Paulette, el Gobernador Don Felipe Chacalaje, el Juez de Derecho don Manuel Andraca, el cajero fiscal don José Ríos, el abogado D. Manuel Antonio Boza, así como don Juan de Dios de la Quintana, don José S. Martínez, el Comandante don Manuel Robles, don Manuel Pablo Olaechea, don José León, don José Miguel Aguirre, don José Antonio de Olaechea, don Pedro Aizcorbe, don A. González del Valle, el abogado don José Rodolfo Romero y otros distinguidos vecinos de la ciudad.

 

Monseñor Sebastián de Goyeneche, Arzobispo de Lima, accedió al pedido, y se inició, así, el expediente de la beatificación, o “Proceso Canónico ad perpetuam de las virtudes, hechos heroicos y portentos operados en vida y muerte por el Rdo. Padre Misionero Descalzo, de la orden Franciscana de menores observantes, Fray José Ramón Rojas, natural de Guatemala, y fallecido en la ciudad de Ica (Perú) el 23 de Julio de 1839”.

El decreto arzobispal comisionó para actuar en Lima a Monseñor Pedro José Tordoya, Obispo de Tiberiópolis, y autorizó, como lo pidiera don Mateo, a los curas del Callao, Chincha, Pisco e Ica, para recibir las declaraciones.

El 18 de Febrero, el Obispo Tordoya, decretó que todas las declaraciones que iban a recibirse, se hicieran previo juramento; y así se iniciaron los trabajos en pró de la beatificación del eminente franciscano nacido en tierra de Centroamérica.

Bastante se avanzó en aquello de recibir declaraciones, tanto en Lima como en Chincha e Ica. Se formaron cuatro o cinco cuadernos. Estos fueron vistos en manos de Monseñor Dr. Jaime Tovar, por el franciscano R. P. Jaime Correger “ahora muchos años”, y es de suponerse que el Canónigo Tovar, los devolvió a la Curia Arzobispal. Empero, de sólo uno o dos de aquellos cuadernos hay noticia, pues obraban en poder por compra, del malogrado Dr. Jenaro E. Herrera, quien se sirvió franquearnos en 1933, por breves horas, uno de ellos. Los demás, posiblemente pasaron también a manos de particulares, sin que sepamos quiénes son los poseedores.

Lo cierto es que el trámite del proceso de beatificación del Padre, se paralizó desde el año 1898.
Hoy actúa en cargo prominente de su religión uno de los cultores insignes de la memoria del Padre Guatemala: el P. Cipriano Casimir, antiguo Capellán de Jesús María de Ica. Y es de desearse que los llamados a hacerlo, por investir personería de institución autorizada, se esfuercen por rescatar aquellos cuadernos, pues son documentos preciosos que contienen relatos abonados por las firmas auténticas de personas que conocieron en vida al Padre Guatemala, y que del ejemplar asceta recibieron positivos beneficios. En tales cuadernos, que no alcanzamos a explicarnos cómo pudieron pasar a manos de particulares, se narran muchísimos hechos, ciertamente portentosos, que llegó a leer el malogrado Carlos Prince y que deberán ser compulsados en el Vaticano a fin de dar el veredicto final.

Humanamente sería imposible rehacer lo que en tales hojas —ejemplares únicos— fué consignándose por gente de condición social varia, tanto de Ica, Pisco y Chincha, como de Lima y el Callao. El esfuerzo a que invitamos, necesaria e indispensablemente hay que hacerlo; y si la persuasión no fuere bastante, pues para ello tenemos la administración de justicia.

Y el rescate a que aludimos, urge. En la ciudad de Roma el R. P. Casimir es hoy el Superior General de los Canónigos Regulares de la Inmaculada Concepción, y segurísimos estamos de que secundará los trabajos que lleguen a hacerse en favor de la beatificación del prominente franciscano, “Apóstol de Ica” por decisión plebiscitaria (27).

27). — Mucho se ha hablado, ya desde hace un siglo, sobre todo en Ica, acerca de la beatificación y hasta santificación del Padre Guatemala. Pero todo es, en resumidas cuentas, una mera aspiración de las gentes. Nadie orienta al pueblo acerca del procedimiento que debe seguirse para que en Roma se conozcan las portentosas virtudes del glorioso siervo de Dios. De allí que se haya pensado hasta en levantarle una capilla, pero no en reunir fondos para el rescate de los documentos consignados en los cuadernos robados del “Proceso” que se inició en 1871 gracias al celo de Tordoya. Y fué tanto el vocerío levantado en torno a la santidad del ilustre franciscano de Quezaltenango, que hasta Guatemala llegaron —y muy temprano— erróneas noticias acerca de la inteligente actividad de los fieles del Perú. Así, en el periódico “El Tambor”, número 2, de la capital guatemalteca, el 3 de Junio de 1843, se publicó el suelto que sigue: “Diana. — Tenemos la más grata complacencia de anunciar al público católico de la República, que un Padre contemporáneo nuestro entre poco tiempo será incluído por la Iglesia en el catálogo de sus bienaventurados. Datada en Cartago a 19 de Abril de este año, hemos visto una carta dirigida a un Religioso del Convento de propaganda fide de esta ciudad, que contiene la noticia siguiente: 'En papeles públicos del Perú se anuncia la pronta canonización del Padre Fray Ramón Rojas'. Guatemala, pues, celebrará la Beatificación de un hijo suyo: de un virtuoso Guatemalteco, Religioso de este Convento, que hallándose propagando la fé en el Estado de Nicaragua, lo deportó vilmente a la América del Sur la mano atroz de la revolución. Los periódicos de otras naciones han publicado las virtudes del R. P. Fr. Ramón Rojas: nosotros nos abstenemos de hacerlo: existen dos hermanos de él entre nosotros, que apreciamos. Esto basta a nuestra escusa”. El amigo que nos envió el recorte en 1938, comentó: “No deja de desanimarme la noticia publicada en 'El Tambor', pues hace 95 años que nuestros abuelos tenían la misma esperanza que abrigamos nosotros, lo la canonización del Padre Guatemala”.

 

Y ya que hablamos de trabajos en pró de la beatificación del Padre Guatemala, no es por demás repetir lo que Fray Alberto Gridilla, en su pequeño libro destinado a bosquejar, a grandes pinceladas, la figura de Fray Ramón, dijo:
“... se necesita dinero. Si en la alcancía del Pocito, no obstante haber sido robada por los amantes de lo ajeno más que del Padre Rojas, se han podido reunir unos 2,300 soles, y ésto sin control, para levantar allí una capilla; si en el cepillo que siempre ha existido en la puerta de la Iglesia de Jesús María se han recogido en estos últimos años más de 14,000 para la reparación de ese templo, tumba del santo misionero, ¡cuánto no se habría recogido si desde un principio se hubieran destinado esas limosnas a procurar su beatificación! Estoy seguro que, aún hoy día, si se pide una limosna con ese fin, no habrá una sola persona en Ica y sus alrededores, que no se preste a contribuir con su óbolo para conseguir la glorificación del Padre Guatemala. Terminaré con las palabras que el Padre Perruquet escribía desde Roma: 'Creen en Ica, que aquí la cosa está muy adelantada, y en Roma no se sabe nada del asunto'. En Roma ni saben quién es Fray Ramón, y no lo saben porque nada ha llegado hasta allí; y no ha llegado, por que nada definitivo se ha hecho en Lima; y no se ha hecho, porque el proceso no se sostiene con Memoriales ni con firmas, no obstante los prodigios del Padre Guatemala, más que suficientes no sólo para ser beatificado sino para ser canonizado. Nuestra Seráfica Orden no ha intervenido hasta ahora. Lo del Padre Rojas es cosa nuestra. Si nosotros no nos interesamos, ¿quién se interesará?....”

Pero no tan sólo la Seráfica Orden — agregaremos —; se deben interesar todo el clero peruano y todo peruano. El Perú, pródigo en flores de santidad, contará muy en breve, si sabemos esforzarnos, con otro celestial patrono que vendría a acrecer la constelación que forman Santo Toribio y Santa Rosa, San Francisco Solano y los beatos Fray Juan Macías y Fray Martín de Porres.

No hay, en todo el nuevo mundo, país tan colmado de glorias del cielo.

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